MARIO AL­GAZE: EL RECLAMO A LA INMORTALIDAD

Art On Cuba - - Sp - Janet Batet

La fo­tografía tiene, a un tiempo, el don an­titético de la atem­po­ral­i­dad y la in­fini­tud. Tras el click defin­i­to­rio del ob­tu­rador, un in­stante único, es­cur­ridizo e ir­repetible, priv­i­le­giado por el ojo del fotó­grafo (se­lec­cionado en­tre tan­tos mil­lares de otros in­stantes que en ese mismo mo­mento de­jan de ex­i­s­tir) queda con­ge­lado por siem­pre –dester­rado del tiempo, co­ag­u­lado en una suerte de con­juro que úni­ca­mente se re­al­iza (re­ac­tiván­dose una y otra vez) en cada nueva pupila que se atreve a la su­per­fi­cie ar­gen­tada. Esta condi­ción sine qua non del he­cho fo­tográ­fico re­sume en es­en­cia el cometido úl­timo de un pro­ceso sober­bio: el reclamo a la inmortalidad.

(…) El camino que ll­eva a Mario Al­gaze (La Ha­bana, 1947) a la fo­tografía está vívi­da­mente aso­ci­ado a una necesi­dad in­terna de au­to­conocimiento y afir­ma­ción. En 1960, a la edad de 13 años, mi­gra con su padre a Mi­ami y en 1971, con 24 años, comienza ávi­da­mente la in­cur­sión en la fo­tografía. Los años de tra­bajo como fotó­grafo in­de­pen­di­ente para difer­entes pub­li­ca­ciones na­cionales e in­ter­na­cionales van per­fi­lando el es­tilo for­mal que mar­cará toda la obra del artista, car­ac­ter­i­zada por la espon­tanei­dad, la luz nat­u­ral y la com­posi­ción im­peca­ble.

Si bien su tra­bajo como fo­tor­re­portero a prin­ci­p­ios de la dé­cada de los años se­tenta tes­ti­mo­nia de man­era ex­celsa el mundo de la cul­tura amer­i­cana del mo­mento desde es­trel­las como Mick Jag­ger, Bob Dy­lan, B.B. King y Grace Slick hasta el movimiento con­tra­cul­tural, no es sino en su primera visita a México, en 1974, que Mario Al­gaze, de golpe, de­s­cubre el real cometido que la fo­tografía ten­drá para él: “México sig­nificó el reen­cuen­tro con mi propia iden­ti­dad, la vuelta a mis raíces” –re­mem­ora. (…)

In­vari­able­mente, la fo­tografía de Al­gaze está im­preg­nada de alto valor lírico y una suerte de halo mis­te­rioso de­ter­mi­na­dos, en primera in­stan­cia, por el magis­tral uso del blanco y ne­gro en plata so­bre gelatina, así como el há­bil manejo de la luz nat­u­ral y ar­ti­fi­cial y el do­minio de la pro­fun­di­dad de campo. Am­bos, luz y pro­fun­di­dad de campo, de­vienen dos fac­tores cru­ciales de valor psi­cológico para el artista.

(…) En 1999, tras 39 años de ausen­cia de su es­pa­cio na­tal, Al­gaze re­gresa a Cuba, re­sum­iendo el cír­culo de búsquedas de esa iden­ti­dad es­cindida, ahora vasta y polié­drica. Su visita a la Isla se in­cor­pora así al mo­saico ir­repetible de imá­genes, tes­ti­mo­nio y poesía a un tiempo, de ese mag­ní­fico y var­i­opinto con­texto que es la re­al­i­dad lati­noamer­i­cana.

Si bien la obra de Mario Al­gaze se in­scribe den­tro de la tradi­ción de la fo­tografía lati­noamer­i­cana, se dis­tingue de ella por el posi­cionamiento del artista. Tes­tigo y cro­nista que asume, en sus propias pal­abras, “la ter­cera posi­ción”, en­ten­dida esta como una posi­ción neu­tral. Ale­jada de en­fo­ques ide­ológi­cos pre-he­chos, su obra es, so­bre todo, una mi­rada con­movida y desin­tere­sada, dá­diva mag­ní­fica que deja en manos del re­cep­tor la úl­tima pal­abra. (…) ƒ

Newspapers in English

Newspapers from Cuba

© PressReader. All rights reserved.