IN­COM­PLETE PROS­PER­ITY ÁN­GEL URRELY’S ART

Juan Miguel Pérez

Art On Cuba - - In This Issue - Juan Miguel Pérez

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(…) Cubano de 186 cen­tímet­ros de al­tura, nacido en la Ha­bana en 1971, Án­gel Urrely em­i­gra a República Do­mini­cana en 1999, con Cuba y

365 bi­ci­cle­tas ped­ale­ando entre su cabeza y sus li­bre­tas de sketches. Desde su primera ex­posi­ción en Santo Domingo, Fuga so­bre la Mar­cha, pre­senta su obra como un es­mer­ado y único cab­i­net de cu­riosités.

Hecha de bo­ce­tos con aros y ped­ales que arma, de­sarma, y rearma con ve­las, es­quíes, re­mos, paraguas y otros so­portes, propul­sa­dos por mo­tores de hélices con los que vuela, se desliza en el hielo o en el agua de su Ha­bana.

Toda la obra de Án­gel Urrely guarda una fac­tura con­stante: la com­posi­ción min­u­ciosa de ele­men­tos het­eró­cli­tos que el artista con­cibe en bosque­jos con­stru­i­dos con método, pre­cisión e imag­i­nación. Án­gel va a la vida, ll­eva la vida al arte y le da al arte vida. Su tra­bajo es ex­trac­ción, no abstracción. Depura la paja del grano. Án­gel es­tablece primero un in­ven­tario es­crupu­loso de la ma­te­ria so­cial que tra­baja. Ll­eva un diario que va llenando de noti­cias se­cun­darias. Son noti­cias que se agluti­nan sin relación al­guna y sin otra gran im­por­tan­cia que la del mo­mento. Án­gel toma esos recortes de per­iódi­cos y ree­scribe en el­los la noti­cia: la dibuja, la an­ota, la in­ves­tiga, re­al­iza col­lages so­bre ella con otras noti­cias. Le agrega sus pro­pios pen­samien­tos, conectando he­chos pre­sen­ta­dos como fait-divers, con sus motivos pro­fun­dos, con sus con­se­cuen­cias, con sus causas y efec­tos co­lat­erales, con su his­to­ri­ci­dad clan­des­tina. (…)

Es en el 2007 cuando la pro­duc­ción de Án­gel adquiere una madu­ración de­ci­siva, con el er­guimiento de un bes­tiario es­truc­turado, es de­cir, un macro­cos­mos de ele­men­tos con­sti­tuyentes que asis­ten a la for­ma­ción de un todo, con­cate­nado y no ex­cluyente. Su fór­mula es vin­cu­lar a través de la plás­tica 1) las condi­ciones de pri­vación acu­mu­lada (ham­bre, caren­cia, despojo pro­pios del mundo de la po­breza), y 2) la ex­i­gen­cia de ser por una so­ciedad que atribuye im­por­tan­cia so­cial, de acuerdo a la pos­esión de pat­ri­mo­nios ma­te­ri­ales. Para unos, los que poseen, lo cru­cial es mostrar; para otros, los que no tienen, es la cac­ería por obtener esos re­cur­sos que in­vis­ten dig­nidad (“re­spetabil­i­dad” que asigna la so­ciedad) a los que los posean. Para to­dos, la re­duc­ción de la hu­manidad a su prim­i­tivismo más burdo y feroz, el que el­eva al rango de im­por­tante lo que deben ser “meros in­stru­men­tos”. De ahí sur­gen fig­uras que el in­ge­nio de Án­gel supo poner en bucóli­cas va­cas em­pachadas y em­par­chadas con números, que se con­vierten en ter­ri­to­rios de dis­puta, y por tajos, como si fuese una sub­asta car­nicera. Un cani­bal­ismo or­ga­ni­zado y es­tim­u­lado, de una antropofa­gia so­cial, que acude al vol­u­men, al número, a la me­dida, para ex­pre­sar la im­por­tan­cia de ser en una so­ciedad que solo re­conoce la fuerza bruta, la vir­il­i­dad mas­culina. En suma, Án­gel con­struye un bes­tiario de los vesti­dos con los que se ar­ropa esa prosperidad siem­pre in­com­pleta. (…) ƒ

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