LUIS DELIYORE

“El cor­te y el co­lor to­can mis emo­cio­nes y me ha­cen in­ves­ti­gar y cre­cer en­torno a la cultura”

Hola Costa Rica - - Contenido - Tex­to: RE­DAC­CIÓN ¡HO­LA! Fo­to­gra­fía: SO­FÍA MÉN­DEZ Lo­ca­ción: DELIYORE HAIR SALON PRIVÉ 2100 6138 / de­li­yo­re­sa­lon@gmail.com

CA­DA COR­TE, ca­da co­lor ha na­ci­do de la poesía que sa­le de sus ma­nos. La pa­sión que tie­ne por su tra­ba­jo y la de­di­ca­ción a lo que al­gu­nas lo ve­mos tan sen­ci­llo como un cor­te de ca­be­llo, él la ve como una opor­tu­ni­dad pa­ra sacar el la­do se­cre­to que te­ne­mos las mu­je­res. Su sue­ño como es­ti­lis­ta fue te­ner su pro­pio es­tu­dio y hoy ve con or­gu­llo la rea­li­za­ción de es­te an­he­lo. En con­jun­to con Car­men Avendaño, una de sus clien­tas y aho­ra so­cia es­tra­té­gi­ca, Luis abrió las puer­tas de Deliyore Hair Salon Privé, una me­ca del es­ti­lis­mo, donde las mu­je­res no so­lo sa­len con nue­vos looks, sino tam­bién con nue­vas son­ri­sas y un pe­que­ño gi­ro de cómo per­ci­bir la vi­da. Su es­pa­cio se ubi­ca en San Ra­fael de Es­ca­zú. —¡El lugar es­tá her­mo­so! ¿Qué ser­vi­cios pue­den en­con­trar tus clien­tas acá? —Ofre­ce­mos un di­se­ño per­so­na­li­za­do en ca­da cor­te. Ade­más de ex­ten­sio­nes, ma­qui­lla­je, pei­na­do, ma­ni­cu­re, pe­di­cu­re, pe­di­cu­re y ma­ni­cu­re spa. —Me co­men­ta­bas que éste se­rá un ser­vi­cio muy ex­clu­si­vo y per­so­na­li­za­do, ¿cuál es el fac­tor que ha­rá la di­fe­ren­cia? —To­ma­mos en cuen­ta la per­so­na­li­dad y el es­ta­do emo­cio­nal. Acá van a en­con­trar un di­se­ño to­tal de ima­gen. Acá tra­ta­mos de di­se­ñar to­man­do en cuen­ta tú pro­fe­sión, es­ta­do de áni­mo, tono de piel, tono de ojos, la pa­le­ta de co­lor que te fa­vo­re­ce y la que no, así como las fi­gu­ras geo­mé­tri­cas con la que tú cuer­po pue­de re­pre­sen­tar (vi­sa­gis­mo). Son mu­chos ele­men­tos que po­nes jun­tos y crean un look per­fec­to. —¿Con­si­de­ras es­ta aper­tu­ra como un gran lo­gro en tu carrera? —¡Es el lo­gro más gran­de que he te­ni­do! —¿Cuál di­rías que es el pei­na­do más trendy de la tem­po­ra­da? —En reali­dad, pue­de so­nar cli­ché pe­ro po­dría de­cir­te que el pei­na­do más trendy que pue­de ha­ber es el con el que te sien­tas más có­mo­da. No exis­te un úni­co pei­na­do, porque yo pue­do en­ten­der que qui­zá hay un pa­rá­me­tro que se­gui­mos, pe­ro no pre­ci­sa­men­te tie­nes que co­piar ese pa­rá­me­tro, tie­nes que ins­pi­rar­te de ese pa­rá­me­tro.

Aún así, aho­ri­ta es­ta­mos en un efec­to de cor­tes con ter­mi­na­cio­nes más cru­das, no tanto pi­co, ni gra­fi­la­do, ni tex­tu­ri­za­do. Po­de­mos ha­blar de for­mas más na­tu­ra­les y no tan mi­ni­ma­lis­tas. Una ima­gen más cru­da del ca­be­llo. —En mu­chas oca­sio­nes el ca­be­llo re­sul­ta un ar­ma de se­duc­ción pa­ra las mu­je­res, ¿cómo ayu­das a tus clien­tas a que se sien­tan em­po­de­ra­das de sí mis­mas? —El ca­be­llo es una par­te sú­per im­por­tan­te de nues­tro cuer­po, a ve­ces in­clu­so ol­vi­da­mos cuál es su com­po­si­ción real. Es­te de­fi­ne quién eres, ahí es­tá tú ADN, ahí es­tá to­do. En las mu­je­res prin­ci­pal­men­te es una par­te que in­flu­ye bas­tan­te en ellas. He­mos te­ni­do ex­pe­rien­cias que al­guien lle­ga al sa­lón sú­per de­pri­mi­da y sa­le fe­liz. ¡Y so­lo porque la pei­nas­te di­fe­ren­te! Di­ría que el ca­be­llo en ellas, es el mar­co, su ex­pre­sión. —¿Qué opi­nas del nue­vo look de Kris­ten Ste­wart y Katy Perry? —En reali­dad ningún look es­tá mal mien­tras es­té bien eje­cu­ta­do. El look es una ex­ten­sión de tú len­gua­je que no pues de­cir­lo a to­das las per­so­nas. Se pue­de ex­pre­sar. En­ton­ces mien­tras es­té bien eje­cu­ta­do, lo voy a aplau­dir y me en­can­ta porque hay que en­ten­der que to­das las per­so­nas te­ne­mos per­so­na­li­da­des di­fe­ren­tes, nos ex­pre­sa­mos di­fe­ren­tes, el ca­be­llo y la ima­gen es una ex­ten­sión de es­tos. Por eso, mien­tras es­té bien he­cho, ¡to­do bien! —¿Cuál es el se­cre­to pa­ra man­te­ner un ca­be­llo ra­dian­te y sano? —Te di­ría que una bue­na ali­men­ta­ción, un re­cor­te de pun­tas cons­tan­tes de al me­nos tres me­ses. No exa­ge­rar en las tin­tu­ra­cio­nes. Te­ner mucha cons­cien­cia so­bre el quí­mi­co que le es­ta­mos de­po­si­tan­do al ca­be­llo. Te­ner de­fi­ni­do el look que que­re­mos y no caer en ex­pe­ri­men­tos. Y prin­ci­pal­men­te te­ner una bue­na dis­ci­pli­na y aseo. —¡Tu agen­da siem­pre es­tá llena! ¿Qué ha­ces pa­ra dis­traer­te de to­do el aje­treo del sa­lón? —¡Dor­mir! No soy la per­so­na que sa­le, que an­da de fies­ta. Soy de es­tar en mi ca­sa. O sa­lir a tomar o co­mer al­go, pe­ro eso es lo más que pue­do ha­cer du­ran­te el día. Porque veo tan­ta gen­te al día que pre­fie­ro lu­ga­res más pri­va­dos o tran­qui­los.

— ¿A qué per­so­na­li­dad del es­pec­tácu­lo in­ter­na­cio­nal te gus­ta­ría pre­pa­rar y por qué? —Mi­che­lle Oba­ma, creo que pa­ra mí es una mu­jer que re­pre­sen­ta po­der, de­li­ca­de­za, ele­gan­cia. Y eso es al­go que in­di­fe­ren­te­men­te que la pue­da aten­der o no, el he­cho de con­ver­sar con ella, es al­guien que pue­de dar­te mu­cho, ella es una de las per­so­nas que me po­dría apa­sio­nar aten­der

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