DR. OS­CAR

«Para al­can­zar el éxi­to hay que ser hu­mil­de, sa­ber que to­do es un sa­cri­fi­cio y se de­be te­ner in­te­gri­dad»

Hola Costa Rica - - Contenido - (SI­GUE)

Una vi­da de lo­gros y éxi­tos

EL DOC­TOR OS­CAR Ro­jas es un re­co­no­ci­do nu­tri­cio­nis­ta que pe­se a su ju­ven­tud ha re­co­rri­do un lar­go ca­mino, su his­to­ria de vi­da lo im­pul­só a con­ver­tir­se en un pro­fe­sio­nal que hoy sa­bo­rea el éxi­to tras co­no­cer el fra­ca­so. Es­te jo­ven es un lí­der in­na­to y un gran co­mu­ni­ca­dor que siem­pre ve el la­do po­si­ti­vo de la vi­da, ca­rac­te­rís­ti­cas que le han per­mi­ti­do rein­ven­tar­se en los mo­men­tos más di­fí­ci­les. Su amor por los es­ti­los de vi­da sa­lu­da­bles na­ció des­de la ni­ñez, épo­ca don­de ex­pe­ri­men­tó ma­las ex­pe­rien­cias a cau­sa de la obe­si­dad. Esta eta­pa no so­lo lo im­pul­só a bus­car he­rra­mien­tas para me­jo­rar su salud, sino que le ayu­dó a en­con­trar su ver­da­de­ra vo­ca­ción: trans­mi­tir un men­sa­je para cam­biar vi­das a tra­vés de su pro­fe­sión. Es­te em­pre­sa­rio de 30 años nos cuen­ta sus ini­cios, su amor por la nu­tri­ción y có­mo lo­gró po­si­cio­nar en tan so­lo año y me­dio, cua­tro clí­ni­cas Doc­tor Os­car, co­mo una de las em­pre­sas más exi­to­sas en el com­pe­ti­ti­vo mer­ca­do cos­ta­rri­cen­se.

—Os­car, ¿có­mo fue­ron tus ini­cios? —¿Por qué de­ci­dis­te es­tu­diar nu­tri­ción y trans­for­mar vi­das a tra­vés de tus co­no­ci­mien­tos?

—Mi in­te­rés por la nu­tri­ción na­ció a los 10 u 11 años, por­que fui un ni­ño con pro­ble­mas de obe­si­dad con 10 ó 12 ki­los de más. No su­frí bull­ying pe­ro sí re­ci­bía esas bur­las que a na­die le gus­tan y cuan­do ju­ga­ba fút­bol no da­ba el ren­di­mien­to ne­ce­sa­rio. En­ton­ces co­men­cé a ge­ne­rar un pa­trón de in­co­mo­di­dad y un com­ple­jo bas­tan­te fuer­te pro­duc­to del so­bre­pe­so y la obe­si­dad. Co­mo a los 13 años to­mé la de­ci­sión de ba­jar de pe­so y em­pe­cé a prac­ti­car ejer­ci­cio, co­men­cé a ha­cer al­gu­nas co­sas de for­ma em­pí­ri­ca, no co­mía ga­lle­tas, de­jé las ga­seo­sas y pues bueno, em­pe­cé a ba­jar un po­co de pe­so. Cuan­do lle­gó la eta­pa del colegio me en­tró la va­ni­dad y en­ton­ces evi­den­te­men­te en mí en­tró el de­seo de es­tu­diar. Cuan­do lle­gué a la uni­ver­si­dad qui­se es­tu­diar al­go re­fe­ren­te a la par­te de es­té­ti­ca y salud, en­ton­ces en la Uni­ver­si­dad Na­cio­nal reali­cé cur­sos de fi­sio­lo­gía y pro­mo­ción del de­por­te. Hi­ce cur­sos de ins­truc­tor de pe­sas y ahí co­no­cí a gen­te edu­ca­da, que se cui­da, que se ali­men­ta de ma­ne­ra ade­cua­da y pues me aden­tré en ese mun­do. En­tró en mí el de­seo de ali­men­tar­me bien y em­pe­zar una ca­rre­ra y ahí apa­re­ció el de­seo de Ós­car de ser nu­tri­cio­nis­ta. Hay per­so­nas (con so­bre­pe­so) que an­dan con la ca­be­za aba­jo o que no quie­ren ir a la pla­ya, no quie­ren com­prar ro­pa y eso me con­mue­ve, así que yo creo que ten­go el ta­len­to y la ha­bi­li­dad no so­la­men­te para es­tu­diar y co­no­cer, sino de po­der trans­mi­tir un men­sa­je que yo creo que eso es lo más im­por­tan­te. Es­tu­dié nu­tri­ción, sa­qué la li­cen­cia­tu­ra, ten­go un doc­to­ra­do y he rea­li­za­do cur­sos so­bre dia­be­tes así co­mo de la par­te ce­to­gé­ni­ca y de­por­ti­va.

—A pe­sar de tu cor­ta edad, eres un em­pre­sa­rio exi­to­so, ¿có­mo lo­gras­te eso a los 30 años?

—Yo siem­pre he si­do em­pren­de­dor, des­de que es­ta­ba en la es­cue­la siem­pre me ca­rac­te­ri­za­ba por ser el lí­der y en la uni­ver­si­dad siem­pre ex­po­nía per­fec­to, trans­mi­tía los men­sa­jes de la me­jor ma­ne­ra, tal vez no era el me­jor es­tu­dian­te pe­ro era el me­jor ex­po­si­tor. Cuan­do me gra­dué tra­ba­jé en una em­pre­sa lla­ma­da Nu­tri­sa­lud, es­tu­ve al­re­de­dor de dos años y la hi­ce cre­cer, cuan­do in­gre­sé era un clí­ni­ca nor­mal y al año y me­dio no ca­bía la gen­te, a

«A los jó­ve­nes les gus­ta co­mer las co­sas más sen­ci­llas, las más rá­pi­das, las más ba­ra­tas y las más po­pu­la­res, hoy en día los mi­lle­nials co­men lo que es­tá de mo­da, sin in­tere­sar­les si es sa­lu­da­ble o no»

los clien­tes les en­can­ta­ba el tra­to del doc­tor Os­car.

Por­que en­con­tré que a un pa­cien­te obe­so no so­la­men­te se le de­be dar la die­ta, sino que tam­bién es im­por­tan­te mo­ti­var la par­te psi­co­ló­gi­ca y ha­cer­lo sen­tir que él pue­de ba­jar de pe­so. Des­pués me di cuen­ta de que es­ta­ba en­ri­que­cien­do a una em­pre­sa y me po­día en­ri­que­cer yo. ¿Por qué no? ¡Hay que ti­rar­se! Ahí fue cuan­do di­je que me iba de Nu­tri­sa­lud para po­ner­me una clí­ni­ca que yo lla­mé Nu­tri­va, eso fue ha­ce 5 años.

Es­tu­ve dos años so­lo, fue una clí­ni­ca exi­to­sa, me lle­ga­ba mu­cha gen­te y aten­día en un cuar­to pe­que­ño con un so­lo si­llón y para mí era la sa­tis­fac­ción más gran­de que uno pue­de sen­tir co­mo em­pre­sa­rio y pro­fe­sio­nal, sa­ber que es­tás ha­cien­do bien las co­sas. Para esa épo­ca co­no­cí a un lí­der de una igle­sia y me ofre­ció ser so­cio del 50 % y me pro­me­tió abrir va­rias clí­ni­cas, pe­ro yo no re­ci­bía el di­ne­ro y me em­pe­cé a asus­tar, con­sul­té con mi abo­ga­do y él me di­jo que yo nun­ca re­gis­tré la mar­ca, es­te se­ñor la ha­bía re­gis­tra­do y prác­ti­ca­men­te me ha­bía de­ja­do de la­do.

En otras pa­la­bras me ha­bían he­cho una ma­la ju­ga­da, ne­ce­si­ta­ba tra­ba­jar y te­nía que po­ner­me una clí­ni­ca lo más pron­to po­si­ble. Te­nía un di­ne­ro aho­rra­do y abrí la clí­ni­ca Doc­tor Os­car, en fe­bre­ro del año pa­sa­do y gra­cias a la mi­se­ri­cor­dia de Dios y a mi es­fuer­zo, en año y me­dio so­mos la clí­ni­ca más fuer­te del país, la que más pa­cien­tes ve, la que es­tá más po­si­cio­na­da en re­des, mu­chas per­so­na­li­da­des lle­gan a la clí­ni­ca. Co­mo em­pre­sa­rio la cla­ve es­tá en tres pi­la­res: ser hu­mil­de, sa­ber que to­do es un sa­cri­fi­cio, por­que hay que de­jar unas co­sas para con­se­guir el éxi­to y ade­más hay que te­ner in­te­gri­dad.

—Eres es una per­so­na que no se de­ja ven­cer por el fra­ca­so…

—Yo soy un em­pren­de­dor y un lu­cha­dor y esa fue la op­ción que to­mé.

—¿Cuá­les son los há­bi­tos ali­men­ti­cios de los mi­lle­nials?

—A los jó­ve­nes les gus­ta co­mer las co­sas más sen­ci­llas, las más rá­pi­das, las más ba­ra­tas y las más po­pu­la­res, hoy en día los mi­lle­nials co­men lo que es­tá de mo­da, sin in­tere­sar­les

si es sa­lu­da­ble o no. En­ton­ces yo tra­to de abor­dar de ma­ne­ra ori­gi­nal y di­dác­ti­ca, con vi­deos o ejem­plos, lo que se es­tán co­mien­do. Ha­ce po­co hi­ce un ejer­ci­cio com­pa­ra­ti­vo de co­mer­se una ba­rri­ta energética por día, ver­sus bo­to­ne­tas de cho­co­la­te y son 4780 bo­to­ne­tas las que us­ted se co­me al año si se in­gie­re una ba­rri­ta energética por día. En­ton­ces el Doc­tor Os­car se sa­le un po­co de lo nor­mal y lo que ha­ce es ser ami­go de las per­so­nas, ser un po­co ta­jan­te e irre­ve­ren­te an­te la nu­tri­ción que se es­tá vi­vien­do hoy en día.

—¿Qué ofre­ce el Doc­tor Os­car en sus clí­ni­cas?

—El sis­te­ma prin­ci­pal que yo tra­ba­jo es el de ce­to­sis, es un ba­jo con­su­mo de car­bohi­dra­tos prin­ci­pal­men­te re­fi­na­dos, yo soy un so­cia­lis­ta, un demagogo en la par­te nu­tri­cio­nal, por­que es­toy en con­tra de la in­dus­tria­li­za­ción, el con­su­mis­mo es­tá vol­vien­do al mun­do una bom­ba de tiem­po. El Doc­tor Os­car tra­ba­ja con un sis­te­ma que con­tro­la los azú­ca­res, los car­bohi­dra­tos, re­co­mien­do una gran can­ti­dad de gra­sas sa­lu­da­bles y un mo­de­ra­do con­su­mo de pro­teí­nas para tra­tar que las per­so­nas ba­jen de pe­so. Con es­tas die­tas po­dría­mos evi­tar el cán­cer, el áci­do úri­co, los tri­gli­cé­ri­dos, el co­les­te­rol, las en­fer­me­da­des men­ta­les… hay que en­ten­der que la in­dus­tria­li­za­ción nos es­tá ma­tan­do por en­ci­ma de to­do.

«El sis­te­ma prin­ci­pal que yo tra­ba­jo es el de ce­to­sis, es un ba­jo con­su­mo de car­bohi­dra­tos prin­ci­pal­men­te re­fi­na­dos, yo soy un so­cia­lis­ta, un demagogo en la par­te nu­tri­cio­nal, por­que es­toy en con­tra de la in­dus­tria­li­za­ción, el con­su­mis­mo es­tá vol­vien­do al mun­do una bom­ba de tiem­po»

«Tra­ba­jo con un sis­te­ma que con­tro­la los azú­ca­res, los car­bohi­dra­tos, re­co­mien­do una gran can­ti­dad de gra­sas sa­lu­da­bles y un mo­de­ra­do con­su­mo de pro­teí­nas para tra­tar que las per­so­nas ba­jen de pe­so»

El Doc­tor Os­car Ro­jas es un re­co­no­ci­do nu­tri­cio­nis­ta que pe­se a su ju­ven­tud ha re­co­rri­do un lar­go ca­mino, su his­to­ria de vi­da lo im­pul­só a con­ver­tir­se en un pro­fe­sio­nal que hoy sa­bo­rea el éxi­to tras co­no­cer el fra­ca­so. Es­te jo­ven es un lí­der in­na­to y un gran co­mu­ni­ca­dor que siem­pre

ve el la­do po­si­ti­vo de la vi­da, ca­rac­te­rís­ti­cas que le han per­mi­ti­do rein­ven­tar­se en los mo­men­tos más di­fí­ci­les.

Su amor por los es­ti­los de vi­da sa­lu­da­bles na­ció des­de la ni­ñez, épo­ca don­de ex­pe­ri­men­tó ma­las ex­pe­rien­cias a cau­sa de la obe­si­dad. Esta eta­pa no so­lo lo im­pul­só a bus­car he­rra­mien­tas para me­jo­rar su salud, sino que le ayu­dó a en­con­trar su ver­da­de­ra vo­ca­ción: trans­mi­tir un men­sa­je para cam­biar vi­das a tra­vés de su pro­fe­sión.

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