(ART) XIOMAS: THE NEXT GEN­ER­A­TION

Rigoberto Otaño Milián

Art On Cuba - - In This Issue - Rigoberto Otaño Milián

Art Mu­seum of the Amer­i­cas, Washington D.C.

› ro­ta­mil­ian@gmail.com

(…) (Art)xiomas: The Next Gen­er­a­tion fue una ex­posi­ción cu­rada por Gabriela Gar­cía Azcuy en la que se conectaba el tra­bajo de 15 jóvenes artistas cubanos. Con una am­plia cober­tura de la prensa norteam­er­i­cana, el re­sul­tado (conc­re­tado en 23 obras de di­ver­sas man­i­festa­ciones) sería ex­puesto entre el 9 de ju­nio y el 7 de agosto del 2016 en el Art Mu­seum of the Amer­i­cas (AMA), en Washington DC, Es­ta­dos Unidos.

En sí, la mues­tra daba con­tinuidad a la ex­posi­ción homón­ima or­ga­ni­zada como parte del proyecto Cubaa­hora: The Next

Gen­er­a­tion, en noviem­bre de 2015, en el Cen­tro Cul­tural Es­pañol de Mi­ami. Y, como todo evento, tuvo mu­cho de cir­cun­stan­cial, de vín­cu­los causales entre cono­ci­dos y cono­ce­dores de arte. Pero cen­tré­monos en la ex­hibi­ción.

Desde las pal­abras al catál­ogo se en­tiende que (Art)xiomas… no pre­tende ser ex­cluyente. La ex­posi­ción fue con­ce­bida como “apuntes”, como una ex­pe­ri­en­cia mu­ta­ble y en pleno de­sar­rollo,1 abierta siem­pre a artistas que de­ve­len nuevas fac­etas de ese lap­sus gen­era­cional que in­tenta apre­hen­der.

(…) Cuando, re­fir­ién­dose a esta gen­eración, Gabriela habla en sus pal­abras al catál­ogo de una “au­tonomía re­mar­ca­ble”, una “gestión in­di­vid­ual en sus talleres y es­pa­cios pro­pios”, no puedo evi­tar pen­sar en el Es­tu­dio 331, donde han au­nado fuerzas Alex Hernán­dez, Frank Mu­jica y Adrián Fernán­dez. Cuando habla de “tra­bajo con­tinuo con la institución na­cional y con galerías y cen­tros in­ter­na­cionales”, de golpe me viene a la mente Ma­bel Poblet, una joven que ha sabido ll­e­var de la mano no­ta­bles ex­posi­ciones en la UNEAC, como Pa­tria,2 con un tra­bajo con­stante en galerías in­ter­na­cionales (Co Galería en Chile y Pa­tri­cia Conde en Méx­ico son solo dos ejem­p­los). De igual forma, cuando re­fiere esa “ar­tic­u­lación es­tético-con­cep­tual” como “amal­gama que fun­ciona cual tau­tología su­fi­ciente”, sur­gen de golpe las fo­tografías en­trete­ji­das de Jorge Otero, los paisajes de pa­pel cal­ado de Ari­amna Con­tino, los car­bon­cil­los de Frank Mu­jica y las exquisi­tas nar­ra­ciones vi­suales de Adis­lén Reyes. Fi­nal­mente, ya al cierre de sus pal­abras, la cu­radora de (Art)xiomas… apunta: “Son in­dis­cutible­mente artistas cubanos, pero pertenecen a la era de la glob­al­ización cul­tural. Por lo que no deben analizarse como un arte de lo lo­cal, sep­a­rado de los es­ce­nar­ios y mo­dos in­ter­na­cionales.”

Con esto en mente, pienso en los en­grana­jes que pudieran fun­cionarle a esta gen­eración, que cre­ció con Face­book y el mito de Damien Hirst como un posi­ble camino al éx­ito. Una gen­eración para la que ser artista no es solo apare­cer en di­a­pos­i­ti­vas de los pro­fe­sores de His­to­ria del Arte; sino que –como han de­mostrado gen­era­ciones an­te­ri­ores en Cuba– im­plica un signo de es­ta­tus so­cial, un escape legí­timo de pre­cariedades y economías en­de­bles.

Vivi­mos en un mundo donde, nos guste o no, los catál­o­gos de Christie’s y Sotheby’s de­ter­mi­nan buena parte del merid­i­ano so­cial; un mundo donde Andy Warhol es el cuarto artista más googleado

–lo que sea que esto sig­nifique– mien­tras que Joseph Beuys queda en el número 74.3 Cuba, desde luego, pertenece a este mundo, por lo que ig­no­rar esto sería tan in­útil como hablarle a un cac­tus.

Por otra parte, re­specto a la di­aléc­tica que –en el marco de la ex­posi­ción– se es­tablece con es­tos artistas, hay algo que me in­triga. “Son cubanos res­i­dentes en Cuba”, repite la prensa hasta el can­san­cio, como si hablaran de aves exóti­cas. Y tal parece que la frase tiene algo de ma­gia, como si en su in­ex­pli­ca­ble­mente nece­saria re­dun­dan­cia re­spondiera a to­das las posi­bles pre­gun­tas. Para un artista per­manecer en Cuba es la co­tid­i­an­idad más vin­tage del mer­cado, algo así como to­mar vino en París o es­tu­diar bud­ismo en los acan­ti­la­dos del Hi­malaya: una condi­ción de marca que pre­vi­a­mente garan­tiza la cal­i­dad –o al menos el es­ta­tus– de sus obras.

Se ha vuelto común es­pec­u­lar so­bre la razón de este mist­i­cismo. De he­cho, hasta hace poco solía atribuírselo al ego­cen­trismo pro­ducto de nuestra ar­raigada en­dogamia cul­tural. Pero ex­iste algo. Lo percibo cuando un per­son­aje tan global como Don Thomp­son, brome­ando so­bre las parado­jas del mundo cul­tural en La Ha­bana y las posi­bil­i­dades de sus artistas y academias de arte, re­fiere que: “Los grad­u­a­dos de Bellas Artes de Yale Columbia puede que hayan elegido la es­cuela equiv­o­cada.”4

Fi­nal­mente, so­bre los apuntes de Gabriela re­specto a sus (Art) xiomas, yo agre­garía que esta es una gen­eración que ha cre­cido con tiempo para apren­der de los er­rores del pasado; que en­tiende de la de­cep­ción y de la inu­til­i­dad del sac­ri­fi­cio por causas aje­nas. Esta es una gen­eración que evita con­flic­tos in­nece­sar­ios, que se equi­li­bra al mar­gen de los ex­tremos; que so­brell­eva lo que no le gusta y le saca todo el par­tido posi­ble a las pe­cu­liari­dades de su contexto. Esta es una gen­eración que sabe que, para tri­un­far en el arte, el camino no está lejos de su Isla, sino bien aden­tro en la tierra. (…)

Para es­tos jóvenes, Cuba va más allá de este o aquel de­bate, pos­tura o par­tido político. No les pre­ocupa El Susurro de Tatlin, o los berrinches de ese pasado agónico que han heredado. Saben que even­tual­mente Cronos hará su tra­bajo. Saben que el mundo les pertenece y es solo cuestión de tiempo. ƒ

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