HERNÁN ZAJAR SE INS­PI­RA EN LO ME­JOR DE SU TIERRA, MOM­POX

Con­ti­nuan­do con su le­ga­do y tra­di­ción, el di­se­ña­dor co­lom­biano creó una co­lec­ción en la que su ciu­dad na­tal, Mom­pox, pro­ta­go­ni­za sus crea­cio­nes

Publimetro Medellin - - Portada - MONICA GARZÓN monica.gar­zon@publimetro.co

“En Co­lom­bia so­mos afor­tu­na­dos al te­ner mu­cha cul­tu­ra y gra­cias a esa fuen­te de ins­pi­ra­ción no ne­ce­si­ta­mos co­piar­le a na­die, es al­go ma­ra­vi­llo­so”

La sex­ta edi­ción del Fes­ti­val de Jazz de Mom­pox con­tó con un com­po­nen­te es­pe­cial. En es­ta opor­tu­ni­dad, el di­se­ña­dor mom­po­sino Hernán Zajar lan­zó su co­lec­ción Má­gi­co Mom­pox, ins­pi­ra­da en la em­ble­má­ti­ca igle­sia de San Fran­cis­co, las no­tas y los ins­tru­men­tos mu­si­ca­les de es­te gé­ne­ro y el art dé­co de los años trein­ta y cin­cuen­ta.

La co­lec­ción, ca­rac­te­ri­za­da por su es­ti­lo ale­gre, co­lo­ri­do y ver­sá­til, mos­tró una ex­plo­sión de co­lo­res vi­vos, con de­ta­lles y es­tam­pa­dos en las te­las, que re­sal­ta­ban la sen­sua­li­dad de la mu­jer de la épo­ca. Ade­más, se­das, ma­llas, te­ji­dos, ac­ce­so­rios en pal­ma de ira­ca y jo­yas en la tra­di­cio­nal fi­li­gra­na mom­po­si­na fue­ron los en­car­ga­dos de ador­nar ves­ti­dos de no­che, cor­sés, fal­das y pan­ta­lo­nes con es­tam­pa­dos que com­bi­na­ron tres com­po­nen­tes: mo­da, ar­qui­tec­tu­ra y mú­si­ca.

La pla­za de San Fran­cis­co se trans­for­mó en una gran pa­sa­re­la, am­bien­ta­da con la mú­si­ca de Jazz and Jam de la Ins­ti­tu­ción Uni­ver­si­ta­ria de Ar­tes y Cien­cias de Bo­lí­var, in­ter­pre­ta­da por Esteban Nieto.

“Mom­pox siem­pre me ha ins­pi­ra­do, es­ta es la se­gun­da crea­ción que desa­rro­llo en ho­nor de mi ciu­dad na­tal”, afir­mó Zajar en en­tre­vis­ta con PUBLIMETRO y nos con­tó so­bre su tra­ba­jo en es­ta co­lec­ción, la ins­pi­ra­ción y la ma­gia de Mom­pox.

¿A qué le de­be su ma­gia?

Es­te es un pri­vi­le­gio que Dios me ha da­do y le doy gra­cias a mi ma­dre por ha­ber­me per­mi­ti­do na­cer en es­ta tierra. Por otro la­do, desde muy ni­ño me lle­va­ron a Car­ta­ge­na, otra ciu­dad que tu­vo mu­cho que ver con mi ma­gia, con to­do es­to que se ha im­preg­na­do y me ha da­do la fa­ci­li­dad de que las co­sas me flu­yan en el área crea­ti­va.

Yo creo que ha­ber ca­mi­na­do por es­tos co­rre­do­res, ha­ber apren­di­do a nadar en el río Mag­da­le­na y que, ade­más, me ha­yan da­do to­da la edu­ca­ción con una do­sis de ma­gia, ha­ce que sea la per­so­na que soy. Desde muy pe­que­ño siem­pre he te­ni­do ese po­der, in­ter­pre­to y veo las co­sas de for­ma di­fe­ren­te. Cuando era muy jo­ven ha­cía las co­sas dis­tin­to a los com­pa­ñe­ros de mi edad, así que es­to es al­go con lo que se na­ce. Real­men­te, si yo cuen­to con di­cha ma­gia, en de­fi­ni­ti­va, es por­que na­cí aquí, en Mom­pox.

Há­ble­nos de su co­lec­ción Má­gi­co Mom­pox

Pa­ra mí, Mom­pox ha si­do, mu­chas ve­ces, es­ce­na­rio de ins­pi­ra­ción. Las ideas me vie­nen de ca­sas, ca­lles, re­jas, ve­ge­ta­ción. Sin em­bar­go, es­ta vez le hi­ce un ho­me­na­je a la sex­ta edi­ción del Fes­ti­val de Jazz. El hi­lo con­duc­tor fue la ar­qui­tec­tu­ra de la igle­sia San Fran­cis­co y, a rit­mo de jazz, em­pe­za­ron a fluir los bo­ce­tos, mien­tras di­bu­ja­ba y cor­ta­ba los trazos, el son­so­ne­te, el so­ni­do de las te­clas de un piano y del sa­xo­fón crea­ron la at­mós­fe­ra per­fec­ta, que fi­nal­men­te me lle­vó a ha­cer la co­lec­ción.

Ade­más, te­ner en pa­sa­re­la 30 mú­si­cos en vivo, la voz de Esteban Nieto, un jo­ven bo­li­va­ren­se, y ha­cer es­to en mi tierra, me hi­zo sen­tir más mom­po­sino que nun­ca, y eso se re­fle­ja en mis di­se­ños.

¿Cuán­tos di­se­ños creó?

Fue­ron 40 sa­li­das y un per­for­man­ce. Hi­ce un show de mo­da pa­ra que los asis­ten­tes se ex­ta­sia­ran vien­do ca­da di­se­ño, ca­da pren­da. Me­jor di­cho, fue al­go inol­vi­da­ble pa­ra mi pue­blo.

¿Cuán­to tiem­po le lle­vó ha­cer la co­lec­ción?

Lo pri­me­ro que de­bo re­sal­tar es que aca­bé la co­lec­ción Pa­len­que­ras en Car­ta­ge­na fi­na­li­zan­do el año pa­sa­do y en­se­gui­da me pu­se a pen­sar qué ven­dría. Jus­to en ese mo­men­to lle­gó la in­vi­ta­ción pa­ra es­te fes­ti­val y ha­ce seis me­ses co­men­zó el tra­ba­jo. Yo siem­pre ten­go un la­bo­ra­to­rio que fun­cio­na co­mo si sa­ca­ran cu­be­tas con mi ADN, lo que ha­go es que pon­go el te­ma y ahí lo em­pie­zo a desa­rro­llar con el equi­po.

Pa­ra es­te ca­so ya te­nía al­go pen­sa­do, que­ría que fue­ra un ho­me­na­je al jazz, vi la igle­sia y co­mo nun­ca me ha­bía ins­pi­ra­do en ella, co­men­cé a di­se­ñar.

El es­tam­pa­do di­gi­tal que vi­mos es la ar­qui­tec­tu­ra de la igle­sia, y el tra­ba­jo de la fi­li­gra­na y los ac­ce­so­rios fue­ron ela­bo­ra­dos por ma­dres ca­be­za de fa­mi­lia de la re­gión. Ade­más, con la pal­ma de ira­ca lo­gra­mos re­crear la igle­sia co­mo car­te­ra pa­ra usar de no­che. Por su par­te, las in­ter­nas de la cár­cel tam­bién co­la­bo­ra­ron con las cú­pu­las de las igle­sias que lle­va­ban las car­te­ras, la par­te de la fi­li­gra­na la tra­ba­jé con cua­tro jo­ye­ros que han si­do mis es­tre­llas desde muy jóvenes y es­ta vez tam­bién hi­cie­ron par­te de mi co­lec­ción.

¿Có­mo na­ció la mez­cla de los co­lo­res?

Es­to em­pe­zó con el co­lor del río, ese bra­zo del Mag­da­le­na que se vol­vió do­ra­do, ese que pa­re­ce que fue­ra agua tur­bia, ese río don­de yo na­cí. Lue­go em­pe­cé a ha­cer unas com­bi­na­cio­nes de ese tono con el vi­no­tin­to de la igle­sia, des­pués com­pu­se co­lo­res co­mo el del sa­xo­fón, el del car­tel del even­to, que es ver­de, azul, ama­ri­llo, na­ran­ja, ro­jo y ju­gué con to­do eso.

Del río que se vol­vió do­ra­do le pu­se pla­tea­do, y em­pe­cé a mez­clar los co­lo­res pri­ma­rios y ob­tu­ve ver­de, na­ran­ja, ro­jo, to­dos me­ta­li­za­dos y se creó la pa­le­ta de co­lor.

So­bre las te­las…

Cuando es­tu­vie­ron los bo­ce­tos a mano, al rit­mo del sa­xo­fón y el piano, sen­tí que las te­las te­nían que vo­lar, en­ton­ces bus­qué ma­te­ria­les li­via­nos, que ca­mi­na­ran, ha­bla­ran e hi­cie­ran la on­da de las le­tras, la mú­si­ca y el círcu­lo del sa­xo­fón. Así se fue crean­do es­ta his­to­ria.

¿Qué ti­po de mu­jer vis­te Hernán Zajar?

Una mu­jer mo­der­na, jo­ven, in­te­li­gen­te, que tra­ba­ja y ‘tie­ne mun­do’. Pa­ra mí ese es el ti­po de mu­jer exi­to­sa, bo­ni­ta, que quie­re siem­pre ver­se fe­me­ni­na. Una mu­jer a la que no le im­por­ta el cli­ma, que así es­té en el lu­gar más ca­lien­te del mun­do, se ve gua­pa.

¿Qué opi­na de la mo­da co­lom­bia­na?

Gra­cias a la ta­rea que he­mos he­cho con mis co­le­gas ya po­de­mos de­cir que en Co­lom­bia hay mo­da, que ya es­ta­mos en el ma­pa de la mo­da mun­dial.

Ya no es so­lo Nue­va York, Pa­rís o Lon­dres, Co­lom­bia ya ha­ce pre­sen­cia en to­das las fe­rias del mun­do.

|COR­TE­SÍA

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