Con­tac­to El fo­tó­gra­fo que des­nu­dó a Me­la­nia Trump

SoHo (Colombia) - - Sumario -

Alé de Bas­se­vi­lle, el hom­bre cu­yas fo­tos con­mo­cio­na­ron al mun­do, es un miem­bro de la reale­za eu­ro­pea y un ado­ra­dor de Co­lom­bia.

Nos ha lla­ma­do mu­cho la aten­ción que us­ted sea un ad­mi­ra­dor de Co­lom­bia. ¿Cómo des­cu­brió nues­tro país?

La pri­me­ra vez que fui te­nía 21 años. Fue en 1991 y es­ta­ba ha­cien­do una gi­ra por Su­ra­mé­ri­ca y lle­gué so­lo. Fue una ex­pe­rien­cia inol­vi­da­ble. ¿Qué re­cuer­da?

En una dis­co­te­ca co­no­cí a una chi­ca que me in­vi­tó a Me­de­llín. Me enamo­ré de esa ciu­dad: el am­bien­te, la gen­te, to­do era es­pec­ta­cu­lar. ¿Vol­vió a ver a esa ni­ña?

No, pe­ro vol­ví tres ve­ces más: en 1998, en 2000 y en 2003. A ve­ces, por pla­cer y a ve­ces, por tra­ba­jo, pues to­mé fo­tos de mo­da. En ca­da via­je ha­bía al­go nue­vo. Car­ta­ge­na fue otro mi­la­gro pa­ra mí. Y ha­blan­do de mi­la­gros, ¿cómo llegó us­ted a fo­to­gra­fiar a Me­la­nia Trump des­nu­da?

Una vez, cuan­do vi­vía en Nue­va York, en 1995, me con­tra­tó la re­vis­ta Max pa­ra ha­cer fo­tos sen­sua­les de dos mo­de­los. Una era fa­mo­sa, Em­ma Eriks­son, y la otra era to­tal­men­te des­co­no­ci­da. Re­sul­tó ser Me­la­nia. ¿Y tu­vo ella al­gu­na reserva en des­nu­dar­se?

Es que des­de el prin­ci­pio tu­vi­mos muy bue­na quí­mi­ca. Ella es de Es­lo­ve­nia, y en Nue­va York ca­si na­die sa­be qué es eso. Yo, en cam­bio, co­no­cía per­fec­ta­men­te la re­gión, pues mi ma­má era con­de­sa de Zagreb, que ha si­do par­te de los Bal­ca­nes y hoy es ca­pi­tal de Croa­cia. ¿En­ton­ces us­ted per­te­ne­ce a la no­ble­za?

Sí. Mi fa­mi­lia vie­ne de la más an­ti­gua de Eu­ro­pa. Soy des­cen­dien­te del rey Ha­rald de No­rue­ga, y mi ma­má fue una de las úl­ti­mas prin­ce­sas del Im­pe­rio aus­trohún­ga­ro. Mi pa­pá era un no­ble ale­mán, pe­ro na­ció en Vie­na. Yo na­cí en Bur­deos, en el cas­ti­llo de Leonor de Aqui­ta­nia. Vol­vien­do a Me­la­nia: cuan­do us­ted le di­jo que eran fo­tos ca­si lés­bi­cas de dos mu­je­res des­nu­das, ¿cómo reac­cio­nó ella?

Bueno, pri­me­ro hi­ci­mos unas fo­tos en ro­pa in­te­rior con la otra mo­de­lo; de esa for­ma las dos se fue­ron co­no­cien­do. Pe­ro yo que­ría sa­car­les una emo­ción es­pe­cial a esas chi­cas. En­ton­ces les su­ge­rí que hi­cié­ra­mos unas fo­tos des­nu­das. ¿In­di­vi­dua­les o de las dos?

Las dos mo­da­li­da­des. Me­la­nia tie­ne un cuer­po es­pec­ta­cu­lar y es cons­cien­te de ello. No fue na­da com­pli­ca­da. Y cuan­do les pro­pu­so que fue­ran las dos abra­za­das, ¿hu­bo al­gu­na reac­ción?

Es que un fo­tó­gra­fo pro­fe­sio­nal man­da a las mo­de­los a un sue­ño en el que se pier­den y sa­can lo me­jor de ellas. El ver­da­de­ro fo­tó­gra­fo tie­ne que sa­car un mun­do es­pe­cial, es­pi­ri­tual, di­fe­ren­te, y cuan­do eso no pa­sa, las fo­to­gra­fías no tie­nen vi­da. ¿En­ton­ces ella no tu­vo nin­gu­na in­hi­bi­ción?

Mis fo­to­gra­fías no tie­nen mor­bo. Ella lo sin­tió in­me­dia­ta­men­te así. Ha­bía mu­cha gen­te en el es­tu­dio, el ma­qui­lla­dor, el de las luces, el asis­ten­te, y ella fue di­vi­na con to­dos. Que­da­mos en­can­ta­dos. Las fo­tos fue­ron tan per­fec­tas que nun­ca se llegó a pen­sar en Pho­tos­hop ni co­sas de esas. Pe­ro us­ted las to­mó en 1995 y sa­lie­ron a la luz pú­bli­ca 21 años des­pués, cuan­do Trump era can­di­da­to. ¿Cómo fue eso?

Pa­ra mi sor­pre­sa, un día me lla­mó Ru­pert Mur­doch, el mag­na­te más gran­de de los me­dios en el mun­do. Me di­jo que que­ría com­prar­las pa­ra sus me­dios. Las fo­tos en ese mo­men­to per­te­ne­cían al gru­po Splash, que es de Bill Ga­tes, pe­ro yo también te­nía los de­re­chos pa­ra Es­ta­dos Uni­dos. En­ton­ces se las ven­dí. ¿Y Trump o Me­la­nia nun­ca lo con­tac­ta­ron pa­ra evi­tar esa pu­bli­ca­ción? Al fin y al ca­bo, en ese mo­men­to ella po­día lle­gar a ser la pri­me­ra da­ma del país más im­por­tan­te del pla­ne­ta.

Los abo­ga­dos de ellos sí me con­tac­ta­ron, pe­ro pa­ra pre­gun­tar­me qué iba a ha­cer yo con esas fo­tos. Les di­je que eran ar­te y que na­die se de­bía asus­tar con el ar­te. ¿En­ton­ces no tra­ta­ron de blo­quear­las?

Yo di­ría que no. Se ru­mo­ra­ba mu­cho so­bre las fo­tos y se de­cía que los de­mó­cra­tas iban a usar­las po­lí­ti­ca­men­te, pe­ro fi­nal­men­te na­da pa­só. Al fin y al ca­bo, son fo­tos sin pro­vo­ca­ción y sin ma­la on­da. Pe­ro van a ter­mi­nar sien­do men­cio­na­das en los li­bros de his­to­ria… Nun­ca an­tes ha­bía su­ce­di­do al­go pa­re­ci­do con una pri­me­ra da­ma.

Yo, en re­su­men, di­ría que la his­to­ria en­tre Alé de Bas­se­vi­lle y Me­la­nia Trump fue un tra­ba­jo muy pro­fe­sio­nal y con un fi­nal fe­liz.

UNA DE LAS MO­DE­LOS ERA FA­MO­SA. LA OTRA ERA TO­TAL­MEN­TE DES­CO­NO­CI­DA. SE LLA­MA­BA ME­LA­NIA.

Las pri­me­ras fo­tos eran de dos mu­je­res en ro­pa in­te­rior y el fo­tó­gra­fo las con­ven­ció de ha­cer al­go más atre­vi­do pe­ro a su vez muy ar­tís­ti­co. Me­la­nia es la del pe­lo suel­to.

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