Crea­ti­vi­dad e ins­pi­ra­ción, la cla­ve

Vivir y Comer - - Portada -

Zür­cher di­bu­ja a lá­piz y en­fren­ta el desafío de la ho­ja en blan­co con mu­cha ins­pi­ra­ción.

El di­se­ño ar­qui­tec­tó­ni­co es su es­pe­cia­li­dad ¿Qué pa­pel jue­ga la ins­pi­ra­ción?

Es cla­ve. La to­mo del lu­gar don­de se­rá el pro­yec­to. Ana­li­zo qué hay al­re­de­dor, qué ti­po de cli­ma, la par­te cul­tu­ral, la co­mu­ni­dad que lo ro­dea, la flo­ra y la fau­na.

¿Qué pe­so tie­nen los ele­men­tos cos­tum­bris­tas, la ves­ti­men­ta, las tra­di­cio­nes, etc.?

Te in­di­can qué ha­cer. Por ejemplo, en Gua­na­cas­te uno ve pa­sar sa­ba­ne­ros con som­bre­ros de lo­na de ale­ro gran­de y sa­be que de­be cons­truir un te­cho con ale­ros gran­des.

¿Y eso va­le tam­bién pa­ra un re­sort en otro país?

Cla­ro. Es­ta­mos ha­cien­do un pro­yec­to en Bra­sil y la gen­te usa go­rras pa­ra pro­te­ger­se del sol, lo cual nos in­di­ca que no hay que ha­cer ale­ros gran­des.

¿Por qué di­se­ña a lá­piz en ple­na era di­gi­tal?

Pa­ra mí es más rá­pi­do que en la compu­tado­ra. Con un so­lo lá­piz uno pue­de dar di­fe­ren­tes tex­tu­ras, di­fe­ren­tes grue­sos de pa­red, di­fe­ren­tes lí­neas pa­ra eje con una mis­ma he­rra­mien­ta.

¿Cuán­to tiem­po le to­ma vol­car la idea en pa­pel?

Es un pro­ce­so in­ten­so, por­que a ve­ces me lle­vo un cua­derno de cro­quis o un ro­llo de pa­pel pa­ra tra­ba­jar y em­pie­zo a di­bu­jar y acu­mu­lo mu­cho pa­pel.

¿Cuá­les son las eta­pas de es­te pro­ce­so?

Pri­me­ro se desa­rro­lla un con­cep­to, lue­go lo vas de­ta­llan­do, y des­pués uno tie­ne que to­mar de­ci­sio­nes, por ejemplo, có­mo es una puer­ta. En­ton­ces uno va di­bu­jan­do has­ta el fi­nal.

Si se pu­die­se ha­blar de tres mo­men­tos en su vi­da pro­fe­sio­nal ¿cuá­les es­co­ge­ría co­mo esos que mar­ca­ron un hi­to y por qué?

Mi pri­mer tra­ba­jo in­di­vi­dual, las ca­ba­lle­ri­zas pa­ra Fran­cis­co Es­co­bar, por­que me die­ron a co­no­cer. El se­gun­do es mi pri­mer pro­yec­to a gran es­ca­la, el ho­tel Cos­ta Ri­ca Ma­rriot, que me abre la puer­ta pa­ra ha­cer ho­te­les más gran­des. Y, por úl­ti­mo, mi pri­mer re­sort, el Four Sea­sons Pa­pa­ga­yo, que alla­na el ca­mino pa­ra pro­yec­tos de al­to ni­vel.

¿Ha­cer ho­te­les pa­ra ca­de­nas pres­ti­gio­sas en el con­ti­nen­te, co­mo Ma­rriot y Hil­ton, equi­va­le a al­go así co­mo ju­gar en las gran­des

“Pa­ra mí, di­se­ñar con lá­piz es más rá­pi­do que en la compu­tado­ra. Con un so­lo lá­piz uno pue­de dar di­fe­ren­tes tex­tu­ras, di­fe­ren­tes grue­sos de pa­red, di­fe­ren­tes lí­neas pa­ra eje con una mis­ma he­rra­mien­ta”.

li­gas de la ar­qui­tec­tu­ra?

Es cla­ve ha­cer al­go que te dé cre­di­bi­li­dad. Y pa­ra es­tar a ese ni­vel se ne­ce­si­ta de al­guien que con­fíe en uno de pri­me­ro. De allí en ade­lan­te es más fá­cil.

¿Cuál ha si­do la cla­ve del éxi­to con esas mar­cas?

Ha­cer pro­yec­tos que res­pon­dan muy cla­ra­men­te al si­tio don­de se en­cuen­tran. Se­ría im­po­si­ble tras­la­dar un pro­yec­to de un lu­gar a otro y que se adap­te. Un re­sort, un ho­tel es co­mo un tra­je a la me­di­da: se lo po­ne otro y le so­bra al­go.

"Otro as­pec­to que va­lo­ran mu­chí­si­mo es nues­tra preo­cu­pa­ción por res­pe­tar el há­bi­tat de los se­res vi­vos: un can­gre­jo, un ca­pu­llo, un in­sec­to, una plan­ta. Hay que di­se­ñar y cons­truir a par­tir de ese equi­li­brio na­tu­ral."

¿Qué pe­so tie­ne en esa re­la­ción con los gran­des desa­rro­lla­do­res ho­te­le­ros su bien ga­na­da fa­ma de cui­dar los de­ta­lles?

In­flui­mos mu­cho so­bre la ar­qui­tec­tu­ra de in­te­rio­res, los de­ta­lles in­ter­nos y ex­ter­nos. Cuan­do se tra­ba­ja en un pro­yec­to gran­de hay que in­cor­po­rar a unos 14 con­sul­to­res: de ilu­mi­na­ción, de co­ci­na, de la­van­de­ría, de di­se­ño de in­te­rio­res, de de­co­ra­ción y de ar­te.

¿Có­mo le ha ido en otro ti­po de pro­yec­tos, de uso mix­to, con ofi­ci­nas, re­si­den­cias y co­mer­cio?

Muy bien. Ha si­do otra es­fe­ra de ac­ción, cam­pos en los que nos he­mos es­pe­cia­li­za­do a par­tir de la con­fian­za de clien­tes que han creí­do en nues­tro tra­ba­jo. Es el mis­mo ca­mino, la mis­ma fór­mu­la: el desa­rro­llo de un pri­mer pro­yec­to pa­ra dar a co­no­cer una ca­pa­ci­dad.

¿Tie­ne us­ted su ran­quin de fa­vo­ri­tos, de pro­yec­tos que le gus­ta em­pren­der?

Ten­go tres pre­fe­ren­cias. Uno es ho­te­le­ría, con én­fa­sis en re­sort. Me di­vier­te mu­cho ha­cer pro­yec­tos de ho­te­le­ría en la zo­na ru­ral, en la pla­ya o en la mon­ta­ña.

"Otro son los pro­yec­tos de uso mix­to, en don­de se com­bi­ne re­si­den­cial, con ofi­ci­nas y co­mer­cio. Es una re­mi­nis­cen­cia a mi in­fan­cia en Ba­rrio Amón. Y por úl­ti­mo pro­yec­tos de res­pon­sa­bi­li­dad so­cial, pa­ra una co­mu­ni­dad que re­quie­ra de una igle­sia o una es­cue­la".

Us­ted ha lle­va­do su tra­ba­jo a más de 17 paí­ses. ¿Cuál es su asig­na­tu­ra pen­dien­te?

Cons­truir un tea­tro, un templo gran­de y un es­ta­dio. Lo del tea­tro lo lle­na­mos en al­gu­na me­di­da al di­se­ñar el Cen­tro Na­cio­nal de la Mú­si­ca, que aún no es­tá cons­trui­do.

"Lo del es­ta­dio es más di­fí­cill por­que es un pro­yec­to gran­de y el fi­nan­cia­mien­to es cla­ve. Y el templo me gus­ta­ría que fue­ra uno en don­de con­ver­gie­ran va­rios cre­dos".

¿Cuál es el se­llo ar­qui­tec­tó­ni­co Zür­cher y cuál ha si­do su apor­te al país y a la re­gión?

Una in­fluen­cia arrai­ga­da del si­tio don­de di­se­ña­mos y cons­trui­mos, tra­tan­do de re­pre­sen­tar el as­pec­to cul­tu­ral de ese lu­gar a través de la ar­qui­tec­tu­ra. Y eso va­le pa­ra los más de 17 paí­ses en don­de he­mos tra­ba­ja­do.

EL SE­LLO ZÜR­CHER. Cuan­do to­ma el lá­piz y en­fren­ta el desafío de los ro­llos de pa­pel en blan­co, Zür­cher em­pie­za a di­bu­jar ar­qui­tec­tu­ras que res­pe­tan el ca­rác­ter del si­tio en don­de se cons­trui­rán.

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