MÁS ALLÁ DEL VA­LLE EN­CAN­TA­DO

La ma­qui­na­ria del ce­lu­loi­de tri­tu­ra y desecha con ra­pi­dez a los ni­ños; son po­cos los que so­bre­vi­ven y Ju­dith fue una de esas víc­ti­mas, sa­cri­fi­ca­das al dios Mo­loch.

La Nacion (Costa Rica) - Teleguia - - TELEGUÍA RECOMIENDA - Jor­ge Her­nán­dez S. jor­geher­nan­dezs@hot­mail.es

Edad: 10 años. Es­ta­tu­ra: 1,12 m. Pe­so: 50 li­bras. Nom­bre: Ju­dith Bar­si. Su padre –Jo­seph– la le­van­tó del cue­llo; le pu­so la pun­ta de un cu­chi­llo en la gar­gan­ta y le ad­vir­tió: “¡Si no vuel­ves, te en­con­tra­ré y te ma­ta­ré!”

Vol­vió. Un año des­pués, el 27 de ju­lio de 1988, Jo­seph en­tró a la ha­bi­ta­ción de Ju­dith y –mien­tras dor­mía– le pe­gó un ti­ro en la ca­be­za. En el pa­si­llo en­con­tró a la ma­dre –Ma­ría– y le dis­pa­ró al co­ra­zón.

Dur­mió dos no­ches con los ca­dá­ve­res. Al se­gun­do día los ba­ñó con ga­so­li­na y los in­cen­dió. Abru­ma­do por los re­mor­di­mien­tos y al ca­lor del fue­go se vo­ló la ta­pa de los se­sos.

Así aca­bó la pro­me­te­do­ra ca­rre­ra ar­tís­ti­ca de Ju­dith, que en me­nos de cua­tro años fil­mó 70 anun­cios, tres te­le­fil­mes y cin­co pe­lí­cu­las, las más co­no­ci­da de ellas fue Ti­bu­rón: la ven­gan­za, en 1987.

Esa cin­ta fue la go­ta que col­mó la es­ca­sa pa­cien­cia de Jo­seph, por­que la ni­ña in­sis­tió en des­obe­de­cer­lo y se mar­chó, con su ma­má, a Baha­mas pues era una es­tre­lla en cier­nes.

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