Mau­ru­cio Ba­yo­na

¿Pue­de eso ser po­si­ble? Los ba­rran­qui­lle­ros creen que sí. Hay un nue­vo áni­mo en La Are­no­sa. El di­rec­tor de ‘El He­ral­do’, Mar­co Sch­wartz, le res­pon­de esa y otras pre­gun­tas al di­rec­tor de Es­pe­cia­les Re­gio­na­les de SE­MA­NA, Mau­ri­cio Ba­yo­na.

Semana (Colombia) - Especial - - Contenido -

El di­rec­tor de es­ta re­vis­ta tu­vo una con­ver­sa­ción crí­ti­ca y muy pro­fun­da con Mar­co Sch­wartz, el di­rec­tor de El He­ral­do.

En sep­tiem­bre de 2013 el pe­rio­dis­ta y es­cri­tor Mar­co Sch­wartz (Ba­rran­qui­lla, 1956) to­mó las rien­das del dia­rio El He­ral­do, el más in­flu­yen­te de la cos­ta Ca­ri­be. No lle­gó a es­te car­go por ca­sua­li­dad. Des­de 1982 ha­bía si­do un in­quie­to re­por­te­ro en las ca­lles de La Are­no­sa, uno de esos que hoy tan­to ex­tra­ñan los dia­rios, de aque­llos que ven y en­tien­den las no­ti­cias fue­ra de la sa­la de redacción, cer­ca de la reali­dad y le­jos de la co­mo­di­dad de in­ter­net.

Sch­wartz tie­ne en sus ve­nas le­tras y cró­ni­cas. Su ex­pe­rien­cia se re­fle­ja en el evi­den­te gi­ro que le ha da­do a

El He­ral­do en los úl­ti­mos años. Hoy es un pe­rió­di­co más di­ná­mi­co, au­daz, creí­ble y, so­bre to­do, más de­di­ca­do a la in­ves­ti­ga­ción y sin te­mor a ser crí­ti­co.

Es­te in­ge­nie­ro ci­vil de la Uni­ver­si­dad del Nor­te, au­tor de la no­ve­la El sal­mo de Ka­plan (2005), vi­vió en Es­pa­ña du­ran­te ca­si 30 años. Ahí tra­ba­jó en im­por­tan­tes

me­dios co­mo Cam­bio 16, El Pe­rió­di­co de Ca­ta­lun­ya y la Ca­de­na SER, en­tre otros. Con to­da esa ex­pe­rien­cia ad­qui­ri­da re­gre­só a Co­lom­bia y po­co des­pués se pu­so al fren­te del his­tó­ri­co dia­rio ca­ri­be­ño, que cum­ple 85 años.

Na­die me­jor que Sch­wartz, un hom­bre que di­ce lo que pien­sa –sin con­ce­sio­nes po­lí­ti­cas–, pa­ra ha­blar so­bre es­ta nue­va Ba­rran­qui­lla, des­ta­car sus avances y sus va­cíos, re­vi­sar la la­bor de su cla­se po­lí­ti­ca en ca­be­za de Alex Char; ha­blar de lo que fue, de lo que es y de lo que vie­ne pa­ra la Puer­ta de Oro de Co­lom­bia. MAU­RI­CIO BA­YO­NA: ¿Cuál es ese cam­bio, bueno, re­gu­lar o ma­lo que ha vis­to en los úl­ti­mos diez años en Ba­rran­qui­lla?

MAR­CO SCH­WARTZ: Bueno, pri­me­ro quie­ro re­cor­dar­le que yo vi­ví en Es­pa­ña du­ran­te ca­si 30 años, es­tu­ve le­jos, y de­jé es­ta ciudad en una de sus peo­res épo­cas, cuan­do la co­rrup­ción es­ta­ba en su mo­men­to más ál­gi­do. Pa­sa­ban co­sas ho­rri­bles, co­mo la muer­te por gas­tro­en­te­ri­tis de de­ce­nas de ni­ños. Y uno co­mo pe­rio­dis­ta in­ves­ti­ga­ba y en­con-

Lo me­jor de Ba­rran­qui­lla, in­sis­to, es la sen­sa­ción que tie­ne la gen­te de vi­vir en una ciudad pu­jan­te que pue­de lo­grar lo que se pro­po­ne”.

tra­ba que se ha­bían ro­ba­do la pla­ta de los pro­duc­tos quí­mi­cos, del alum­bre, del clo­ro, y por eso mo­rían los me­no­res. Los go­bier­nos lo­ca­les anun­cia­ban nue­vas ca­lles, que nun­ca se ha­cían, pe­ro se las co­bra­ban a los ciu­da­da­nos. ¡Ca­lles fan­tas­mas! To­do era un desas­tre, en aquel con­tex­to me mar­ché. Pe­ro, tu­ve la for­tu­na de que me lla­ma­ran pa­ra dirigir El He­ral­do y me re­en­con­tré con una ciudad dis­tin­ta, con otra men­ta­li­dad. M.B.: ¿Cuál es esa otra men­ta­li­dad?

M.S.: No­té un ma­yor op­ti­mis­mo y una sa­tis­fac­ción de vi­vir acá. En­con­tré una ad­mi­nis­tra­ción más efi­caz. Me lla­mó mu­cho la aten­ción su apues­ta por la sa­lud y la edu­ca­ción. Me pa­re­cía men­ti­ra ir a clí­ni­cas en don­de se aten­día a los pa­cien­tes; o ver guar­de­rías don­de las mu­je­res po­dían de­jar a sus hi­jos mien­tras iban a tra­ba­jar. Eso me sor­pren­dió. Cuan­do de­jé Ba­rran­qui­lla, en los años ochen­ta, ha­bía una de­cep­ción ge­ne­ral, de­s­es­pe­ran­za, que es la peor en­fer­me­dad que pue­de te­ner una so­cie­dad. Aho­ra no­to otro ti­po de ac­ti­tud en los ciu­da­da­nos, hay más con­fian­za y ga­nas de avan­zar.

M.B.: ¿Por qué vol­vió a ser al­cal­de Ale­jan­dro Char?

M.S.: Se pue­de ana­li­zar des­de mu­chos pun­tos de vis­ta. Al­gu­nos di­cen que él tie­ne una ma­qui­na­ria muy po­de­ro­sa. Es­to es cier­to, pe­ro no lo ex­pli­ca to­do. No voy a juz­gar lo que ha ocu­rri­do, pe­ro sí hay una per­cep­ción ge­ne­ral de que la ciudad ha ido ha­cia ade­lan­te ba­jo la ad­mi­nis­tra­ción de Char. El al­cal­de tie­ne una po­pu­la­ri­dad des­me­di­da. M.B.: ¿Esa ‘po­pu­la­ri­dad des­me­di­da’ es al­go ne­ga­ti­vo o po­si­ti­vo? M.S.: Ni lo uno ni lo otro. Esa po­pu­la­ri­dad la mi­den las en­cues­tas, se per­ci­be en las opi­nio­nes de la gen­te, in­clu­so de sus crí­ti­cos. Sí creo que ha si­do un al­cal­de atí­pi­co en es­ta ciudad. M.B.: ¿Por qué atí­pi­co? M.S.: Por su es­ti­lo, que se re­fle­ja has­ta en su in­du­men­ta­ria. En El He­ral­do he­mos es­cri­to so­bre su fa­mo­sa ca­chu­cha, y esa elec­ción de ir en jeans y tenis. Char es­tá me­ti­do to­do el día en los ba­rrios po­pu­la­res. Yo no quie­ro so­nar un ha­gió­gra­fo del al­cal­de, pe­ro sim­ple­men­te cons­ta­to que su li­de­raz­go es muy singular, que ha co­nec­ta­do con mu­chí­si­ma

gen­te. Al­gu­nos di­cen que to­do es­to es­tá fa­bri­ca­do por­que tie­ne mu­cha pla­ta. M.B.: ¿Y qué pien­sa de eso? M.S.: Mi­re, yo he co­no­ci­do gen­te que tie­ne mu­chí­si­ma pla­ta y nun­ca ha te­ni­do es­te ti­po de co­ne­xión con la gen­te. Creo que un buen es­cri­tor ten­dría un ex­ce­len­te ma­te­rial pa­ra ha­cer un aná­li­sis desapa­sio­na­do de lo que ha si­do el li­de­raz­go de Alex Char. M.B.: ¿Por qué Ba­rran­qui­lla dio un sal­to tan gran­de, con res­pec­to a Car­ta­ge­na y a Santa Marta, en ma­te­ria po­lí­ti­ca? M.S.: Por­que en los úl­ti­mos años ha te­ni­do unas ad­mi­nis­tra­cio­nes efi­ca­ces. Pe­ro no es so­lo eso, hoy no­to al­go im­por­tan­te: el or­gu­llo de es­tar en Ba­rran­qui­lla, de ser ba­rran­qui­lle­ro y de sen­tir que la ciudad re­cu­pe­ra al­go que per­dió ha­ce mu­chos años. M.B.: ¿Qué tan­to ha­bía per­di­do Ba­rran­qui­lla?

M.S.: Los ba­rran­qui­lle­ros so­mos muy nos­tál­gi­cos. La ciudad tu­vo una épo­ca do­ra­da en­tre las dé­ca­das de los vein­te y los cin­cuen­ta. Se ha­bla de la Ba­rran­qui­lla de los inmigrantes, de su men­te abier­ta, de un puerto cos­mo­po­li­ta, muy in­dus­tria­li­za­do, por el que en­tra­ron to­das las no­ve­da­des al país, des­de las tec­no­ló­gi­cas has­ta las cul­tu­ra­les. To­do se vino aba­jo en los años se­ten­ta y ochen­ta, pe­ro se ha ve­ni­do re­cu­pe­ran­do aho­ra. Sin em­bar­go, la ciudad se en­fren­ta a mu­chos desafíos de los que tam­bién ha­bría que ha­blar. M.B.: ¿Qué es lo me­jor de la Ba­rran­qui­lla de hoy y qué fal­ta por ha­cer? M.S.: Lo me­jor, in­sis­to, es eso que veo en las en­cues­tas y que per­ci­bo en la ca­lle, la sen­sa­ción que tie­ne la gen­te de vi­vir en una ciudad pu­jan­te con pro­yec­ción de fu­tu­ro. En un pri­mer mo­men­to, cuan­do lle­gué de Es­pa­ña, veía to­do es­to con cier­ta des­con­fian­za. Pe­ro yo, que ve­nía de Ma­drid, don­de abun­da­ba el pe­si­mis­mo des­pués de la cri­sis eco­nó­mi­ca, em­pe­cé a va­lo­rar ese

ai­re de op­ti­mis­mo ge­ne­ra­li­za­do; que, ha­bría que de­cir­lo, a ve­ces pue­de ser exa­ge­ra­do por­que Ba­rran­qui­lla no es la ciudad per­fec­ta. Le fal­ta mu­chí­si­mo pa­ra ser una ca­pi­tal equi­li­bra­da, jus­ta, con ser­vi­cios ple­nos, pe­ro hoy se vi­ve me­jor en ella, en mu­chos as­pec­tos. M.B.: ¿Le gus­ta­ron los XXIII Juegos Cen­troa­me­ri­ca­nos y del Ca­ri­be y lo que le de­ja­ron a la ciudad? M.S.: Fue­ron in­tere­san­tí­si­mos y bue­ní­si­mos pa­ra la ciudad. Yo era de los es­cép­ti­cos, me sor­pren­dió que ter­mi­na­ran las obras, tra­ba­ja­ron con­tra­rre­loj y cum­plie­ron, eso hay que re­co­no­cer­lo. M.B.: ¿Sin im­por­tar la in­ver­sión tan al­ta, cer­ca­na a los 350.000 mi­llo­nes de pe­sos?

M.S.: Yo creo que no. Aquí en El He­ral­do hi­ci­mos una ter­tu­lia en la que par­ti­ci­pó el al­cal­de, que vino a con­tar­nos los pla­nes pa­ra apro­ve­char esa in­fra­es­truc­tu­ra que que­da­ría des­pués de los juegos. Las obras, bien­ve­ni­das, pe­ro de­be ha­ber una po­lí­ti­ca pa­ra es­ti­mu­lar el de­por­te y la edu­ca­ción, y evi­tar que esos es­ce­na­rios se con­vier­tan en ele­fan­tes blan­cos. Pe­ro, te­ner ese ti­po de es­ta­dios, co­mo el de béis­bol, es una ma­ra­vi­lla. M.B.: ¿Qué de­be me­jo­rar en Ba­rran­qui­lla? M.S.: El em­pleo, por ejem­plo. Ca­da vez que sa­le una en­cues­ta so­bre el te­ma en el país, la cos­ta Ca­ri­be y sus ciu­da­des mar­can un me­nor ín­di­ce de des­em­pleo, al­re­de­dor del 7 por cien­to, cuan­do la me­dia del país es del 11. De­sa­for­tu­na­da­men­te, de­ba­jo de es­te buen resultado se es­con­de mu­cha in­for­ma­li­dad la­bo­ral. M.B.: Que es un mal de es­te país… M.S.: La in­for­ma­li­dad im­pi­de crear pro­yec­tos de vida y di­fi­cul­ta el re­cau­do de im­pues­tos. Ese es uno de los pro­ble­mas del Dis­tri­to. M.B.: ¿En que más de­be me­jo­rar la ciudad?

M.S.: En su mo­vi­li­dad. Hoy el trá­fi­co es­tá im­po­si­ble, nos han di­cho que por las obras que es­tán rea­li­zan­do. Ha­brá que es­pe­rar a que se ter­mi­nen pa­ra ha­cer un ba­lan­ce del te­ma. Re­cuer­do que en Ma­drid to­do el mun­do mal­de­cía al al­cal­de Al­ber­to Ruiz-ga­llar­dón, del Par­ti­do Po­pu­lar, por­que en su ad­mi­nis­tra­ción co­men­za­ron a cons­truir los tú­ne­les pa­ra desatas­car la ciudad y, cla­ro, es­tos tra­ba­jos pro­vo­ca­ron co­lap­sos. Ha­bía hue­cos por to­das par­tes, tan­to que un día el co­me­dian­te es­ta­dou­ni­den­se Mel Brooks, po­co an­tes de ir­se de Ma­drid, di­jo: “Bueno, es­pe­ro vol­ver cuan­do

en­cuen­tren el te­so­ro”. Hoy cru­zar la ca­pi­tal es­pa­ño­la por esos tú­ne­les es ma­ra­vi­llo­so. Quie­nes mal­de­cían a Ga­llar­dón aho­ra le agra­de­cen. Aquí es­ta­mos en esa pri­me­ra eta­pa, la de en­con­trar el te­so­ro. M.B.: La fal­ta de se­gu­ri­dad, de­be ser otro pro­ble­ma… M.S.: Sin du­da, la in­se­gu­ri­dad... la cri­mi­na­li­dad, la de­lin­cuen­cia, son te­mas en los que ha­brá que tra­ba­jar mu­cho. M.B.: ¿Con­vie­ne esa ro­ta­ción del po­der? Me ex­pli­co,

“Cuan­do de­jé Ba­rran­qui­lla en los ochen­ta ha­bía una de­cep­ción ge­ne­ral. Aho­ra no­to otra ac­ti­tud en los ciu­da­da­nos, con­fian­za, ga­nas de avan­zar”.

Alex Char fue el al­cal­de en­tre 2008 y 2011, lue­go asu­mió el car­go El­sa No­gue­ra (2012-2015), quien era par­te de su gabinete, y aho­ra es­tá Char de nue­vo…

M.S.: No sé si es con­ve­nien­te o no, pe­ro así es la de­mo­cra­cia. Mi­re, Fe­li­pe Gon­zá­lez pre­si­dió el go­bierno es­pa­ñol co­mo 14 años, An­ge­la Mer­kel va a cum­plir 16 años. Esos han si­do los re­sul­ta­dos de las elec­cio­nes. No ne­ce­sa­ria­men­te es bueno o ma­lo. No es una co­sa u otra. Así pa­só. M.B.: ¿Ha si­do bueno pa­ra Ba­rran­qui­lla? M.S.: En la de­mo­cra­cia, hay re­glas de jue­go y son los ciu­da­da­nos los que de­ci­den. De mo­men­to ha si­do pro­ve­cho­so. Esa es­ta­bi­li­dad ins­ti­tu­cio­nal, esa con­ti­nui­dad y prin­ci­pios de cohe­ren­cia a lo lar­go de las ad­mi­nis­tra­cio­nes, han si­do po­si­ti­vos. M.B.: ¿Les re­co­men­da­ría a un pai­sa, a un bo­go­tano o a un ca­le­ño que se vi­nie­ran a vi­vir a La Are­no­sa? M.S.: Evi­den­te­men­te. Aun­que Ba­rran­qui­lla no tie­ne sím­bo­los tu­rís­ti­cos co­mo las mu­ra­llas de Car­ta­ge­na, o el Ma­le­cón de Santa Marta, ca­da día es más atrac­ti­va. El Ma­le­cón del Río, por ejem­plo, con el tiem­po pue­de ser uno de sus íco­nos. Pe­ro, a ries­go de caer en el tó­pi­co más in­so­por­ta­ble, des­de mi pun­to de vis­ta la gen­te de es­ta ciudad es úni­ca. Aquí el que lle­ga se sien­te arro­pa­do, des­cu­bre en las re­la­cio­nes hu­ma­nas otra di­men­sión. M.B.: ¿Có­mo ha si­do el pa­pel de la em­pre­sa pri­va­da en es­tos diez años de trans­for­ma­ción de Ba­rran­qui­lla? M.S.: Ha ha­bi­do gran co­ne­xión y creo que los em­pre­sa­rios vie­ron con­ve-

nien­te ha­cer esa apues­ta por el de­sa­rro­llo de la ciudad. Es­to no pa­sa­ba ha­ce mu­cho, ha­bía un di­vor­cio en­tre lo pú­bli­co y lo pri­va­do. M.B.: ¿Le cree a Alex Char? M.S.: Es muy com­pli­ca­do de­cir­lo. En ge­ne­ral, co­mo pe­rio­dis­tas, ten­de­mos a du­dar de to­do. In­clu­so de Char, o de quien sea. Los go­ber­nan­tes y to­dos los que tie­nen al­gún po­der tra­tan de mag­ni­fi­car sus ac­cio­nes. A ve­ces las exa­ge­ran y no­so­tros, co­mo in­for­ma­do­res, de­be­mos po­ner­las en su jus­ta medida. M.B.: ¿Los nú­me­ros de Ba­rran­qui­lla son bue­nos?

M.S.: Sí, las ci­fras son po­si­ti­vas, las in­ver­sio­nes han au­men­ta­do. El pre­su­pues­to mu­ni­ci­pal se ha cua­dru­pli­ca­do en los úl­ti­mos diez años y eso ha per­mi­ti­do la rea­li­za­ción de obras pú­bli­cas. Los par­ques han si­do una re­vo­lu­ción. Se han sem­bra­do mi­les de ár­bo­les, se han cons­trui­do es­ce­na­rios de­por­ti­vos, se efec­tuó la ca­na­li­za­ción de los arro­yos, aun­que creía­mos que era im­po­si­ble. Al­gu­nos afir­man que fue ex­ce­si­vo el cos­to pa­ra lo­grar­lo. Es­tán en su de­re­cho de opi­nar. Yo creo que el resultado es po­si­ti­vo por­que ya la llu­via no pa­ra­li­za es­ta ciudad. M.B.: Se lo vuel­vo a pre­gun­tar, ¿le cree a Alex Char? M.S.: En prin­ci­pio, no le creo ni a él ni a na­die. Por mi ofi­cio de­bo po­ner en du­da cual­quier anun­cio que ha­ga. No­so­tros los pe­rio­dis­tas de­be­mos con­tras­tar la in­for­ma­ción, con­fir­mar­la, pa­ra eso es­ta­mos. Lo úni­co que pue­do de­cir es que ha si­do un al­cal­de exi­to­so, uno que hoy tie­ne un gran apo­yo so­cial, y eso sí es cons­ta­ta­ble.

El 28 de oc­tu­bre de 1933 ‘El He­ral­do’ em­pe­zó a es­cri­bir su his­to­ria. Hoy, es el pe­rió­di­co más res­pe­ta­do de la cos­ta Ca­ri­be.

Mar­co Sch­wartz di­ri­ge el dia­rio ‘El He­ral­do’ des­de 2013.

Mau­ri­cio Ba­yo­na Di­rec­tor de Es­pe­cia­les Re­gio­na­les de SE­MA­NA. Nues­tro di­rec­tor via­jó has­ta Ba­rran­qui­lla pa­ra conversar con quien pre­si­de uno de los me­dios más lon­ge­vos de la cos­ta Ca­ri­be. En es­ta en­tre­vis­ta re­se­ña las opor­tu­ni­da­des de una ciudad que cam­bió su rum­bo.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Colombia

© PressReader. All rights reserved.