CUNDO BER­MÚDEZ: TRADI­CIÓN Y MODERNIDAD

Art On Cuba - - Index - Roberto Cobas Amate

Cundo Ber­múdez (La Ha­bana, 1914-Mi­ami, 2008), cuyo cen­te­nario está cel­e­brando el Museo Na­cional de Bel­las Artes de La Ha­bana en­tre los grandes acon­tec­imien­tos cul­tur­ales del año 2014, fue sin du­das una de las grandes fig­uras de la Es­cuela de Pin­tura de La Ha­bana. Con él se cerró un ci­clo de oro de la plás­tica cubana, que causó ad­miración y re­speto a es­pec­ta­dores y críti­cos de to­das las lat­i­tudes desde los años cuarenta.

Formó parte de la se­gunda gen­eración de pin­tores van­guardis­tas, aque­lla que emergió en el ii Salón Na­cional de Pin­tura y Es­cul­tura en 1938. Un año antes había he­cho su de­but en la Primera Ex­posi­ción de Arte Moderno, cel­e­brada en el Salón del Cen­tro de Depen­di­entes en­tre marzo y abril de 1937.

(…) La con­sagración de su obra está defini­ti­va­mente in­ter­rela­cionada con su amor por los temas de la tradi­ción ur­bana y el hom­bre común. Su primer tra­bajo en este es­tilo, El bal­cón (1941, colección MoMA), re­sulta una amorosa glo­ri­fi­cación de la ciu­dad de La Ha­bana y sus per­son­ajes. Cundo de­s­cubrió la es­en­cia de su arte en el es­plen­dor de lo co­tid­i­ano. En la recreación contemporánea de es­ce­nas pop­u­lares como La bar­bería (colección MoMA), El bil­lar (1942, colección Isaac Lif y fa­milia), y Pareja en el par­que (1942, colección Ali­cia Felipe Ca­ma­cho), el artista en­cuen­tra el mo­tivo fun­da­men­tal de su pin­tura, el­e­vando sus per­son­ajes a la cat­e­goría de ar­queti­pos cubanos.

(…) Para la plás­tica cubana 1943 es un año es­en­cial. Al­gu­nas de las obras más im­por­tantes de la modernidad in­su­lar son re­al­izadas en esa fecha. De ese mo­mento son la ex­traor­di­naria Jungla de Wifredo Lam, la fab­u­losa trilogía de Mario Car­reño: Danza afrocubana, Fuego en el batey y Cor­ta­dores de caña; Ban­dolero criollo, de Carlos En­ríquez; Pe­ces, de Amelia Peláez, el inigual­able re­trato José Martí, de Jorge Arche y el In­te­rior del Cerro, de Por­to­car­rero, der­roche de autén­tico bar­ro­quismo an­til­lano. En ese con­texto Cundo re­al­iza Romeo y

Juli­eta, in­spirán­dose en la ima­gen de una caja de taba­cos: en audaz trans­posi­ción de la trage­dia shakespe­ri­ana, los amantes de Verona son trasplan­ta­dos al trópico e in­te­gra­dos a un am­bi­ente cubano. El bal­cón donde ocurre la es­cena de amor está cu­bierto de co­piosas enredaderas, evolu­ción del artista ha­cia un bar­ro­quismo que será rasgo es­en­cial de la pin­tura cubana de los años cuarenta. (…)

(…) Los años cin­cuenta con­sti­tuyen un gran reto para los miem­bros de la Es­cuela de La Ha­bana. Se abre paso una nueva gen­eración que trae con­sigo un dis­curso ac­tu­al­izado, difer­ente a la es­tética de los mae­stros del mod­ernismo cubano; y cada artista ajusta su poética para en­frentar los aires ren­o­vadores de la con­tem­po­ranei­dad. Cundo Ber­múdez per­manece fiel a la fig­u­ración, pero en sus man­eras de hacer se apre­cia una ten­den­cia ha­cia la es­tilización ge­ométrica, que maneja sabi­a­mente según el tema elegido en cada caso. (…)

Quin­teto, 1950

Óleo so­bre tela / 79 x 104 cm

Colección Museo Na­cional de Bel­las Artes, La Ha­bana

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