ELEC­CIO­NES

¿Vo­tar en blan­co es la­var­se las ma­nos?

Semana (Colombia) - - Sumario -

EN TO­DAS LAS CAMPAÑAS electorales el vo­to en blan­co en las pri­me­ras en­cues­tas es muy al­to y va des­cen­dien­do has­ta caer, el día de elec­cio­nes, a menos de un 5 por cien­to. La ra­zón es que mu­chos in­de­ci­sos, a los que las campañas no han en­gan­cha­do, di­cen es­tar dis­pues­tos a mar­car la ca­si­lla en blan­co, pe­ro al fi­nal pre­fie­ren una al­ter­na­ti­va de car­ne y hue­so. La gran pre­gun­ta es si en la se­gun­da vuel­ta del pró­xi­mo do­min­go cam­bia­rá es­te há­bi­to.

Por­que, pa­ra mu­chos analistas, el vo­to en blan­co po­dría cre­cer. Hay ra­zo­nes en el am­bien­te po­lí­ti­co que po­drían se­guir esa di­rec­ción. La prin­ci­pal de ellas, que Iván Du­que y Gus­ta­vo Pe­tro es­tán un po­co más ale­ja­dos del cen­tro que quie­nes han dispu­tado la pre­si­den­cia des­de 1991, cuan­do el país adop­tó la elec­ción en dos vuel­tas. En con­se­cuen­cia, ciu­da­da­nos de cen­tro en­cuen­tran di­fí­cil mi­rar

El pul­so en­tre Du­que y Pe­tro ha va­lo­ri­za­do el vo­to en blan­co pa­ra los elec­to­res de cen­tro. A pe­sar del ma­to­neo que ha re­ci­bi­do el vo­to en blan­co, no so­lo tie­ne un valor sim­bó­li­co sino po­lí­ti­co. En qué con­sis­te.

pa­ra cual­quie­ra de los dos la­dos y se sien­ten me­jor re­pre­sen­ta­dos al vo­tar en blan­co. La se­gun­da ra­zón es que las en­cues­tas re­gis­tran un vo­lu­men apre­cia­ble de in­ten­ción por es­ta al­ter­na­ti­va. La de In­va­mer pa­ra SE­MA­NA, Blu Ra­dio y Ca­ra­col Te­le­vi­sión lo si­túa en un 5,5 por cien­to –li­ge­ra­men­te su­pe­rior a la tra­di­ción–, pe­ro otras pre­vén más de un 10 por cien­to, que se­ría his­tó­ri­co.

Y la ter­ce­ra es que, en las pri­me­ras ho­ras que si­guie­ron al pre­con­teo de la pri­me­ra vuel­ta, el 27 de ma­yo, los prin­ci­pa­les can­di­da­tos que que­da­ron en el ca­mino, en­ca­be­za­dos por Ser­gio Fa­jar­do y Hum­ber­to de la Ca­lle, anun­cia­ron que vo­ta­rían en blan­co. A esa lis­ta se su­ma­ron muy pron­to Jor­ge En­ri­que Ro­ble­do, los her­ma­nos Juan Ma­nuel y Car­los Fer­nan­do Ga­lán, periodistas co­mo el ca­ri­ca­tu­ris­ta Vlad­do y co­lum­nis­tas co­mo Héc­tor Abad y An­drés Ho­yos.

Por es­tas ra­zo­nes, el de­ba­te so­bre el vo­to en blan­co se in­ten­si­fi­có en los úl­ti­mos días. Una mirada con­si­de­ra que una vo­ta­ción sig­ni­fi­ca­ti­va por es­ta al­ter­na­ti­va se con­ver­ti­ría en un men­sa­je cla­ro del re­cha­zo de un gru­po sig­ni­fi­ca­ti­vo de vo­tan­tes al ra­di­ca­lis­mo, y un lla­ma­do al pró­xi­mo pre­si­den­te pa­ra que cons­tru­ya con­sen­sos con una orien­ta­ción más mo­de­ra­da y de cen­tro. El de­ber, de ori­gen popular, de ge­ne­rar me­ca­nis­mos de con­cer­ta­ción y ne­go­cia­ción.

En el otro la­do, sin em­bar­go, al­gu­nos con­si­de­ran que el vo­to en blan­co no tie­ne sen­ti­do en la se­gun­da vuel­ta pre­si­den­cial y que, de he­cho, pa­ra es­ta no de­be­ría ha­ber una ca­si­lla pa­ra mar­car. Hay dos ra­zo­nes. La pri­me­ra, que por de­fi­ni­ción no hay con­se­cuen­cias. En pri­me­ra vuel­ta, un triun­fo del blan­co obli­ga a re­pe­tir las elec­cio­nes con can­di­da­tos dis­tin­tos. Pe­ro en el ba­lo­ta­je –la elec­ción a dos vuel­tas– par­ti­ci­pan so­lo quie­nes ya ga­na­ron pa­ra eli­mi­nar a los de­más con­ten­do­res. Por eso, en es­ta ins­tan­cia una even­tual ma­yo­ría en

DU­QUE Y PE­TRO RE­PRE­SEN­TAN EX­TRE­MOS

POLÍTICOS, LO QUE HA­CE QUE LOS CIU­DA­DA­NOS DE CEN­TRO SE SIEN­TAN ME­JOR

RE­PRE­SEN­TA­DOS AL VO­TAR EN BLAN­CO

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