CLAU­DIA RO­ME­RO «LES PRE­SEN­TO A MA­RIANO»

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Un gran ra­yo de vi­da for­ma­do en la tor­men­ta de los sen­ti­mien­tos ha atra­ve­sa­do su ser de arri­ba aba­jo. De la­do a la­do. De­fi­ni­ti­va­men­te hay un an­tes y un des­pués en la vi­da de Clau­dia. Esa va­lien­te de­por­tis­ta cos­ta­rri­cen­se que lu­chó con to­das sus fuer­zas por su vi­da y fa­mi­lia tras un la­men­ta­ble ac­ci­den­te en un cam­peo­na­to ecues­tre en Fran­cia. Ya pa­sa­ron dos años de aque­lla amar­ga ex­pe­rien­cia pe­ro hoy, le­jos de los ma­los re­cuer­dos, to­do es paz, ale­gría y fe­li­ci­dad en su mun­do. Siem­pre deseó te­ner un ter­cer hi­jo, pe­ro el diag­nós­ti­co de los mé­di­cos em­pa­ñó en prin­ci­pio su sue­ño. Y es que su mi­la­gro fue más allá. Es­pe­ran­za­da en que to­do sal­dría bien, to­mó la de­ci­sión de re­to­mar la ma­ter­ni­dad, jun­to a su es­po­so, Juan Die­go Vi­lle­gas, el lí­der de la ban­da mu­si­cal Tan­go In­dia.

Pa­ra es­te mes de la ma­dre ¡HO­LA! no qui­so per­der la opor­tu­ni­dad de co­no­cer al nue­vo re­to­ño de es­ta her­mo­sa fa­mi­lia y mos­trar­lo en ex­clu­si­va en es­tas páginas.

—Clau­dia, ¡es­te be­bé es un mi­la­gro! ¿Có­mo reac­cio­nas­te con la no­ti­cia?

—Fue un be­bé muy pla­nea­do, un mi­la­gro muy desea­do. No que­ría­mos co­rrer nin­gún ries­go en­ton­ces me hi­ce to­dos los exá­me­nes po­si­bles pa­ra es­tar se­gu­ra. En Fran­cia des­pués del ac­ci­den­te me di­je­ron que no más be­bés, pe­ro acá me abrie­ron la po­si­bi­li­dad. Es­pe­ré seis me­ses des­pués de mi recuperación pa­ra ver qué pa­sa­ba y vol­ví al mé­di­co y me di­jo: “¿qué es­tás es­pe­ran­do? ¡Ya es­tás ovu­lan­do!” Jus­to, en agos­to a un año del ac­ci­den­te, ¡que­dé em­ba­ra­za­da! Afor­tu­na­da­men­te to­do ju­gó a mi fa­vor.

—Iró­ni­ca­men­te fue un em­ba­ra­zo pre­cio­so, ¡sin nin­gún do­lor, sin na­da! Es­tu­ve más activa que en mis otros dos em­ba­ra­zos, con me­nos sue­ño. Yo di­go que fue un em­ba­ra­zo de re­vis­ta por­que me fue de lo más bien. Siem­pre man­tu­ve una ac­ti­tud sú­per po­si­ti­va y con el apo­yo de to­da la fa­mi­lia, to­do sa­lió a la per­fec­ción.

—So­bre to­do mi her­mano ma­yor, él es mé­di­co por lo que en­ten­día muy bien la gra­ve­dad de lo que me pa­só, más que na­die. Él es­tu­vo muy cau­to. Co­mo fue una de­ci­sión ra­cio­nal, mi es­po­so y yo es­tá­ba­mos muy se­gu­ros y tran­qui­los. Con­for­me el em­ba­ra­zo avan­zó, to­dos fue­ron vien­do que

—¿Có­mo vi­vis­te to­do el pro­ce­so del em­ba­ra­zo? —Me ima­gino que se preo­cu­pa­ron.

«No que­ría­mos co­rrer nin­gún ries­go en­ton­ces me hi­ce to­dos los exá­me­nes po­si­bles pa­ra es­tar se­gu­ra. En Fran­cia des­pués del ac­ci­den­te me di­je­ron que no más be­bés, pe­ro acá me

abrie­ron la po­si­bi­li­dad»

Las bue­nas no­ti­cias no ce­san en la vi­da de es­ta her­mo­sa mu­jer. La lle­ga­da de su be­bé des­pués de un fa­tal ac­ci­den­te que com­pro­me­tió su vi­da ha­ce dos años en Fran­cia, es hoy un mo­ti­vo de ale­gría y jú­bi­lo.

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