UNA DAMA OLVIDADA

Lucía Victoria Bac­ardí y Cape (San­ti­ago de Cuba,1893 - Mi­ami, 1988)

Art On Cuba - - Index - Llilian Llanes

Hija de Emilio Bac­ardí y Moreau y de Elvira Cape, dos fig­uras de gran sig­nifi­cación para la cul­tura cubana y en par­tic­u­lar para la an­tigua provin­cia de Ori­ente, Lucía Victoria pasó a la his­to­ria del arte cubano por el diminu­tivo con que la llam­a­ban fa­mil­iares y ami­gos. Mimín, nacida en San­ti­ago de Cuba, fue en­vi­ada a los Es­ta­dos Unidos a cur­sar la en­señanza se­cun­daria, hábito que no pocas fa­mil­ias de re­cur­sos en Cuba adop­taron desde prin­ci­p­ios del siglo xx. Una vez ter­mi­na­dos los es­tu­dios re­gresó a su ciu­dad na­tal, donde recibió sus primeras lec­ciones de arte de Félix y José Joaquín Te­jada, pin­tores de mu­cho pres­ti­gio en ese en­torno, con los que aprendió so­bre todo a dibu­jar. In­cli­nada desde el prin­ci­pio ha­cia la es­cul­tura, sería Luis De­san­gles, otro mae­stro san­ti­a­guero, quien la ini­cia­ría en los mis­te­rios de la tridi­men­sion­al­i­dad, im­par­tién­dole desde 1905 clases de mod­e­lado.

Vista su vo­cación artís­tica, cuando cumplió diecisi­ete años sus ilustra­dos padres la en­viaron a Fran­cia a con­tin­uar su preparación. Cor­ría el año 1910 cuando, in­sta­l­ada en París, ma­triculó en la Academia Ju­lian en la que, según con­fesó en al­guna ocasión, fue alumna de Paul Landowski y de Henri Bouchard. De Landowski debe haber recibido su ad­miración por la es­tética de Rodin, cuya huella se apre­cia en las primeras obras que re­al­izó de­spués de su re­greso de Europa. De Bouchard, su in­terés por los per­son­ajes pop­u­lares.

(…) La guerra eu­ro­pea, no ob­stante, la obligó a in­ter­rum­pir sus es­tu­dios, aban­donar Europa y re­gre­sar a San­ti­ago, donde per­maneció un tiempo rel­a­ti­va­mente corto pero de gran in­ten­si­dad cre­ativa, tra­ba­jando en el taller que in­staló en Villa Elvira, la res­i­den­cia de campo de sus padres en las cer­canías de San­ti­ago, cuyos jar­dines aco­gieron al­gunos de sus primeros tra­ba­jos. (…)

Fue allí donde con­cibió y re­al­izó las obras con las que se dio a cono­cer en La Ha­bana cuando, en 1915, se pre­sentó al con­curso con­vo­cado por la Academia Na­cional de Artes y Le­tras, en el que ob­tuvo el primer

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