ÓSCAR BER­MÚ­DEZ

Hola Costa Rica - - News - Tex­to: BERNY JI­MÉ­NEZ Fo­to­gra­fía: MA­NUE­LA MU­ÑOZ

SU TA­LEN­TO su­mer­ge al clien­te en una ex­pe­rien­cia sen­so­rial a tra­vés de in­gre­dien­tes y li­co­res. Ha­blar de cóc­te­les es des­per­tar una son­ri­sa en el ros­tro de es­te san­car­le­ño a quien la sa­tis­fac­ción se le des­bor­da en la mi­ra­da de 17 años de ex­pe­rien­cia en el ne­go­cio. Ad­mi­te que el in­gre­dien­te se­cre­to ha si­do el amor por ha­cer las co­sas bien, pa­sión que lo ha con­ver­ti­do en el ga­na­dor del World Class Cos­ta Ri­ca y lo lle­va­rá a com­pe­tir en Mia­mi es­te mes fren­te a 50 com­pe­ti­do­res de di­fe­ren­tes par­tes del mun­do. —¡HO­LA! vi­si­tó al bar­ten­der es­tre­lla del Bar Poc­ket pa­ra co­no­cer la his­to­ria de­trás de su ca­rre­ra.

El ma­go del ar­te de la coc­te­le­ría

¿Có­mo re­ci­be la no­ti­cia de ser el ga­na­dor del World Class Cos­ta Ri­ca?

—En ese mo­men­to fue una ale­gría to­tal, no po­día creer­lo. Es­ta­ba muy ace­le­ra­do con las prue­bas por­que fue­ron va­rios re­tos, en­ton­ces al fi­na­li­zar me die­ron la no­ti­cia y, sin du­da, fue una ale­gría muy gran­de

—Sa­be­mos que tie­ne 17 años en el ne­go­cio, pe­ro cuén­te­nos so­bre su vi­da.

—Mi tío fue quien me me­tió en el ne­go­cio de los ba­res. Por cues­tio­nes fa­mi­lia­res tu­ve que de­jar el co­le­gio y él me dio la po­si­bi­li­dad de lim­piar el bar don­de tra­ba­ja­ba. Des­pués pa­sé a cui­dar la puer­ta del bar y por úl­ti­mo me me­tía a la ba­rra y me da­ba mu­cha gra­cia por­que la gen­te me pe­día tra­gos y yo no sa­bía que era na­da de eso.

—En es­te ne­go­cio exis­te mu­cha com­pe­ten­cia, pe­ro ¿cuál es el se­llo per­so­nal que le im­pri­me a ca­da tra­go?

—Me gus­ta ha­cer las co­sas con amor. Yo le pon­go to­da mi aten­ción cuan­do ha­go un cóc­tel, y mu­chas ve­ces la gen­te se va a pro­bar al­guno a otra par­te y vuel­ven por­que les gus­ta mi for­ma de pre­pa­rar­los. No se tra­ta de ha­cer una in­fu­sión y ya, sino de pro­bar, me­dir los tiem­pos, sen­tir to­das las no­tas y po­ner tu mar­ca.

Des­de ha­ce tres años es­toy con el pro­gra­ma World Class, he apren­di­do mu­chí­si­mo y he cre­ci­do co­mo pro­fe­sio­nal.

—Me gus­ta la ca­ra de la gen­te cuan­do le doy un cóc­tel y les ex­pli­co que trae una in­fu­sión de ja­ra­be de pi­mien­ta con ro­me­ro por ejem­plo y me pre­gun­tan có­mo lo ha­go. Me gus­ta la ca­ra de sor­pre­sa pe­ro tam­bién la sa­tis­fac­ción que que­da cuan­do a la gen­te le gus­ta lo que ha­go.

—Mi es­po­sa es una que le gus­ta que los do­min­gos le ha­ga mo­ji­tos, así que yo le cam­bio el ju­go de li­món por fru­tas o le cam­bio el ron por el whisky pa­ra cam­biar un po­co. Mi hi­jo di­ce que va a ser chef y aga­rra la coc­te­le­ra y se po­ne a ha­cer que pre­pa­ra un tra­go.

—¿Qué es lo que más dis­fru­ta del ba­ris­mo? —¿Có­mo com­bi­na su ofi­cio con la vi­da fa­mi­liar? —En po­cos días es­ta­rá en la fi­nal de World Class, ¿qué ex­pec­ta­ti­vas tie­ne del even­to?

—Mu­chas ve­ces no so­lo se tra­ta de mez­clar por mez­clar. Hay que in­ves­ti­gar y es­tu­diar los in­gre­dien­tes. Mi men­ta­li­dad no es su­pe­rar a los de­más com­pe­ti­do­res, sino su­pe­rar­me a mí mis­mo. Aho­ra se­rá la pri­me­ra ex­pe­rien­cia de via­jar al ex­te­rior. Mi men­ta­li­dad es ir a dar un ex­ce­len­te ser­vi­cio. Un bar­ten­der de­be te­ner hu­mil­dad. Nun­ca ol­vi­dar de dón­de vie­ne. Yo na­cí en San Carlos y aho­ra vi­vo en Es­ca­zú, po­drán de­cir­me que soy el me­jor en es­to, pe­ro yo creo que el se­cre­to es­tá en po­ner mi ta­len­to al ser­vi­cio de la gen­te.

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