Dra­ma y reali­dad tras las re­jas

El Mar­gi­nal ex­po­ne, con fic­ción, la vi­da de co­rrup­ción y de­lin­cuen­cia que se te­je a dia­rio des­de un pe­nal na­da ale­ja­do de la reali­dad.

La Nacion (Costa Rica) - Teleguia - - TELEGUÍA RECOMIENDA - Jessica Ro­jas Ch. jessica.ro­jas@na­cion.com

Por pri­me­ra vez la ca­de­na Uni­ver­sal Chan­nel pro­yec­ta­rá pa­ra la re­gión una se­rie he­cha en La­ti­noa­mé­ri­ca. El Mar­gi­nal es una fic­ción po­li­cia­ca y dra­má­ti­ca que re­fle­ja la reali­dad car­ce­la­ria no so­lo de Ar­gen­ti­na, sino la que se vi­ve en nues­tra sociedad.

La pro­duc­ción na­rra la historia de Mi­guel Di­mar­co, un ex­po­licía que en­tra al pe­nal San Ono­fre co­mo in­fil­tra­do con la mi­sión de des­cu­brir quié­nes son los se­cues­tra­do­res de la hi­ja de un pro­mi­nen­te juez del país.

En el re­clu­so­rio, Pas­tor (su nom­bre de en­cu­bier­to) vi­ve las más trá­gi­cas si­tua­cio­nes de­bi­do a que el lu­gar es co- man­da­do in­ter­na­men­te por dos ban­das: Los Bor­ges y la Sub-21. Los Bor­ges son dos her­ma­nos in­se­pa­ra­bles, el me­nor, lla­ma­do po­pu­lar­men­te Dio­si­to es en­car­na­do por Ni­co­lás Fur­ta­do, ac­tor de ori­gen uru­gua­yo.

Es­te es uno de los per­so­na­jes más lla­ma­ti­vos de la se­rie tan­to por su re­le­van­cia en la historia co­mo por su par­ti­cu­lar for­ma de ser.

Aun­que la se­rie es­tá dis­po­ni­ble en Net­flix, Uni­ver­sal la es­tre­na­rá el 30 de enero, a las 8 p. m. Es­te pro­gra­ma ha re­ci­bi­do co­men­ta­rios po­si­ti­vos por par­te de la crí­ti­ca es­pe­cia­li­za­da ya que se ape­ga mu­cho a la reali­dad de los in­ter­nos en los re­clu­so­rios y a la vi­da de co­rrup­ción y de­li­to que se vi­ve día a día tras las re­jas.

Vía te­le­fó­ni­ca, Fur­ta­do reali­zó una con­fe­ren­cia de pren­sa con va­rios me­dios de co­mu­ni­ca­ción de La­ti­noa­mé­ri­ca pa­ra con­tar có­mo lo­gró el desa­rro­llo de Dio­si­to y la im­por­tan­cia de la se­rie pa­ra la pro­duc­ción la­ti­na y su po­si­ción so­bre te­mas de im­por­tan­cia so­cial.

A con­ti­nua­ción un ex­trac­to de esa con­ver­sa­ción:

¿Qué tan­to re­pre­sen­ta la se­rie a la reali­dad y có­mo im­pac­tó a la opi­nión pú­bli­ca?

He­mos si­do bas­tan­te fie­les a pe­sar de que es una fic­ción y mu­cha co­sa es in­ven­ta­da. To­do ese mun­do, la par­te más vi­sual –y en par­te la pro­ble­má­ti­ca que pa­sa en la se­rie– es lo que pa­sa en la vi­da real y en la cár­cel real. Nues­tro desafío es re­fle­jar lo que se vi­ve en lu­ga­res así.

¿Cues­ta mu­cho adap­tar el per­so­na­je que va­mos a ver? ¿Có­mo se pre­pa­ró?

Hi­ce un tra­ba­jo de in­ves­ti­ga­ción, me pre­sen­té así a los cas­ting. Des­de el pri­mer mo­men­to me tra­té de po­ner en la piel de un per­so­na­je con es­tas ca­rac­te­rís­ti­cas, no fue fá­cil; me lle­vó un tiem­po de aná­li­sis de es­tu­dio y de in­ves­ti­ga­ción. Fue jun­to con los au­to­res y di­rec­to­res que lo fui­mos crean­do.

¿De qué for­ma im­pac­tó en us­ted ca­rac­te­ri­zar a un per­so­na­je co­mo Dio­si­to?

Fue al­go nue­vo co­mo ac­tor. Nun­ca me ha­bía to­ca­do un per­so­na­je ni pa­re­ci­do a es­te, fue un desafío que mar­có un an­tes y un des­pués. Sa­bía que es­ta­ba la po­si­bi­li­dad de mos­trar­me co­mo ac­tor, tra­té de ha­cer un tra­ba­jo muy com­ple­to en la cons­truc­ción de es­te per­so­na­je;

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