SAL­SE­RA

Al rit­mo de una po­de­ro­sa des­car­ga

Si - - Hay Hobby -

años de vi­da y bai­le.

Hay quie­nes, co­mo Va­lery, sien­ten que “la sal­sa es más sa­bro­sa cuan­do se bai­la en pa­re­ja”, por­que vi­bran con la ener­gía del otro.

Pe­ro si hay al­go que tam­bién iden­ti­fi­ca al ba­rran­qui­lle­ro es su ex­hi­bi­cio­nis­mo: bai­la so­lo, an­te la mi­ra­da de mu­chos.

Él se re­la­ja, pa­re­ce so­ñar, se li­be­ra y aflo­ja las pier­nas, las des­car­ga al son bravo de una sal­sa. “En­tran en otro mun­do, co­mo en un tran­ce”, di­ce Bri­to.

Ar­tis­tas del gre­mio sal­se­ro re­co­no­cen lo di­fí­cil que les re­sul­ta a otros la­ti­nos y ca­ri­be­ños bai­lar con el swing del ba­rran­qui­lle­ro.

Hay te­mas pa­ra es­cu­char, pe­ro hay otros cien­tos pa­ra bai­lar, vi­brar y su­dar, co­mo el que to­ma es­to de ex­cu­sa pa­ra ejer­ci­tar­se.

El co­reó­gra­fo con­clu­ye que “hay la ne­ce­si­dad de crear un si­tio, apar­te de los es­ta­de­ros, don­de se trans­mi­tan los sa­be­res sal­se­ros de ge­ne­ra­ción en ge­ne­ra­ción, pa­ra dar­le es­ta­tus y sal­va­guar­dar es­ta tra­di­ción rít­mi­ca”.

BAI­LAR ES UNA PA­SIÓN PA­RA EL BA­RRAN­QUI­LLE­RO, CON CA­DA PA­SO EX­PRE­SA EL SEN­TIR DE LA MÚ­SI­CA Y ACEN­TÚA SU ‘CHEVERIDAD’.

Ca­da no­che a mi­les de co­lom­bia­nos les pro­vo­ca bai­lar fren­te a sus te­le­vi­so­res, se­guir el pe­ga­jo­so rit­mo de la sal­sa que por es­tos días es pro­ta­go­nis­ta en la te­le­vi­sión na­cio­nal. Son dos pro­duc­cio­nes al ai­re: Un sue­ño lla­ma­do sal­sa (Ca­nal RCN), que mues­tra el an­he­lo de mu­chos de en­se­ñar­le al mun­do los do­tes sal­se­ros del colombiano, y Ni­che, lo que di­ga el co­ra­zón (Ca­nal Ca­ra­col), que rin­de tri­bu­to al le­ga­do mu­si­cal que ha ve­ni­do for­jan­do la agru­pa­ción en los úl­ti­mos 30 años. del bailador ba­rran­qui­lle­ro Ade­lan­te y atrás Es cues­tión de ‘des­car­gar’ las pier­nas y mar­car el rit­mo con las ca­de­ras, sa­cu­dién­do­las de la­do a la­do con fuer­za y agi­li­dad. Gi­ros Dar vuel­tas por to­da la pis­ta ha­ce par­te del ex­hi­bi­cio­nis­mo que le gus­ta al cu­rram­be­ro. En los mo­men­tos más mo­vi­dos de la can­ción se adue­ña del es­ce­na­rio co­mo si en él no exis­tie­ra na­die más. Pier­nas cruzadas El cru­ce de pier­nas con la pa­re­ja guar­da una coor­di­na­ción in­vo­lun­ta­ria, una pa­re­ja barranquillera no se po­ne de acuer­do en có­mo bai­lar, el hombre o la mu­jer mar­ca un pa­so y el otro le si­gue ca­si que in­cons­cien­te. Con es­ti­lo Si bien mu­chos cu­rram­be­ros bai­lan sin ha­ber apren­di­do la téc­ni­ca en un academia, lla­ma la aten­ción el es­ti­lo que im­po­nen en ca­da pa­se y có­mo se di­vier­ten crean­do fi­gu­ras co­mo ex­per­tos.

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