APREN­DIEN­DO A JU­GAR BU­CHÁ­CA­RA

Pa­ra al­gu­nos un ‘hobby’, pa­ra otros es un de­por­te que les ge­ne­ra ale­grías.

Si - - Hay Hobby - POR ADRIA­NA PO­LO PERTUZ

Sa­lir del tra­ba­jo, en­con­trar­se con ami­gos pa­ra de­par­tir y fre­cuen­tar al­gún si­tio de en­tre­te­ni­mien­to es co­mún en la ciu­dad. Unos de es­tos si­tios son los bi­lla­res don­de pue­den ju­gar, con­ver­sar, reír y, so­bre to­do, crear y sos­te­ner fuer­tes la­zos de amis­tad. Un plan pa­ra cual­quier per­so­na, sin im­por­tar la edad o la ocu­pa­ción.

So­lo hay que ani­mar­se y de­ci­dir­se a que­rer apren­der a em­pu­ñar un ta­co. Tam­bién hay que de­jar atrás los es­te­reo­ti­pos, co­mo en mi ca­so, y dis­fru­tar del so­ni­do que ema­na cuan­do una bo­la cho­ca con­tra la otra. La mú­si­ca de fon­do, cal­ma­da o más agi­ta­da de­pen­dien­do del mo­men­to, es otro de los de­ta­lles que ha­cen ameno el es­pa­cio que en­mar­ca un bi­llar.

Pa­ra Ig­na­cio Mon­ta­ña, so­cial má­na­ger de la Co­mu­ni­dad de Bu­chá­ca­ra de Ba­rran­qui­lla, so­lo hay que te­ner en cuen­ta cier­tas re­glas pa­ra po­ner­le más emo­ción y em­pe­zar a prac­ti­car con más ri­gu­ro­si­dad es­te jue­go. Agre­ga que en la Li­ga “hay un equi­po de mu­je­res y son muy bue­nas ju­gan­do, to­do es­tá en co­no­cer­lo”.

Y co­mo de co­no­ci­mien­to se tra­ta, me di a la ta­rea de ir­me una tar­de a uno de los bi­lla­res más re­co­no­ci­dos de la ciu­dad, co­mo ya lo ha­bía men­cio­na­do, a apren­der a ju­gar. Con la ayu­da de Ig­na­cio Mon­ta­ña y Juan Pa­blo Ma­no­tas, uno de los ex­per­tos en el jue­go que fre­cuen­ta el si­tio, pu­de apren­der un po­co de ese con­cep­to que era to­tal­men­te des­co­no­ci­do pa­ra mí, em­pe­zan­do por las di­ver­sas formas de aga­rrar el ta­co, que pue­de ser en puen­te, en ar­co u otras se­gún la co­mo­di­dad y la po­si­ción del ju­ga­dor.

La dis­tan­cia de la bo­la a la mano es un as­pec­to fun­da­men­tal a la ho­ra de ha­cer con­tac­to y em­bo­car­la en uno de los hue­cos que es­tán en los cos­ta­dos. “Mien­tras más cer­ca es­tés de la bo­la, ma­yor pre­ci­sión”, ex­pli­có Ma­no­tas. Agre­ga que exis­ten efec­tos con los que pue­de pe­gar­le a la bo­la pa­ra mar­car su di­rec­ción. “Si pe­gas en la par­te ba­ja es­ta se re­tro­ce­de, pe­ro al gol­pear los la­te­ra­les, lo­gras dos mo­vi­mien­tos, uno de avan­ce y otro de ro­ta­ción, so­bre su eje de iz­quier­da a de­re­cha, o vi­ce­ver­sa”, di­ce.

De gol­pe en gol­pe la pun­ta del ta­co “pier­de aga­rre” al mo­men­to de pe­gar­le a la bo­la y no ge­ne­ra el mis­mo efec­to. En es­te ca­so, se usa una ti­za es­pe­cial pa­ra pu­lir­lo; un cu­bo pe­que­ño, ge­ne­ral­men­te de co­lor azul, que le da más efec­ti­vi­dad al gol­pe.

Fi­nal­men­te, lue­go de la teo­ría fui­mos a la prác­ti­ca y aun­que una tar­de no fue su­fi­cien­te pa­ra con­ver­tir­me en una ex­per­ta en la bu­chá­ca­ra crio­lla, si lo fue pa­ra crear en mi un con­cep­to di­fe­ren­te so­bre los bi­lla­res y a la vez, un in­te­rés por vol­ver y re­co­men­dar­lo co­mo un buen plan de ami­gas.

«La bu­chá­ca­ra crio­lla se jue­ga con 15 bo­las y es ca­rac­te­rís­ti­co de la cos­ta Ca­ri­be». FRAN­KLIN GORI Dir. Li­ga de Bu­chá­ca­ra del Atlán­ti­co

En es­ta fo­to apa­re­ce la pe­rio­dis­ta que es­cri­be la no­ta, jun­to a Juan Pa­blo Ma­no­tas, ju­ga­dor ex­per­to. | Fo­tos: Ig­na­cio Mon­ta­ña

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