AR­RECHEA’S HOMAGE TO NEW OR­LEANS IN THE COACHELLA FES­TI­VAL

Mar­garita Sánchez Prieto

Art On Cuba - - In This Issue - Mar­garita Sánchez Prieto

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(…) Me­ses antes de cel­e­brarse el Coachella Fes­ti­val, Paul Cle­mente, su di­rec­tor artís­tico, había es­tado en La Ha­bana y vis­i­tado a Cristina Vives, au­tora del li­bro mono­grá­fico so­bre Ar­rechea pub­li­cado por Turner en Es­paña. Im­pre­sion­ado con su obra, en par­tic­u­lar con las acuare­las mo­ti­vadas por la catástrofe del Ka­t­rina, Cle­mente visita al artista en su es­tu­dio en New York y le pro­pone ma­te­ri­alizar en es­cul­tura de gran for­mato la acuarela A few days be­fore Ka­t­rina (Po­cos días antes de Ka­t­rina) para ex­hibirla en el Fes­ti­val. La ima­gen re­pro­ducía dos sil­las en­frentadas so­por­tando so­bre sus asien­tos un gran ed­i­fi­cio hor­i­zon­tal, cuyos ex­tremos des­cans­a­ban en cada una a man­era de puente el­e­vado so­bre las aguas. Luego que las con­sul­tas téc­ni­cas de rigor re­por­taran cier­tos in­con­ve­nientes con­struc­tivos, Cle­mente pide a Ar­rechea re­for­mule la pieza y que el ed­i­fi­cio sea sostenido por una sola silla. El re­sul­tado lo deja en­tu­si­as­mado y so­licita al artista que lo replique. Es así que ve la luz el proyecto Ka­t­rina Chairs, ma­te­ri­al­izado en cu­a­tro sil­las con sus re­spec­tivos ed­i­fi­cios.

(…) En el valle de Coachella, du­rante el día, dieron refu­gio a los par­tic­i­pantes, quienes se guarecían bajo su som­bra ante la in­clemen­cia del sol; fun­cional­i­dad que, según el artista, con­sti­tuyó uno de sus may­ores atrac­tivos. Y en la noche re­fulgieron bajo un tra­bajo es­cenográ­fico de luces de col­ores que hizo posi­ble que las sil­las pasaran de amar­il­las a azules, luego a vi­o­le­tas y más tarde a rosadas, y de este modo se con­virtieran en parte sus­tan­cial del es­pec­táculo del Fes­ti­val. El público deam­bu­laba entre el­las, como los per­son­ajes dimin­u­tos del cuento de Gul­liver, im­pre­sion­a­dos ante su sur­real tamaño, con una sen­sación mez­cla de dis­frute es­tético y com­pla­cen­cia ante la opor­tuna solu­ción.

(…) Lib­er­ado de las con­tam­i­na­ciones y nexos sig­ni­fica­tivos que le hu­biese apor­tado su ubi­cación en el es­pa­cio ur­bano, este enorme com­plejo es­cultórico em­plazado en el Valle de Coachella en­tron­izó su con­tenido per se. No hubo re-in­ter­preta­ciones de ref­er­ente ar­qui­tec­tónico al­guno, ni guiños a sem­blan­zas artís­ti­cas acuñadas; solo la evo­cación a un suceso ocur­rido en un es­pa­cio ge­ográ­fico cerca de allí. Toda aten­ción la mere­ció la idea que in­spiró esta suerte de sim­biótica pieza de líneas min­i­mal y gi­gan­tismo Pop.

Aun cuando mu­chos críti­cos jer­ar­quizan la sofisti­cación de su pro­duc­ción en cuanto a con­fig­u­ración ideoestética, ma­te­ri­ales y fac­tura, destaca asimismo por cuánto di­men­siona un es­pa­cio físico, episódico, ur­bano, cul­tural, sub­je­tivo, so­cial, global, domés­tico, de juego, ge­ográ­fico o con­tex­tual. Ka­t­rina Chairs es una obra ded­i­cada a New Or­leans que se cre­ció al em­plazarse próx­ima al contexto que in­spiró su creación, si bien su es­tética ar­qui­tec­tónica, apre­cia­ble en cualquier ci­u­dad, in­duce a pen­sar en la ubicuidad de este tipo de de­sas­tre. El Fes­ti­val le pro­por­cionó un es­ce­nario es­plén­dido, cuan­tioso público y la in­vis­tió de un tono fes­tivo, sin que para nada perdiera su in­ten­ción hu­mana y so­cial, un sen­tido que ten­drá por siem­pre. De­ci­siva con­tribu­ción de Ar­rechea desde un arte público que pone de man­i­fiesto cómo la arqui­tec­tura debe con­ce­birse según las car­ac­terís­ti­cas ge­ofísi­cas de una ci­u­dad para el res­guardo de su vida. ƒ

Pro­ceso de mon­taje de Ka­t­rina Chairs, Coachella Fes­ti­val Foto: Rafael Gar­cía / Cortesía del artista

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