AN­OTHER AB­STRAC­TION

Nel­son Her­rera Ysla

Art On Cuba - - In This Issue - Nel­son Her­rera Ysla

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La fuerte ten­den­cia de la abstracción en Cuba, y de la pin­tura como una ex­pre­sión in­signe de nuestra vi­su­al­i­dad, tienen en Ale­jan­dro Gar­cía (La Ha­bana, 1974) uno de sus pro­tag­o­nistas. For­mado en la casi bi­cen­te­naria Academia de Bellas Artes San Ale­jan­dro entre 1989 y 1993, y luego de ex­hibir en Cuba, Italia y los Es­ta­dos Unidos, no es sin em­bargo un artista cono­cido en nue­stro me­dio como se de­biera, pues su per­son­al­i­dad ajena a gru­pos, in­sti­tu­ciones, movimien­tos y medios de co­mu­ni­cación lo ha­cen una suerte de lobo soli­tario en el panorama na­cional.

(…) Ale­jan­dro Gar­cía se en­cuen­tra, es­en­cial­mente, cer­cano al alquimista que in­vierte in­con­ta­bles ho­ras en busca de la piedra filoso­fal, de lo ex­traor­di­nario, de lo sub­lime. Ex­per­i­menta con telas y car­tuli­nas en fun­ción de un mes­ti­zaje to­tal, dis­puesto a to­mar de am­bas sus in­fini­tas posi­bil­i­dades cuando se les in­ter­viene con ab­so­luta lib­er­tad, sin pre­juicio al­guno. Em­plea telas us­adas o ro­tas para grabar so­bre el­las, así como uti­liza car­tuli­nas grabadas para pin­tar encima de su su­per­fi­cie. La may­oría de las ve­ces im­prime en un tór­culo re­con­stru­ido por él mismo, o deja la huella de sus pies em­bar­ra­dos de pin­tura so­bre el so­porte ante la ausen­cia de equipamiento. Pre­fiere que, tanto las telas como las car­tuli­nas, hayan sufrido cam­bios pre­vi­a­mente para no sen­tir cul­pa­bil­i­dad al­guna a la hora de mod­i­fi­car­las como se le an­toje. Se puede de­cir que tra­baja al modo de re­cu­per­ar­las siem­pre, en una suerte de res­ur­rec­ción, como si se tratara de red­imir un cadáver y darle vida… en lo que pudiéramos con­sid­erar una criolla ver­sión bidi­men­sional de Frankestein.

Re­toma in­cluso varias de sus obras ter­mi­nadas, vuelve a con­sid­er­ar­las y comienza así un pro­ceso casi in­finito de re­con­ver­sión pues para él nada está ter­mi­nado, con­clu­ido, sino en pro­greso con­stante. Grosso modo, en­tela los graba­dos y graba las telas con de­sen­fado pleno, hasta nunca jamás, pues los prob­le­mas de ex­pre­sión son los más im­por­tantes para él, los más caros a su in­nata condi­ción creadora.

No es difí­cil suponer que esta con­tro­ver­sial man­era de crear se ex­presa ple­na­mente en Cuba, donde no dispone de to­dos los ma­te­ri­ales nece­sar­ios o de­sea­dos dada la in­su­fi­cien­cia de tien­das es­pe­cial­izadas. En Italia, por ejem­plo, adonde se dirige por cor­tos perío­dos de tiempo, usa lo que tiene a mano (que es mu­cho más de lo que en­cuen­tra en su es­tu­dio de La Ha­bana) sin que ello rep­re­sente an­gus­tia o an­siedad a la hora de de­cidirse por las solu­ciones apropi­adas. En uno u otro caso, eso sí, ac­túa a la man­era me­dieval para preparar las telas como so­porte. Se niega a uti­lizar lien­zos pre­vi­a­mente prepara­dos in­dus­trial­mente: así pode­mos verle colo­cando la cola de conejo o de pescado en la tela tal como hicieran en su tiempo Da Vinci, Miguel Án­gel, Wifredo Lam, Amelia Peláez… Luego le llega el turno al aceite de linaza, al Blanco Es­paña, hasta de­jar la tela lista para acep­tar óleos, tin­tas y acríli­cos.

(…) So­bre su más re­ciente ex­hibi­ción per­sonal, parte del con­junto de co­lat­erales a la 12 Bienal de La Ha­bana tit­u­lado Zona Franca, en uno de los es­pa­cios aboveda­dos del Castillo del Morro, ase­guró en el catál­ogo que se podía “…percibir la tem­per­atura de la con­for­ma­ción de las obras […] La idea se va con­for­mando en la me­dida del pro­ceso mismo. Es con­se­cuen­cia de una acu­mu­lación de in­for­ma­ción y de viven­cias que me afectan, pos­i­tiva o neg­a­ti­va­mente…” En aque­lla ocasión, aunque su ac­ti­tud y ap­ti­tud fueron al­i­men­tadas raigal­mente desde la abstracción, en la vasta com­posi­ción de col­ores duros, agri­eta­dos, cal­ci­na­dos, le­git­imó por igual la figura de un ti­gre o un le­trero en ital­iano donde creía pru­dente; sin im­por­tarle mu­cho la pureza del género, pues sus nive­les de con­tam­i­nación y de ir­rev­er­en­cia son bien al­tos, y siguen sién­dolo, sin necesi­dad de re­cur­rir a la blas­femia, la par­o­dia o el cin­ismo, pues lo con­sidero más allá de aque­llo que en épocas pasadas era nom­brado como “con­testación”. Es un artista con­tes­tatario, ojo, pero de sí mismo y de la propia pin­tura. (…) ƒ

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