LA BORDA (ERA)

De­sacatos más allá del corte y cos­tura

Art On Cuba - - Sp - Elvia Rosa Cas­tro

El proyecto Detrás del muro suele ob­se­quiar obras categóri­cas a ese pat­ri­mo­nio sim­bólico que es la Bienal de La Ha­bana. Fe, de Ado­nis Flores en el 2012 y La dama de rojo, de Aimée Gar­cía en el 2015, ha­cen que mi ro­tun­dez sea ver­i­fi­ca­ble y creíble. Hay dos o tres obras más pero creo que re­specto a es­tas hay con­senso. Por ejem­plo, en la edi­ción del 2012, de la propia Aimée, un manto ne­gro tejido in situ cubría veinte met­ros del muro del Malecón, cono­cido tam­bién como sofá ha­banero. Pureza, ese era su tí­tulo, tam­bién es muy buena obra. (…)

Aimée con­tinuó bor­dando. Le dio por coger los per­iódi­cos pub­li­ca­dos en Cuba, so­bre todo el Granma, el om­nipresente, y bordó con hilo cada le­tra. La tachó con par­si­mo­nia, zor­rería, cál­culo y san­gre fría, cre­ando unas com­posi­ciones que tit­uló Dis­curso supre­ma­tista. Entre irónico y lit­eral, el link es claro: re­ducida pres­en­cia cromática y com­posi­ciones ge­ométri­cas (de pref­er­en­cia lin­eales) que paran en abstracción. El Granma es, lo sabe­mos, la ré­plica bi­color del dis­curso de la Revolu­ción, o mejor, de la ofi­cial­i­dad que se dice rev­olu­cionaria.

Según ella (¡ojo, no debe­mos creer mu­cho lo que di­cen los artistas de sus propias obras!) era su propósito crear un es­pa­cio de re­poso men­tal frente a la abru­madora avalan­cha mediática a que es­ta­mos someti­dos di­ari­a­mente. Un “es­pa­cio de vacío”, dijo Aimée ex­pli­cando el zen-sen­tido de su obra. ¡Y tiene razón! Ella vacía, sí, hace drenar el dis­curso ide­ológico hasta de­jarlo seco. Cen­sura al cen­sor. Ham­let Lavastida cala dis­cur­sos, posters y todo el imag­i­nario vis­ual del poder de los sesenta en Vida pro­filác­tica; y Aimée borda. Re­sul­tan así piezas dec­o­ra­ti­vas que ba­nal­izan cualquier sen­tido orig­i­nal. (…)

Perteneciente a una gen­eración de creadores cubanos cal­i­fi­cada de cínica, Aimée sabe de ego y de aura pero tam­bién de efi­cien­cia e in­stru­men­tal­i­dad. Sabe que no es lo mismo el barniz asép­tico de una galería o museo que el fer­mento y la con­tam­i­nación del es­ce­nario público. In­vi­tada por Cuban Art Found y Times Square Arts a re­alizar un proyecto de in­ter­ven­ción pública en Times

Square, ella sabía muy bien que por muy megaló­mana que fuera su prop­uesta jamás sería lo su­fi­cien­te­mente hegemónica com­parada con la fasci­nación y el voltaje vis­ual re­unido en esa con­flu­en­cia de es­quinas. Pero lo fasci­nante por lo gen­eral abruma. Razón que llevó a Aimée a de­cantarse por un proyecto su­til, que con­trar­restara el efecto ob­nu­bi­lante de ese con­tene­dor de imá­genes situ­ado en el corazón de Man­hat­tan. Times of Silence es el tí­tulo que ella es­cogió para una prop­uesta con­sis­tente en el em­plaza­miento de tres estruc­turas que, en cal­i­dad de vit­ri­nas, mues­tran per­iódi­cos cubanos y norteam­er­i­canos to­tal­mente bor­da­dos. Una am­pli­fi­cación de Dis­curso Supre­ma­tista con un tí­tulo con­tex­tu­al­izado.

Con Times of Silence ella con­tinúa esa op­er­a­to­ria: bor­dando per­iódi­cos lo­cales e in­su­lares no solo está an­u­lando un es­pa­cio de poder sino que está cre­ando un es­pa­cio de re­poso men­tal en me­dio de la in­for­ma­ción vis­ual de esa plaza en par­tic­u­lar. Un alud tan hiper­real que se vuelve vacío y ab­stracto. Aimée pro­pone una con­tra­partida a “la per­fec­ción in­útil de la ima­gen” y, puesta al ser­vi­cio público, ofrece un oa­sis gratis, un in­ter­sti­cio blando o una zona de si­len­cio en me­dio del aje­treo es­tre­sante de Times Square. La con­tem­plación zen-sen­tido –con cierta do­sis de in­triga– es el fin úl­timo de esa obra. (…) ƒ

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