La adic­ción de vol­ver a in­ten­tar­lo

El vi­deo­jue­go Cup­head to­mó por sor­pre­sa a los más fie­bres de los vi­deo­jue­gos. Es­te tí­tu­lo des­ta­ca por su ele­va­da di­fi­cul­tad y sus ani­ma­cio­nes ba­sa­das en di­bu­jos de los años 30

La Nacion (Costa Rica) - Teleguia - - TELEGUÍA RECOMIENDA - An­drés Díaz P. an­dres.diaz@na­cion.com

Lle­va­ba años de no celebrar des­pués de eli­mi­nar a un je­fe fi­nal. Con al­gu­nas ex­cep­cio­nes, los vi­deo­jue­gos se ha­bían vuel­to sen­ci­llos, la fór­mu­la se ba­sa­ba en com­pren­der un pa­trón y ex­plo­tar­lo.

So­la­men­te las muer­tes del dra­gón Vol­va­gia en The Le­gend of Zel­da: Oca­ri­na of Ti­me y la del Ca­pra De­mon en Dark Souls me hi­cie­ron le­van­tar­me del asien­to pa­ra gri­tar en jú­bi­lo.

To­do eso cam­bió drás­ti­ca­men­te la se­ma­na pa­sa­da con el lan­za­mien­to de Cup­head. En es­te tí­tu­lo in­de­pen­dien­te ca­da vic­to­ria es una gran ex­pe­rien­cia. Se ne­ce­si­ta de mu­cha ha­bi­li­dad y re­fle­jos pa­ra abrir­se ca­mino en me­dio de es­ta tie­rra mal­di­ta. Si us­ted no es há­bil con los con­tro­les (co­mo en mi ca­so) en- ton­ces ár­me­se de pa­cien­cia.

Un fe­nó­meno.

El mundo del en­tre­te­ni­mien­to elec­tró­ni­co fue sa­cu­di­do con el lan­za­mien­to de es­te tí­tu­lo en dos di­men­sio­nes. Bas­ta con echar un vis­ta­zo en las re­des so­cia­les pa­ra en­te­rar­se de la in­fluen­cia de es­te jue­go en me­mes, chis­tes, di­bu­jos. Tam­bién por­ta­les co­mo Youtu­be es­tán aba­rro­ta­dos de vi­deos de es­te tí­tu­lo.

A gran­des ras­gos, es­te jue­go es de pla­ta­for­mas y se en­fo­ca en de­rro­tar a je­fes fi­na­les o bos­ses. Ca­da ba­ta­lla con uno de es­tos enemi­gos es un de­li­rio pa­ra ju­ga­do­res. Los en­cuen­tros van a al­ta ve­lo­ci­dad y por si fue­ra po­co, los bos­ses cam­bian los pa­tro­nes a me­di­da que avan­za la ba­ta­lla.

La pre­mi­sa se en­fo­ca en dos her­ma­nos con ca­be­za de ta­za que per­die­ron una apues­ta con el dia­blo. Aho­ra es­tos hu­ma­noi­des de­be­rán em­pren­der una pe­li­gro­sa aven­tu­ra pa­ra de­rro­tar a una se­rie de enemi­gos que tam­bién le ven­die­ron el al­ma al de­mo­nio.

Es­te tí­tu­lo es­tu­vo más de tres años en desa­rro­llo y des­ta­ca por sus ani­ma­cio­nes que se ase­me­jan a los di­bu­jos de los años 30 co­mo Fé­lix el Ga­to.

Pe­ro los ga­mers no van a re­cor­dar a Cup­head por sus ani­ma­cio­nes o por su desa­rro­llo com­pli­ca­do. No. Los ga­mers van a re­cor­dar a Cup­head por esa vez, des­pués de 100 in­ten­tos, en la que aquel po­de­ro­so y alea­to­rio opo­nen­te ca­yó.

Cup­head es una obra maes­tra que de­be va­lo­rar­se co­mo lo que es, un ho­me­na­je a los tí­tu­los de an­ta­ño co­mo Battle­toads o Con­tra, pe­ro que bri­lla por su pro­pia luz. Sin lu­gar a du­das el es­tu­dio MDHR dio en el blan­co al dar­le vi­da a Mug­man y a Cup­head. La es­pe­ra va­lió la pe­na. ¡Bra­vo!

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