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de las ven­tas son del área de ser­vi­cio de co­mi­das y be­bi­das.

Des­pués de con­ven­cer a sus pro­pie­ta­rios a ven­der, hu­bo un trá­mi­te lar­go en la Cu­ra­du­ría Pri­me­ra de Ba­rran­qui­lla y la Se­cre­ta­ría de Pla­nea­ción, por­que el lo­te te­nía dos ti­pos de uso. La cons­truc­to­ra Cer­tain, an­ti­gua pro­pie­ta­ria, iba a le­van­tar uni­da­des ha­bi­ta­cio­na­les, don­de an­tes fun­cio­na­ron unos ta­lle­res de la em­pre­sa de trans­por­te Sán­chez. La ne­go­cia­ción se ce­rró por $506 mi­llo­nes en 2003. Fue­ron tres años pa­ra es­truc­tu­rar el pro­yec­to que por su gran­de­za y trá­mi­tes lle­vó a desis­tir a An­to­nio Aya­la.

Jai­me Cor­zo cuen­ta que bus­có nue­vos in­ver­sio­nis­tas y a tra­vés de sus ami­gos Ma­nuel Rue­da, Gon­za­lo Díaz y Ri­car­do Díaz los en­con­tró pa­ra arran­car en ju­nio de 2004 la cons­truc­ción y ga­ran­ti­zar aca­ba­dos y la es­truc­tu­ra. La aper­tu­ra se dio el 5 de mar­zo de 2005 con un 70% de las obras del pro­yec­to.

Las Ve­gas Re­crea­ción Club abrió des­pués del Car­na­val de 2005 y la in­ver­sión en obras se es­ti­mó en unos $400 mi­llo­nes. El su­ce­so lle­vó a que to­do lo que se pre­pa­ra­ba se ven­día. La for­ta­le­za del ser­vi­cio, la aten­ción, la co­mi­da san­tan­de­rea­na, los pre­cios y los es­pa­cios des­ti­na­dos, apa­lan­ca­ron el ne­go­cio. Des­de 2009 han cre­ci­do en las áreas de res­tau­ran­te, show en vi­vo, ca­sino, áreas hú­me­das y sa­lón pa­ra even­tos. Las am­plia­cio­nes en 3 cuar­tos fríos y pis­ci­na se die­ron a par­tir de otra va­ria­ble de la ad­mi­nis­tra­ción: 60% y 70% de las uti­li­da­des son in­ver­ti­das. Ade­más la ren­ta­bi­li­dad la ob­tie­nen por la venta en vo­lú­me­nes que mi­den con el me­nú.

Es abun­dan­te, eco­nó­mi­co y de bue­na ca­li­dad, ad­mi­ten sus an­fi­trio­nes y tra­ba­ja­do­res de co­ci­na. “Las Ve­gas es como mi hi­jo. Lo he vis­to cre­cer des­de su aper­tu­ra. Es agra­da­ble ve­nir a tra­ba­jar. Y aquí no hay día ma­lo en ven­tas”, afir­ma Francisco Arrie­ta, me­se­ro.

Las com­pras son cla­ve pa­ra los más de 100 pla­tos que ofre­cen y fi­de­li­zan clien­tes día a día. La es­tra­te­gia es pa­gar un po­co más por un pro­duc­to de ca­li­dad. “Soy exi­gen­te en eso en las car­nes de pri­me­ra. Re­vi­so las ver­du­ras, por ejem­plo, y si no cum­plen el re­qui­si­to, lla­mo al pro­vee­dor y la de­vuel­vo en se­gui­da”, ad­mi­te Jai­me Cor­zo.

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