An­to­nio Ca­ba­lle­ro:

Pe­ro Uri­be es peor

Semana (Colombia) - - Sumario - Por An­to­nio Ca­ba­lle­ro

Juan Ma­nuel Santos pa­ra evi­tar ese mis­mo re­gre­so ne­fas­to de ese mis­mo ne­fa­rio ex­pre­si­den­te Uri­be tras la más­ca­ra de otra ma­rio­ne­ta, hoy des­car­ta­da por él co­mo un ju­gue­te ro­to. Vo­té a sa­bien­das por lo ma­lo: pa­ra que no so­bre­vi­nie­ra lo peor.

Eso mis­mo ha­ré el do­min­go que vie­ne.

Vo­tar en blan­co en­tre dos ma­les es lo que pa­re­ce acon­se­jar la pru­den­cia. Pe­ro es una equi­vo­ca­ción: co­mo de­cía con per­ti­nen­cia Ser­gio Fa­jar­do en uno de los de­ba­tes en­tre los can­di­da­tos, “la co­rrup­ción vi­ve de la abs­ten­ción”. Vo­tar en blan­co, o abs­te­ner­se, o anu­lar el vo­to, es ayu­dar a que ga­ne el mal peor, por­que le aba­ra­ta la vic­to­ria. Es ayu­dar al que lle­va ven­ta­ja: al me­li­fluo y mo­fle­tu­do Iván Du­que, que es un dó­cil guan­te de ter­cio­pe­lo en la mano de plo­mo del ex­pre­si­den­te Uri­be, a quien él lla­ma con re­ve­ren­cia “pre­si­den­te eterno”. Du­que can­ta y jue­ga fút­bol, to­ca la gui­ta­rra, ha­bla fluently en in­glés, sa­be ha­cer en la pis­ta pi­rue­tas acro­bá­ti­cas de bai­la­rín pro­fe­sio­nal de sal­sa, y to­do eso es sin du­da muy me­ri­to­rio en un can­di­da­to pre­si­den­cial.Tam­bién el di­fun­to pre­si­den­te Ju­lio Cé­sar Tur­bay enamo­ra­ba a las se­ño­ras bai­lan­do El pol­vo­re­te. Pe­ro hay que re­cor­dar lo que fue su go­bierno, pre­cur­sor del de Uri­be tan­to en la re­pre­sión co­mo en la co­rrup­ción. Y có­mo, des­de su re­ti­ro, se em­pe­ñó to­da­vía en crear un par­ti­do de ga­ra­je pa­ra apo­yar la re­elec­ción de Uri­be, al que qui­so po­ner­le el nom­bre de “Pa­tria Nue­va”, alu­si­vo a la “re­fun­da­ción de la pa­tria” que en­ton­ces pro­po­nían los

POR­QUE NO ES DU­QUE EL QUE VIE­NE, SINO URI­BE EL QUE VUEL­VE. CON SU CO­LA. CON SUS AMI­GOS HOY PRE­SOS O PRÓFUGOS, CON SUS NARCOPARAMILITARES Y SUS NARCOMILITARES Y SUS MUCHACHOS DEL DAS. CON SUS EX­PO­LIA­DO­RES DE TIE­RRAS. CON SUS DESPLAZADORES... TO­DA LA PODREDUMBRE DE LA POLITIQUERÍA NA­CIO­NAL EN UN REVOLTIJO NAUSEABUNDO

pa­ra­mi­li­ta­res y re­mi­nis­cen­te del que en la Re­pú­bli­ca Do­mi­ni­ca­na ha­bía te­ni­do el dic­ta­dor Ra­fael Leo­ni­das Tru­ji­llo.

Por­que no es Du­que el que vie­ne, sino Uri­be el que vuel­ve. Con su co­la. Con sus ami­gos hoy pre­sos o prófugos, con sus narcoparamilitares y sus narcomilitares y sus muchachos del DAS, con sus mi­li­ta­res in­ci­ta­dos por él a los cri­mi­na­les fal­sos po­si­ti­vos, con sus ex­po­lia­do­res de tie­rras, con sus desplazadores, con sus após­to­les, con sus vi­si­tan­tes por el só­tano, con sus tes­ti­gos ase­si­na­dos y su ad­ver­ten­cia (en un lap­sus) de que va a per­se­guir a los periodistas que de­nun­cien esos ase­si­na­tos, con su re­pre­sión, con su co­rrup­ción, con sus an­sias de ven­gan­za y sus ne­ce­si­da­des de im­pu­ni­dad ju­di­cial pa­ra los de­li­tos co­me­ti­dos por él y los su­yos, con sus ga­nas de gue­rra, con su ob­se­sión por des­truir lo esen­cial de los acuer­dos de paz con las Farc, que con­sis­te en que los ex­gue­rri­lle­ros pue­dan ha­cer po­lí­ti­ca. Y a sus se­gui­do­res de an­tes (ver ‘Los nos­tál­gi­cos’, 2014/06/06) se suman aho­ra to­dos los la­gar­tos con sed de pues­tos o de con­tra­tos, que se han pre­ci­pi­ta­do a anun­ciar su ad­he­sión al que de an­te­mano con­si­de­ran ganador: los li­be­ra­les de Ga­vi­ria, los con­ser­va­do­res de An­dra­de y Bar­guil, los de La U de Ba­rre­ras y Be­ne­det­ti, los de Cam­bio Ra­di­cal de Vé­lez y La­ra (y Var­gas Lle­ras), los de las sec­tas cris­tia­nas de Vi­via­ne Mo­ra­les, los ca­tó­li­cos in­te­gris­tas de Ale­jan­dro Or­dó­ñez. Y An­drés Pas­tra­na. To­da la podredumbre de la politiquería na­cio­nal en un revoltijo nauseabundo.

Es Uri­be quien vuel­ve, con to­dos sus ho­rro­res. Y pa­ra im­pe­dir­lo no hay más que un re­cur­so ex­tre­mo: vo­tar por Pe­tro.

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