CA­RO­LI­NA ACE­VE­DO

SoHo - Censurado (Colombia) - - Sumario - FO TO GR AF Í A S : L ISA PALOM INO_

¿Por qué de­ci­dió vol­ver a po­sar en Soho?

¿Por qué no? Cuan­do Li­sa, la fo­tó­gra­fa, se lo pro­pu­so a mi má­na­ger, me pa­re­ció una bue­na idea. Me en­can­ta que aho­ra, sien­do ma­má, pue­da ha­cer que mi hi­jo vea que no hay mis­te­rios con el cuer­po. Que no hay por qué te­ner ta­pu­jos. Es­tá bien mos­trar­lo de una ma­ne­ra bo­ni­ta, y quie­ro que mi hi­jo vea que su ma­má no tie­ne nin­gún ro­llo con eso.

¿Qué tan di­fe­ren­te es a la pri­me­ra vez?

Bueno, yo ya lle­vo va­rias ve­ces en Soho. La pri­me­ra fue en 1999, y creo que han si­do las me­jo­res que me han he­cho sin mos­trar na­da; lue­go vi­nie­ron unas fotos de las ac­tri­ces en sus du­chas y po­co tiem­po des­pués hi­ce mi pri­me­ra por­ta­da. Des­pués hu­bo más fotos. Creo que he ido ma­du­ran­do, acep­tan­do mi cuer­po. Y aho­ra la vuel­ta es dis­tin­ta. An­tes no me im­por­ta­ba na­da, pe­ro aho­ra sien­do ma­má sien­to que es di­fe­ren­te. Es­tas fotos fue­ron mu­cho más cons­cien­tes. Lle­va más de 20 años en la te­le­vi­sión, ¿cuál es el se­cre­to pa­ra man­te­ner­se vi­gen­te?

Pues no sé… he si­do afor­tu­na­da. Creo que cuan­do uno ha­ce las co­sas con pa­sión es­tá siem­pre tra­tan­do de rein­ven­tar­se. Por eso yo me he pre­pa­ra­do, he es­tu­dia­do y tra­to siem­pre de ha­cer co­sas dis­tin­tas pa­ra apren­der, pa­ra me­jo­rar. Soy ce­ro con­for­mis­ta; siem­pre quie­ro más con res­pec­to a mi ca­rre­ra. Ha­cer me­jor los per­so­na­jes. Creo que la cla­ve es esa: las ga­nas y la en­tre­ga.

Un pa­pel que la ha­ya mar­ca­do…

Han si­do va­rios, en dis­tin­tos mo­men­tos de mi vi­da. El pri­me­ro, ob­via­men­te, De pies a ca­be­za, don­de em­pe­cé. Lue­go Po­bre Pa­blo, que fue mi pri­mer pro­ta­gó­ni­co, y lue­go Nue­vo ri­co, nue­vo po­bre, que fue otro sal­to en mi ca­rre­ra. Y aho­ra tra­ba­jar con Net­flix es muy im­por­tan­te. Creo que esos han si­do mo­men­tos con­tun­den­tes.

¿Qué es lo más di­fí­cil de ser ac­triz?

Pa­ra mí son los be­sos… ¡ me cues­tan mu­cho tra­ba­jo! Pe­ro, co­mo pro­fe­sión, el he­cho de que es­tás ex­pues­to to­do el tiem­po. La fal­ta de pri­va­ci­dad es di­fí­cil: hay mo­men­tos en los que no quie­res que te mi­re na­die. Pe­ro bueno, hay que su­pe­rar ese te­ma, so­bre to­do aho­ra que en las re­des so­cia­les la gen­te usa el ano­ni­ma­to pa­ra juz­gar.

La se­rie La­noc­tur­na;du­ro­dea­mar, en el Tea­tro Nacional; Nar­cos; otra se­rie; La ley del co­ra­zón, en la rec­ta fi­nal… ¿de dón­de sa­ca tiem­po pa­ra tan­tos pro­yec­tos?

En es­te mo­men­to es­toy ro­dan­do La noc­tur­na y an­do con la obra. Siem­pre he di­cho que tiem­po hay: to­ca or­ga­ni­zar­lo, pe­ro al­can­za pa­ra to­do. Nar­cos lo hi­ce el año pa­sa­do, lo mis­mo que La ley del co­ra­zón. A ve­ces sien­to que me fal­ta más… creo que el día de­be­ría te­ner dos ho­ras ex­tra pa­ra que me al­can­za­ra, pe­ro igual es­toy ha­cien­do lo que me ha­ce fe­liz.

¿Cuál de to­dos es el que más le gus­ta?

No po­dría es­co­ger uno por­que to­dos son dis­tin­tos… pe­ro eso es, pre­ci­sa­men­te, lo que más me gus­ta de mi tra­ba­jo: ha­cer per­so­na­jes di­fe­ren­tes, que no se pa­rez­can na­da el uno con el otro. Amo el tea­tro, es ab­so­lu­ta­men­te apa­sio­nan­te, ¡adre­na­li­na al cien! Y esa obra es­tá muy bien mon­ta­da, lo que me tie­ne muy fe­liz. En La ley del co­ra­zón hi­ce mi pri­mer an­ta­gó­ni­co de ver­dad, así que to­do es muy di­fe­ren­te.

Y por úl­ti­mo: ¿có­mo ha­ce pa­ra se­guir man­te­nién­do­se así de es­pec­ta­cu­lar?

Ha­go mu­cho ejer­ci­cio, mí­ni­mo cua­tro ve­ces a la se­ma­na, in­de­pen­dien­te­men­te de mi tra­ba­jo y de mi la­bor co­mo ma­má. Co­mo sa­lu­da­ble, aun­que no per­dono los dul­ces, pe­ro no pue­do de­jar de ha­cer ejer­ci­cio por­que tam­bién me ayu­da a li­be­rar­me y a man­te­ner des­pe­ja­da la ca­be­za. Soy muy dis­ci­pli­na­da.

Em­pe­za­mos a ver­la en De pies a ca­be­za, la se­rie so­bre una es­cue­la de fút­bol que mar­có una eta­pa inol­vi­da­ble en los años no­ven­ta. ¿Se acuer­da? Des­de en­ton­ces ha apa­re­ci­do en una de­ce­na de no­ve­las — Po­bre Pa­blo, La ma­dre, Nue­vo ri­co, nue­vo po­bre…—, ha he­cho tea­tro, se ga­nó un pre­mio a me­jor ac­triz pro­ta­gó­ni­ca y sa­lió un

Soho par de ve­ces en —siem­pre con un éxi­to ro­tun­do, cla­ro—. Hoy es­tá me­ti­da en va­rios pro­yec­tos y, por eso —por eso y por­que es­tá me­jor que nun­ca—, des­de ha­ce un buen tiem­po los lec­to­res nos vie­nen pi­dien­do que la ten­ga­mos en la por­ta­da. Y sí: lo lo­gra­mos —¡por fin!—, y aquí se la trae­mos, en su me­jor ver­sión. Así que no más lo­ra: con us­te­des, la siem­pre es­pec­ta­cu­lar Ca­ro­li­na Ace­ve­do.

FO­TO­GRA­FÍA: LI­SA PA­LO­MINO / ASIS­TEN­TE DE FO­TO­GRA­FÍA: FE­LI­PE RO­DRÍ­GUEZ / MA­QUI­LLA­JE Y PEI­NA­DO: HA­MIL­TON LA­DINO / STY­LING: MAR­CE­LA ACE­VE­DO ASIS­TEN­TE DE STY­LING: PIA BO­NI­LLA / PRO­DUC­CIÓN: LUCY MO­RENO / POSPRODUCCIÓN: ESTEBAN PIEDRAHÍTA AGRA­DE­CI­MIEN­TOS ESPECI

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