Fa­bio Ru­biano

Fa­bio Ru­biano di­ri­ge Cons­te­la­cio­nes, una his­to­ria de amor cuán­ti­co que se pre­sen­ta en el Pla­ne­ta­rio de Bo­go­tá. Apro­ve­cha­mos la oca­sión pa­ra ha­blar de esa obra y de la reali­dad co­lom­bia­na co­mo far­sa.

SoHo - Censurado (Colombia) - - Summario' - POR: CA­MI­LO A. AMA­YA G. FO­TOS: PI­LAR ME­JÍA

Cuan­do sal­ga es­ta re­vis­ta ya se ha­brá es­tre­na­do Cons­te­la­cio­nes, la nue­va obra que di­ri­ge. Pe­ro es­ta en­tre­vis­ta la es­ta­mos ha­cien­do un día an­tes, ¿qué se sien­te el día pre­vio a un es­treno? Es el in­fierno, por­que uno no sa­be có­mo va a reac­cio­nar el pú­bli­co. La ven­ta­ja con es­ta pie­za es que ya es­tá mon­ta­da y to­dos los ele­men­tos téc­ni­cos que son los que a uno lo pue­den trai­cio­nar, co­mo el vi­deo, la mú­si­ca y las lu­ces, ya es­tán bas­tan­te en­sa­ya­dos.

¿Qué di­fe­ren­cia hay en­tre di­ri­gir es­ta obra y una es­cri­ta y pen­sa­da por us­ted? Lo que pa­sa con es­te ti­po de obras es que se vuel­ven pro­pias. No es que la adap­te y le pon­ga acen­to cos­te­ño. Uno em­pie­za a apro­piar­se tan­to de la obra que se bo­rra el au­tor. Es­toy se­gu­ro de que no­so­tros he­mos leí­do es­ta obra mu­chas más ve­ces que él.

¿Vio los mon­ta­jes de otros paí­ses?

No, no ha­go eso, los veo des­pués. Por ejem­plo, cuan­do hi­ci­mos Ve­nus en piel

vi­mos las otras ver­sio­nes des­pués de que es­tre­na­mos, pe­ro nos gus­tó más la nues­tra. Y con esa obra era di­fí­cil, por­que ha­bía una ver­sión de Po­lans­ki.

¿Y le gus­tó más la su­ya que la de Po­lans­ki? La nues­tra, no di­go la mía por­que siem­pre es un tra­ba­jo co­lec­ti­vo.

¿De qué se tra­ta Cons­te­la­cio­nes? Es una pie­za que ha­bla de una re­la­ción de pa­re­ja. Nor­mal­men­te se con­ta­ría des­de el mo­men­to en que se co­no­cen has­ta el mo­men­to en que se re­en­cuen­tran des­pués de vi­vir juntos y se­pa­rar­se. Lo que pa­sa es que es­ta his­to­ria es­tá con­ta­da de ma­ne­ras di­fe­ren­tes, y no es una so­la pa­re­ja, sino mu­chas. Co­mo pue­de ser la vi­da de cual­quie­ra, en la que uno no sa­be si to­das las pa­re­jas que ha te­ni­do son una mis­ma, o si la pa­re­ja que uno tie­ne in­clu­ye to­das las que ha te­ni­do.

¿Una pa­re­ja que son to­das las pa­re­jas? Sí. En­ton­ces hay va­ria­cio­nes de las po­si­bi­li­da­des de có­mo se co­no­cen, dis­cu­ten, se en­fer­man. De có­mo se ce­lan, de có­mo son in­fie­les y se re­en­cuen­tran. Son co­mo to­das las ver­sio­nes al­re­de­dor de una apues­ta bas­tan­te cuán­ti­ca en la que las po­si­bi­li­da­des son in­fi­ni­tas.

Los pro­ta­go­nis­tas son un api­cul­tor y una fí­si­ca cuán­ti­ca. ¿Qué pa­pel cum­ple esa mez­cla que sue­na un po­co exó­ti­ca? Pue­de ha­ber mu­chas in­ter­pre­ta­cio­nes, pe­ro si us­ted ve un plano del uni­ver­so y un pa­nal, no hay nin­gu­na di­fe­ren­cia. Si uno lo ve en tér­mi­nos de frac­ta­les es igual. El uni­ver­so pue­de ser una col­me­na o un cul­ti­vo de pro­to­zoa­rios, el ta­ma­ño acá no im­por­ta.

Nick Pay­ne, el es­cri­tor de es­ta obra, es un ti­po muy jo­ven, tie­ne 34 años. ¿Lo co­no­cía de an­tes? Aho­ra tie­ne 34, cuan­do es­cri­bió la obra te­nía 22 o 23, era muy chi­qui­to. Es un au­tor muy in­tere­san­te. Ma­ne­ja es­truc­tu­ras muy arries­ga­das pa­ra al­guien jo­ven. Y no es que los jó­ve­nes no ma­ne­jen es­truc­tu­ras arries­ga­das, pe­ro sue­le pa­sar que des­ba­ra­tan el ju­gue­te, no lo vuel­ven a ar­mar y to­do re­sul­ta caó­ti­co. Es­to no, es­to es un ju­gue­te ab­so­lu­ta­men­te de­cons­trui­do, pe­ro con un or­den ló­gi­co, sos­te­ni­do en las mis­mas ba­ses teó­ri­cas que plan­tea la obra en su in­te­rior.

¿Có­mo fue el pro­ce­so de ar­mar la obra, por qué esos ac­to­res, por qué el Pla­ne­ta­rio? Con Mar­ce­la Mar y Francisco de Cas­tro, dos de los pro­duc­to­res, ha­bía­mos tra­ba­ja­do en Ve­nus en piel, y co­mo el re­sul­ta­do fue ma­ra­vi­llo­so nos pro­pu­si­mos ha­cer otra obra. Mar­ce­la se enamo­ró de Cons­te­la­cio­nes y com­pró los de­re­chos. In­sis­ti­mos en que no fue­ra un tea­tro tra­di­cio­nal por­que en una obra con es­te nom­bre que­ría­mos ver cons­te­la­cio­nes. Que­ría­mos un es­pa­cio en el que se pu­die­ra ver el cie­lo, y a Mar­ce­la se le ocu­rrió el Pla­ne­ta­rio. Y la ver­dad es una ex­pe­rien­cia ma­ra­vi­llo­sa, por­que es en 360 gra­dos. San­dro Ro­me­ro, que es el otro di­rec­tor, tie­ne una vi­sión bas­tan­te cir­cu­lar de la obra y unos con­cep­tos muy in­tere­san­tes.

En su dis­cu­sión de ha­ce unos años con el es­cri­tor Héc­tor Abad Fa­cio­lin­ce, us­ted de­cía que los tea­tre­ros ge­ne­ral­men­te no ha­cen las obras que es­tán de mo­da, sino las que con­si­de­ran ne­ce­sa­rias. ¿Es Cons­te­la­cio­nes una obra ne­ce­sa­ria? Creo que to­do el tea­tro tie­ne que co­exis­tir. Ob­via­men­te to­do el tea­tro es co­mer­cial, por­que lo ideal es que se lle­nen to­das

“EN EL TEA­TRO HAY QUE IN­SUL­TAR, REGAÑAR Y DE­NUN­CIAR, PE­RO SIN QUE EL PÚ­BLI­CO SE DÉ CUEN­TA”.

las fun­cio­nes y que uno pue­da vi­vir de eso. No sé por qué hay que te­ner­le mie­do a ga­nar pla­ta. Hay gen­te que in­clu­so me di­ce: “Pe­ro es que us­ted ha­ce es­to co­mo si fue­ra un tra­ba­jo”. ¡Pues cla­ro que es mi tra­ba­jo! Y quie­ro vi­vir muy bien de él. Y cuan­do le va bien a una obra se pue­de pro­du­cir la otra y se le pa­ga me­jor a to­do el mun­do. Cons­te­la­cio­nes es ne­ce­sa­ria por eso y por­que ins­tau­ra un nue­vo es­pa­cio con po­si­bi­li­da­des tea­tra­les.

A pro­pó­si­to, ¿có­mo ter­mi­nó esa pe­lea con Héc­tor Abad? ¡Nos re­con­ci­lia­mos! Ocu­rrió en la Fe­ria del Li­bro de Gua­da­la­ja­ra, ha­ce un par de años. Es una his­to­ria muy bo­ni­ta por­que él es­cri­bió un ar­tícu­lo que se lla­ma ‘Ya no me sien­to víc­ti­ma’. Gael Gar­cía lo le­yó y pro­pu­so ha­cer una lec­tu­ra dra­má­ti­ca. Así que ne­ce­si­ta­ban un dra­ma­tur­go y me con­tac­ta­ron a mí. Les di­je que con gus­to lo ha­ría si Héc­tor acep­ta­ba, y él fue el pri­me­ro que di­jo que de­bía­mos dar ejem­plo de re­con­ci­lia­ción.

¿Qué se di­je­ron la primera vez que se vie­ron? Él me sa­lu­dó co­mo si no hu­bie­ra pa­sa­do na­da. Lue­go me di­jo que le ha­bía da­do muy du­ro y que ha­bía si­do agre­si­vo. Yo re­co­no­cí que sí y le ofre­cí dis­cul­pas.

En un país tan di­vi­di­do co­mo Co­lom­bia, lo que di­cen sus obras pue­de no gus­tar­le a mu­cha gen­te… El tea­tro, lo di­jo Sha­kes­pea­re, es tes­ti­go de su épo­ca, pe­ro no de una ma­ne­ra histórica, sino de una ma­ne­ra poé­ti­ca. Uno ha­bla de ma­ne­ra poé­ti­ca del mo­men­to en el que vi­ve y vi­vi­mos en un país que tie­ne cier­tas con­di­cio­nes; de eso hay que ha­blar, así uno es­té con­tan­do una his­to­ria de amor. Por­que eso per­mea to­das las ca­pas de la so­cie­dad y to­dos los es­ta­men­tos… Co­mo de­cía Man­cu­so: “To­das las ins­tan­cias del Es­ta­do”. Pa­sa­mos de Sha­kes­pea­re a Man­cu­so... Las pa­la­bras de am­bos son po­ten­tes. El ca­so es que yo no ha­go obras par­ti­dis­tas, no ha­go obras de iz­quier­da. Creo que ha­go obras que a ve­ces pue­den ser til­da­das de reac­cio­na­rias, pe­ro en el gru­po siem­pre les da­mos ga­ran­tías a to­dos los per­so­na­jes in­vo­lu­cra­dos. ¿Qué quie­re de­cir eso? Por ejem­plo, en Cuan­do es­ta­llan las pa­re­des hay una dis­cu­sión en­tre al­guien que va a ha­cer un aten­ta­do te­rro­ris­ta y quien lo va a re­ci­bir. Es­te le di­ce: “¿En se­rio us­ted cree que me va a ha­cer da­ño con eso? Us­ted me ma­ta a 30 en un club, yo le des­apa­rez­co 5000 de un par­ti­do y le doy seis mi­llo­nes de des­pla­za­dos. ¿En se­rio cree que pue­de con­mi­go? ¿En se­rio cree que si mu­ti­lan a mi hi­ja va a ser igual que si mu­ti­lan a la su­ya? Si mu­ti­lan a mi ni­ña to­do el país va a gri­tar, si mu­ti­lan a la su­ya es paisaje”. O sea, hay una dis­cu­sión con to­das las ga­ran­tías en don­de se di­ce lo que uno no quie­re oír. Son dis­cu­sio­nes equi­li­bra­das. Por­que si yo pon­go a los que me caen mal co­mo ma­los y a los que me caen bien co­mo bue­nos no es­toy ha­cien­do na­da.

Eso fue muy evi­den­te en La­bio­de lie­bre, una pie­za que ade­más te­nía la par­ti­cu­la­ri­dad de que la gen­te sa­lía llo­ran­do des­pués de reír­se du­ran­te to­da la obra… No so­lo en La­bio de lie­bre; en Sa­ra di­ce la ri­sa apa­re­cía cuan­do ha­bía muer­tes; en Mos­ca, cuan­do ha­bía vio­la­cio­nes. Creo que uno no pue­de crear na­da di­fe­ren­te al con­tex­to en el que se en­cuen­tra. ¿Es­toy ha­blan­do co­mo Ma­tu­ra­na?: “La se­lec­ción no pue­de ju­gar di­fe­ren­te al país”, je­je. So­mos un país chis­to­so, chis­to­so den­tro del ab­sur­do, y eso es ab­so­lu­ta­men­te tris­te. Hay una suer­te de bo­rre­guis­mo, de in­sul­tos e ima­gi­na­rios ins­ta­la­dos. O sea, un tér­mino co­mo ‘cas­tro­cha­vis­mo’ es un chis­te.

Un chis­te que lle­va a to­mar de­ci­sio­nes muy se­rias... Y eso es ate­rra­dor. Que la ex­pre­sión ‘mer­me­la­da’ se la ha­ya in­ven­ta­do uno de los par­ti­dos más co­rrup­tos de nues­tra his­to­ria es un chis­te muy gran­de. Que ‘Po­pe­ye’ les man­de un men­sa­je a los po­li­cías di­cién­do­les “her­ma­nos po­li­cías”. ¡A ver!, si él fue el que más uni­for­ma­dos ma­tó. No­so­tros no con­ta­mos chis­tes, ha­ce­mos una ver­sión de la reali­dad y eso ge­ne­ra ri­sa. Ver ese re­fle­jo da ri­sa.

¿Le pa­re­ce que es un len­gua­je efec­ti­vo pa­ra el mo­men­to que vi­ve el país? Creo que la que­ja, el se­ña­la­mien­to, la de­nun­cia o la cla­se de His­to­ria a la fuer­za no fun­cio­nan, y mu­cho me­nos en tea­tro, por­que el tea­tro es­tá he­cho pa­ra con­tar his­to­rias. Us­ted no va a que lo re­ga­ñen, us­ted pue­de sa­lir gol­pea­do, pe­ro sin dar­se cuen­ta. O sea, sí hay que in­sul­tar, sí hay que regañar y de­nun­ciar, pe­ro sin que el pú­bli­co se dé cuen­ta. .

Ru­biano fo­to­gra­fia­do en la te­rra­za del Pla­ne­ta­rio de Bo­go­tá, un día an­tes del es­treno de Cons­te­la­cio­nes. La obra se pre­sen­ta­rá de jue­ves a do­min­go has­ta el 18 de no­viem­bre.

El ac­tor me­xi­cano Hum­ber­to Bus­to, Mar­ce­la Mar y Angélica Blan­dón son los pro­ta­go­nis­tas de Cons­te­la­cio­nes.

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