SE­XO EN VA­CA­CIO­NES

PA­RA HOM­BRES Y MU­JE­RES

SoHo - Censurado (Colombia) - - Sumario -

Siem­pre he sen­ti­do omuch mu­cho pla­cer al ti­rar, pe­ro úl­ti­ma­men­te no me es­ta­ba gus­tan­do tan­to y no sé por qué. El ca­so es que leí que se­ría una bue­na idea que mi no­via me me­tie­ra un de­do… y me en­can­tó. El pro­ble­ma es que ella tie­ne sus du­das. ¿Có­mo la con­ven­zo de que es al­go nor­mal? Di­gá­mos­lo de fren­te: los hom­bres no ha­blan so­bre la po­si­bi­li­dad de que les me­tan un de­do, así les en­can­te. Y no lo ha­blan por va­rias ra­zo­nes: por ta­bú, por­que creen que po­ne en du­da su se­xua­li­dad... Pe­ro ojo: tie­ne to­do el sen­ti­do que a us­ted le gus­te, ya que el pun­to G mas­cu­lino es­tá en la prós­ta­ta, lo­ca­li­za­da jus­to de­trás de la pa­red anal, así que al es­ti­mu­lar esa zo­na, el pla­cer pue­de ser in­creí­ble. Ade­más, es más co­mún de lo que mu­chos creen: se­gún una encuesta del Jour­nal of Sex Me­di­ci­ne, el 60 % de los hom­bres ha ex­pe­ri­men­ta­do el “tru­co del de­do”. Ya tie­ne los ar­gu­men­tos, aho­ra ase­gú­re­se de te­ner con­fian­za ple­na en la in­ti­mi­dad con ella pa­ra no ser juz­ga­do a la ho­ra de pro­po­ner­le re­pe­tir esos nue­vos ‘jue­gos’ se­xua­les. El se­xó­lo­go Mi­chael Bai­ley, pro­fe­sor de la uni­ver­si­dad de North­wes­tern, en Chica­go, ase­gu­ra que mien­tras más con­fian­za hay en pa­re­ja, es más la ex­ci­ta­ción. En­ton­ces pro­pón­ga­le que vuel­van a ex­pe­ri­men­tar y dé­je­le cla­ro que a us­ted le gus­tó y que eso no afec­ta en lo más mí­ni­mo sus in­cli­na­cio­nes se­xua­les. Aho­ra, re­cuer­de que no pue­de obli­gar a su no­via a que lo ha­ga. Eso so­lo lle­va­rá a co­sas peo­res, como pe­leas y des­con­fian­za, y to­do eso se ve re­fle­ja­do a la ho­ra del se­xo. Lle­vo ca­sa­da ocho años,años y mi esposo y yo siem­pre te­ne­mos muy buen se­xo cuan­do es­ta­mos de va­ca­cio­nes. Pe­ro ape­nas re­gre­sa­mos a la ca­sa, la co­sa vuel­ve a ser mo­nó­to­na. ¿Có­mo po­de­mos man­te­ner el es­pí­ri­tu sexual siem­pre? Pri­me­ro, no se preo­cu­pe: es co­mún que el de­seo sexual au­men­te cuan­do la pa­re­ja cam­bia de ru­ti­na. Y aun­que no exis­ten es­tu­dios so­bre la ac­ti­vi­dad sexual ex­clu­si­va­men­te en las va­ca­cio­nes, sí hay in­ves­ti­ga­cio­nes que re­ve­lan el al­to gra­do de fe­li­ci­dad que la gen­te ex­pe­ri­men­ta cuan­do es­tá fue­ra de la ca­sa. El Ins­ti­tu­to Na­cio­nal de Sa­lud de Es­ta­dos Uni­dos (NIH, por su si­gla en in­glés) en­cues­tó en 2011 a 5000 per­so­nas re­cién lle­ga­das de va­ca­cio­nes y en­con­tró que el 87 % es­ta­ban más mo­ti­va­das. Es­to, ob­via­men­te, se ve re­fle­ja­do en el te­ma sexual. La co­sa es que en va­ca­cio­nes us­ted pa­sa más tiem­po del nor­mal con su pa­re­ja, au­men­ta el con­tac­to fí­si­co y hay más opor­tu­ni­da­des de te­ner in­ti­mi­dad. Ade­más, mu­chas ve­ces es el es­pa­cio ideal pa­ra ol­vi­dar­se del co­rreo, del ce­lu­lar, de los líos en la oficina, del es­trés. En un mun­do ideal, los fi­nes de se­ma­na de­be­rían re­pre­sen­tar lo mis­mo, pe­ro la reali­dad es otra: ge­ne­ral­men­te hay tiem­po pa­ra to­do —vuel­tas, com­pro­mi­sos so­cia­les, hi­jos…— me­nos pa­ra se­xo. Por eso, la se­xó­lo­ga bri­tá­ni­ca Su­zi God­son re­co­mien­da ha­cer un es­fuer­zo pa­ra ale­jar las dis­trac­cio­nes durante cier­tos días y de­di­car­se ex­clu­si­va­men­te al se­xo. Bus­que un es­pa­cio re­la­ja­do, como una ha­bi­ta­ción de ho­tel. De pron­to así el se­xo es bueno, in­clu­so cuan­do es­tán en ple­na ru­ti­na dia­ria.

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