SA­RA RO­DRÍ­GUEZ Y CA­RO­LI­NA SÁN­CHEZ

La co­mu­ni­ca­do­ra po­sa es­plén­di­da en un ex­clu­si­vo re­por­ta­je jun­to a su úni­ca hi­ja, que es­te mes ce­le­bra su ma­yo­ría de edad «Sa­ra es una jo­ven ex­tra­or­di­na­ria. Des­de chi­qui­ta fue una ni­ña muy cau­te­lo­sa, de­li­ca­da» «Mi ma­má es una mu­jer muy fuer­te que ha pa­sad

Hola Costa Rica - - Contenido - —No creo te­ner el mis­mo ca­rác­ter de ella, yo soy un po­co más tí­mi­da, más ca­lla­di­ta. —¿Có­mo la des­cri­bi­rías? —Mi ma­má es una per­so­na muy tra­ba­ja­do­ra, siem­pre en­cuen­tra el tiem­po pa­ra ha­cer to­do lo que se pro­po­ne y lo sien­to co­mo una gran mo­ti­va­ción pa­ra m

Su pri­mer re­por­ta­je jun­tas

ACAROLINA TO­DOS la co­no­ce­mos. Su con­ta­gio­sa ri­sa, su buen hu­mor y su dul­zu­ra es­tán pre­sen­tes en to­da la ac­ti­vi­dad so­cial de es­te país. Sin em­bar­go, no es muy co­mún ver a su úni­ca hi­ja, pues has­ta aho­ra, ha man­te­ni­do un per­fil muy ba­jo. Es­tu­dio­sa, con me­tas cla­ras y con la he­ren­cia de una be­lle­za su­bli­me, Sa­ra, quien es­te mes cum­ple sus 18 años, ha ac­ce­di­do a es­te ex­clu­si­vo re­por­ta­je pa­ra ¡HO­LA! pa­ra que la po­da­mos co­no­cer en su es­fe­ra más per­so­nal. Ha­bla­mos con am­bas so­bre su re­la­ción, sus di­fe­ren­cias, si­mi­li­tu­des y, por su­pues­to, del fí­si­co que am­bas com­par­ten. —Sa­ra, es­tás a muy po­co de gra­duar­te del co­le­gio. ¿Ya pen­sas­te a qué que­rés de­di­car­te? —La ver­dad no es­toy muy se­gu­ra. Ni si­quie­ra sé si me quie­ro que­dar a es­tu­diar acá o ir a Es­ta­dos Uni­dos, pe­ro sí que es­toy in­tere­sa­da los ne­go­cios y la nu­tri­ción. Me gus­ta­ría com­ple­men­tar las dos co­sas, pe­ro aún no es­toy se­gu­ra. —Tu pre­sen­cia en los even­tos llama mu­chí­si­mo la aten­ción. Hay gen­te que di­ce que po­drías ser una ex­ce­len­te mo­de­lo… ¿te ha pa­sa­do por la ca­be­za? —La ver­dad es que sí, va­rias per­so­nas me han di­cho que por qué no da­ba una prue­ba en el mun­do del mo­de­la­je, pe­ro sien­to que pri­me­ro ten­go que ter­mi­nar mis es­tu­dios y ya des­pués ve­ré si lo ha­go co­mo un hobby o al­go así. A mi her­ma­na Va­li le ha ido sú­per bien y tal vez en al­gún mo­men­to de la vi­da po­dría hablar con ella a ver có­mo po­dría ayu­dar­me. —Ha­blan­do de tus her­ma­nas, ¿có­mo es la re­la­ción con ellas? —To­das son mu­cho ma­yo­res que yo, a las que más veo son a Me­la­nia y Raquel. Raquel tie­ne dos ni­ños que es­tán en el mis­mo co­le­gio que yo, en­ton­ces los veo más, los sa­lu­do o va­mos a co­mer. —¿Cuál es la que vi­ve en Es­ta­dos Uni­dos? —Va­li, ella es­tá tra­ba­jan­do en bie­nes raí­ces y to­da­vía si­gue con al­gu­nas co­sas del mo­de­la­je. —Ha­ble­mos de tu ma­má, ¿qué crees que has he­re­da­do de ella? (SI­GUE)

dos sus pro­ble­mas. La ad­mi­ro mu­cho, por­que en al­gún mo­men­to de su vi­da tu­vo dos tra­ba­jos y no te­nía­mos mu­cho tiem­po jun­tas, pe­ro ese mo­men­to nos ayu­dó a en­ten­der que, a pe­sar de to­do, nues­tra re­la­ción se man­te­nía fuer­te. Tam­bién me ale­gra que ha­ya en­con­tra­do a un hom­bre que de ver­dad la ama, la res­pe­ta, tan­to a ella co­mo a mí, que nos ha da­do to­do tan­to ella co­mo a mí y has­ta más sin ha­ber­lo pe­di­do yo. Siem­pre va a triun­far en to­do lo que se pro­pon­ga, es muy be­lla y ex­tro­ver­ti­da. —Tu ma­má tie­ne una agen­da muy apre­ta­da, pe­ro cuan­do lo­gran pa­sar tiem­po jun­tas, ¿qué les gus­ta ha­cer? —Ca­si siem­pre va­mos al sa­lón jun­tas y me gus­ta mu­cho por­que es­ta­mos so­las, no­so­tras dos. A ve­ces va­mos a al­mor­zar o a ce­nar, tam­bién nos gus­ta ir de com­pras al cen­tro co­mer­cial. Me lle­va y me trae de fies­tas o adón­de sea que yo ne­ce­si­te que me lle­ve, ahí es­tá. —¿Re­cor­dás al­gún con­se­jo im­por­tan­te que te ha­ya da­do? —¡La ver­dad es que me re­ga­ña bas­tan­te! (Ri­sas). Sien­to que una de las co­sas que más me ha in­cul­ca­do es el or­den, la dis­ci­pli­na y el res­pe­to ha­cia los de­más. Es una per­so­na sú­per or­de­na­da y or­ga­ni­za­da. A mí tam­bién me gus­ta te­ner las co­sas bien or­ga­ni­za­das, ten­go muy cla­ras mis prio­ri­da­des: el co­le­gio pri­me­ro y des­pués vie­nen los ami­gos, las fies­tas o los hob­bies. Tam­bién he apren­di­do que ten­go que ser sú­per res­pe­tuo­sa con los de­más, el res­pe­to es su­ma­men­te im­por­tan­te, tan­to con mi fa­mi­lia, mis ami­gos y has­ta con la gen­te que no co­noz­co. Sé que siem­pre hay que po­ner­le una son­ri­sa a las co­sas, que pa­se lo que pa­se siem­pre hay que con­fiar en Dios por­que el plan que tie­ne pa­ra uno es per­fec­to y que a ve­ces hay que pa­sar por co­sas di­fí­ci­les y prue­bas; pe­ro ella me ha en­se­ña­do que hay que con­fiar en que uno pue­de ha­cer las co­sas y sa­lir ade­lan­te. —To­man­do en cuen­ta tus raí­ces ve­ne­zo­la­nas, ¿qué cos­tum­bres te­nés o man­te­nés de esa cul­tu­ra? —Cuan­do es­toy con mis pri­mas o mi abue­la me sa­le un po­co el acen­to y soy un po­co más ex­tro­ver­ti­da, cambio un po­co cuan­do es­toy con ellas, ¡me en­can­ta su cul­tu­ra! —¡Me en­can­tan las are­pas! Mi abue­li­ta siem­pre me las ha­ce, ade­más de las em­pa­na­das. —¿Y qué hay de la co­mi­da? —¿Has te­ni­do la opor­tu­ni­dad de ir a Ve­ne­zue­la? —Sí, la úl­ti­ma vez fue ha­ce co­mo cin­co o seis años. La ver­dad fue muy du­ro pa­ra no­so­tras ir y no sen­tir­nos se­gu­ras, co­mo aquí. La in­se­gu­ri­dad que uno sien­te cuan­do es­tá ahí es muy du­ra. Cuan­do re­gre­sa­mos nos sen­ti­mos abru­ma­das de que nues­tra fa­mi­lia es­tu­vie­ra ahí, ex­pues­ta a tan­ta vio­len­cia, asal­tos y has­ta muer­tes. Es una lás­ti­ma que un país tan bo­ni­to es­té en esa si­tua­ción. —Cam­bian­do un po­co el te­ma, es­tás a muy po­cos días de cum­plir tus 18, ¿có­mo te sen­tís? —Sú­per emo­cio­na­da, pe­ro a la vez es me­dio du­ro en­trar a esta nue­va eta­pa. A los 18 años ya uno tie­ne más res­pon­sa­bi­li­da­des, tie­ne que dar­se cuen­ta que la vi­da no es fá­cil y no to­do va a es­tar en las ma­nos de uno, que hay que tra­ba­jar pa­ra ga­nar­se la vi­da. Tam­bién sien­to que voy a apren­der co­sas nue­vas, que tal vez no he ex­pe­ri­men­ta­do has­ta aho­ra. Los 18 años es prác­ti­ca­men­te la in­de­pen­den­cia y sien­to que es una eta­pa nue­va, pe­ro muy bo­ni­ta. —¿Có­mo pen­sás ce­le­brar­lo?

—No es­toy se­gu­ra, pe­ro creo que

voy a ha­cer una fies­ta con mis ami­gos más cer­ca­nos y, de re­ga­lo, voy a pe­dir un via­je. —¿Y dón­de que­rés ir?

—A Eu­ro­pa o tal vez a Mia­mi, pe­ro aún no lo sé. —¿Te­nés no­vio?

—Sí, se llama Fe­li­pe.

—¿Có­mo te ves en el fu­tu­ro? Den­tro de 10 años por ejem­plo… —Me ima­gino es­tar tra­ba­jan­do al 100%. Es­pe­ro ha­ber de­fi­ni­do lo que me gus­ta ha­cer en la vi­da, al­go que me mo­ti­ve. Con 28 años es­pe­ro te­ner una re­la­ción es­ta­ble, tal vez a esa edad ya po­dría te­ner un hi­jo. Me pa­re­ce que la fa­mi­lia es sú­per im­por­tan­te, más que aho­ra so­mos tan po­qui­tos, pe­ro quie­ro de­jar un le­ga­do. —Ca­ro, se ve que has he­cho un ex­ce­len­te tra­ba­jo con la crian­za de Sa­ra. ¡Fe­li­ci­da­des! —¿Qué te pue­do de­cir cha­mo? Sa­ra es una jo­ven ex­tra­or­di­na­ria. Des­de chi­qui­ta fue una ni­ña muy cau­te­lo­sa, de­li­ca­da. ¡No es tor­pe co­mo su ma­dre! (Ri­sas) Re­cuer­do la pri­me­ra vez que la de­jé en el Kín­der y me di­jo: “Ma­má ve­ní a me­cer­me en el co­lum­pio”, cin­co mi­nu­tos des­pués me di­jo: “Ya, aho­ra sí po­dés ir­te, es­toy lis­ta”. Nun­ca llo­ró y siem­pre le gus­tó la es­cue­la. Es muy es­tu­dio­sa y per­se­ve­ran­te; per­fec­cio­nis­ta. No se quie­re sa­car un 100 si no un 200. Siem­pre ha si­do una bue­na ami­ga y aun­que aho­ra que tie­ne no­vio, sa­be sa­car el ra­to pa­ra pa­sar­lo con sus ellas. Es­tu­vo 10 años en el ba­llet ru­so, por eso siem­pre tie­ne esa pos­tu­ra. Me do­lió mu­cho cuan­do sa­lió, pe­ro ca­da quien cum­ple sus me­tas y sue­ños. —¿En qué se di­fe­ren­cian?

—A ve­ces ella me co­rri­ge, es muy apro­pia­da con sus co­men­ta­rios. Sin em­bar­go, te­ne­mos una co­ne­xión es­pe­cial que ha­ce que con só­lo mi­rar­nos o ha­cer­nos un ges­to ya se­pa­mos lo que pa­sa. —¿Qué ejem­plo ha vis­to ella en vos?

—Creo que el de una mu­jer es­for­za­da y es­tu­dio­sa. Por ejem­plo, la maes­tría la ter­mi­né es­tan­do em­ba­ra­za­da de ella, en el 99, pe­ro me ha vis­to es­tu­diar fran­cés, por­tu­gués e ita­liano; tam­bién ha­cien­do ejer­ci­cios y co­mien­do sano. Ha vis­to que soy una per­so­na muy tra­ba­ja­do­ra y muy or­de­na­da con el di­ne­ro, que no soy una ma­má lo­ca que an­da por ahí gas­tan­do la pla­ta. Una vez, cuan­do me di­vor­cié, tu­vi­mos que ven­der un ca­rro por­que man­te­ner­lo era muy ca­ro, por lo que me tu­ve que com­prar un ca­rro más acor­de y ella fue tes­ti­go de ese ti­po de co­sas. Ha vi­vi­do con al­gu­nos lu­jos pe­ro tam­bién ha te­ni­do un po­co de freno. Si le di­ces que lle­gue a tal ho­ra, lle­ga a esa ho­ra, tie­ne su ce­lu­lar des­de los 7 años y nun­ca ha ve­ni­do una cuen­ta más allá de lo ne­ce­sa­rio, tie­ne tar­je­ta de cré­di­to des­de ha­ce cin­co años y nun­ca se ha pa­sa­do

«Una de las co­sas que más me ha in­cul­ca­do es el or­den, la dis­ci­pli­na y el res­pe­to ha­cia los de­más. Es una per­so­na sú­per or­de­na­da y or­ga­ni­za­da. A mí tam­bién me gus­ta te­ner las co­sas bien or­ga­ni­za­das, ten­go muy

cla­ras mis prio­ri­da­des»

«La apo­yo y la voy a apo­yar siem­pre. Si quie­re ser mo­de­lo o Miss, igual la apo­yo, por­que le gus­tan al­gu­nas co­sas de eso y otras no. Lo im­por­tan­te es que sea lo que ella quie­ra ser»

un co­lón más ni un dó­lar más. Cuan­do tie­ne un com­por­ta­mien­to así y te pi­de per­mi­so pa­ra al­go es bas­tan­te com­pli­ca­do no dár­se­lo. Real­men­te ha si­do muy res­pe­tuo­sa con sus lí­mi­tes. —Tu per­so­na­li­dad es sú­per ex­tro­ver­ti­da, to­do el mun­do te co­no­ce, por tu fa­ce­ta te­le­vi­si­va, pe­ro ella es mu­cho más ba­jo per­fil… —Yo creo que ca­da uno sa­ca al­go de sus pa­pás y ella sa­có eso del su­yo, que es más ín­ti­mo y re­ser­va­do. No le gus­ta ser fi­gu­ra pú­bli­ca, aun­que le da or­gu­llo y le gus­ta que sea quien soy. Ella sa­có eso de su pa­pá, pe­ro cuan­do es­tá muy en con­fian­za es muy ex­tro­ver­ti­da. Tú la oyes con sus ami­gas y es co­mo yo, aun­que nor­mal­men­te es más re­ser­va­da. —¿Qué pa­sa si el día de ma­ña­na se de­di­ca al mo­de­la­je? —(Ri­sas) Bueno, por ser her­ma­na de Va­li ya ha vi­vi­do un po­co eso, lo que pa­sa es que co­mo es bue­na es­tu­dian­te pre­fie­re esa fa­ce­ta. Me di­ce “ma­mi lo que yo quie­ro es es­tu­diar y te­ner un pro­fe­sión”. Real­men­te ha te­ni­do ahí sus co­que­teos en el co­le­gio y la ver­dad es que creo que le da un po­co de miedo ese mun­do, por­que lo ha ex­pe­ri­men­ta­do un po­co. Hay cier­tos pe­li­gros y co­sas que pa­san, ade­más de que es­tá bas­tan­te en­fo­ca­da en que quie­re ir a es­tu­diar afue­ra, pe­ro real­men­te no sé qué va a pa­sar. —Pe­ro tie­ne to­das las cua­li­da­des y be­lle­za pa­ra ser Miss Uni­ver­so… —Yo le di­go que en lo que ella quie­ra ha­cer, la apo­yo y la voy a apo­yar siem­pre. Si quie­re ser mo­de­lo o Miss igual la apo­yo, por­que le gus­tan al­gu­nas co­sas de eso y otras no. Lo im­por­tan­te es que sea lo que ella quie­ra ser, doc­to­ra, mo­de­lo o lo que sea, pe­ro es una ni­ña muy con­ven­ci­da de que quie­re es­tu­diar y te­ner una ca­rre­ra uni­ver­si­ta­ria. —En po­cos días va­mos a ce­le­brar el Día de la Ma­dre, ¿qué sue­len ha­cer pa­ra esta fe­cha? —Aho­ra es sú­per bo­ni­to por­que mi ma­dre es­tá en Cos­ta Ri­ca. Ha­ce­mos un al­muer­zo y la pa­sa­mos in­creí­ble —¿Cuál es el re­ga­lo más emo­ti­vo que te ha da­do Sa­ra? —Vie­ras que Sa­ra siem­pre ha si­do de es­cri­bir muy lin­do, en­ton­ces me ha re­ga­la­do men­sa­jes pre­cio­sos. Si bien es muy ca­lla­da y re­ser­va­da, cuan­do te di­ce al­go es muy lin­do y si se tra­ta de un re­ga­lo ma­te­rial sa­be exac­ta­men­te qué dar­me. Es muy de­ta­llis­ta y ce­ro co­do, si tie­ne que aho­rrar pa­ra dar­me el re­ga­lo que quie­re, lo ha­ce, le gus­ta dar bue­nos re­ga­los. —Me ima­gino que a ve­ces les di­cen que pa­re­cen her­ma­nas… —¡Oja­lá yo me vea tan lin­da co­mo ella!, aun­que mu­chas ve­ces cuan­do veo fo­tos me que­do pen­san­do que nos pa­re­ce­mos mu­cho. Re­cuer­do que cuan­do te­nía la edad de ella mi cuer­po era exac­ta­men­te así. —Por eso es que di­cen que las ve­ne­zo­la­nas son las más lin­das del mun­do… —¡Wow! (Ri­sas), es que es­tar en el Miss Ve­ne­zue­la y en el Miss Uni­ver­so es al­go in­creí­ble, pe­ro acá, en Cos­ta Ri­ca, no lo veo así. Me di­cen que la al­tu­ra la sa­có de mí, es muy al­ta y, co­mo es muy re­ser­va­da y no es tan es­can­da­lo­sa, se ve muy ele­gan­te y es­ti­li­za­da.

Es­tu­dio­sa, con me­tas cla­ras y con la he­ren­cia de una be­lle­za su­bli­me, Sa­ra, quien es­te mes cum­ple sus 18 años, ha ac­ce­di­do a es­te ex­clu­si­vo re­por­ta­je pa­ra ¡HO­LA! pa­ra que la po­da­mos co­no­cer en su es­fe­ra más per­so­nal. Ha­bla­mos con am­bas so­bre su re­la­ción, sus di­fe­ren­cias, si­mi­li­tu­des y, por su­pues­to, del fí­si­co que am­bas com­par­ten.

Con una be­lla vis­ta a la ciu­dad de San Jo­sé, ma­dre e hi­ja po­san con su fir­ma de di­se­ño fa­vo­ri­ta, Ca­ro­li­na He­rre­ra. Ade­más de com­par­tir la be­lle­za na­tu­ral, Sa­ra y Ca­ro son per­so­nas com­pro­me­ti­das, es­for­za­das y am­bas, apues­tan siem­pre a ga­nar.

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