RO­BO­COP

No es una má­qui­na, es Alex Murphy, es...

Si - - Hay Cine - POR JO­SÉ LUIS RO­DRÍ­GUEZ R.

La ex­cu­sa del di­rec­tor bra­si­le­ro, Jo­se Pa­dil­ha, pa­ra traer de vuel­ta al cy­borg más icó­ni­co de los 80, es el la­ten­te de­ba­te so­bre la ca­rre­ra ar­ma­men­tís­ti­ca, el uso de dro­nes y la me­ca­ni­za­ción de los ejér­ci­tos. Una ex­ce­len­te idea de no ser por­que no se pro­fun­di­za lo su­fi­cien­te en to­do el me­tra­je del fil­me. La cruz de to­do re­ma­ke es su pa­sa­do. Siem­pre son comparados con la ori­gi­nal, que por lo ge­ne­ral es me­jor, y en es­ta oca­sión era im­po­si­ble no ha­cer­lo.

La his­to­ria nos si­túa en el año 2028. Om­nicorp, un con­glo­me­ra­do tec­no­ló­gi­co, ha crea­do una se­rie de ro­bots de vi­gi­lan­cia y com­ba­te, que pa­tru­llan las zo­nas de ma­yor con­flic­to en el mun­do, ex­cep­to en Es­ta­dos Uni­dos. Es­to ge­ne­ra mi­llo­nes de dó­la­res en pér­di­das y pa­ra que la Ley de el vis­to bueno, la per­cep­ción de la opi­nión pú­bli­ca de los es­ta­dou­ni­den­ses de­be es­tar a fa­vor de los po­li­cías ro­bots. Ray­mond Se­llars (Mi­chael Kea­ton), CEO de Om­nicorp, cree te­ner la so­lu­ción: ¿por qué no me­ter un hom­bre en una má­qui­na?

Tras un aten­ta­do ( fu­gaz) al po­li­cía Alex Murphy (Joel Kin­na­man), es­te se con­vier­te en el can­di­da­to per­fec­to.

Con los trai­lers su­pi­mos que ve­ría­mos una ver­sión mo­der­na del po­li­cía sin el go­re de la ori­gi­nal. Pe­ro la cruda sá­ti­ra so­bre la ma­ni­pu­la­ción de los me­dios y la crí­ti­ca so­cial tam­po­co es­tán. La ac­ción es po­ca y flo­ja, pe­ro ese es el me­nor de los de­ta­lles. Su prin­ci­pal pro­ble­ma es que no hay una metamorfosis del ro­bot al hu­mano. El mons­truo que lu­cha por al­can­zar la hu­ma­ni­dad.

El Murphy de 1987 es­ta­ba atra­pa­do en una lu­cha in­te­rior so­bre quién era real­men­te. So­me­ti­do a un di­le­ma exis­ten­cial, en­tre la ma­qui­na y los res­tos de su hu­ma­ni­dad.

En cam­bio el Murphy de aho­ra tie­ne su me­mo­ria in­tac­ta, sa­be quién es y tie­ne to­tal con­trol de sus fa­cul­ta­des. Es de­cir, si­gue sien­do un hu­mano y no un ro­bot que bus­ca con­ven­cer­se a sí mis­mo que es Alex Murphy. Ese con­flic­to por re­co­brar su hu­ma­ni­dad era el co­ra­zón del fil­me ori­gi­nal, y en es­te re­ma­ke no exis­te en lo ab­so­lu­to.

In­clu­so la ima­gen del nue­vo Ro­bo­cop no pa­re­ce del to­do un cy­borg. Más bien lu­ce co­mo un hom­bre en una ajus­ta­da ar­ma­du­ra ne­gra, con un cas­co y lentes au­to­má­ti­cos. Re­cor­de­mos que el ros­tro del an­ti­guo Murphy es­ta­ba co­mo

SE DE­JA VER Y EN­TRE­TIE­NE. LA HIS­TO­RIA DEL NUE­VO ‘CY­BORG’ JUS­TI­CIE­RO TRAE CON­SI­GO VA­RIOS CAMBIOS. LAS IN­TER­PRE­TA­CIO­NES, LA FO­TO­GRA­FÍA Y EL SO­NI­DO SON ADE­CUA­DOS, PE­RO A FIN DE CUEN­TAS EL NUE­VO PER­SO­NA­JE NO SU­PERA AL ORI­GI­NAL.

Pa­sa­ron 25 años pa­ra que vol­vie­ra es­te ‘cy­borg’ al ci­ne.

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