LA SOLEDAD EN BLANCO Y NE­GRO

Art On Cuba - - Sp - Nel­son Herrera Ysla

(…) En fecha cer­cana, luego de su­per­ada la primera dé­cada del siglo xxi, Day­lene Ro­dríguez asoma en el panorama fo­tográ­fico cubano con un con­junto de imá­genes en blanco y ne­gro que abor­dan la soledad de hom­bres y mu­jeres de la ter­cera o cuarta edad, cuyas vi­das tran­scur­ren en hog­a­res de an­cianos, de man­era apaci­ble, si­len­ciosa, aunque, quién sabe, no ex­en­tas de con­flic­tos y dra­mas ex­is­ten­ciales. Este in­terés suyo se ex­presa en un re­torno al retrato tradi­cional abor­dado desde la em­patía con el su­jeto, y asis­tido por cierta com­pasión y desvelo ha­cia esos hom­bres y mu­jeres.

Nacida en Matan­zas, Cuba (1978) su car­rera tran­scurre desde hace tiempo en La Ha­bana. Desde el año 2007 ex­hibe in­di­vid­ual­mente y en ex­posi­ciones colec­ti­vas de man­era reg­u­lar, destacán­dose sus par­tic­i­pa­ciones en even­tos par­ale­los a la Bienal de La Ha­bana y con­tribuyendo a en­grosar colec­ciones tanto pri­vadas como de in­sti­tu­ciones en Cuba y los Es­ta­dos Unidos.

Su obra ac­tual y de más alto im­pacto la hal­lamos en la serie

Aliento de cenizas, 2015, cuyos orí­genes se re­mon­tan a años atrás, cuando es­taba ob­se­sion­ada por fo­tografiar an­i­males calle­jeros, niños, adul­tos may­ores, en un tra­bajo que priv­i­le­giaba el punto de vista doc­u­men­tal por so­bre otros es­téti­cos o con­cep­tuales. Sin to­car a fondo el tema de la muerte, Day­lene lo roza con hon­esti­dad y pa­cien­cia, sacu­d­ida por esa at­mós­fera de soledad en que viven tan­tos hom­bres y mu­jeres ha­cia el fi­nal de sus vi­das.

Los tí­tu­los de las fo­tografías de­no­tan la sen­cillez de sus propósi­tos, son los nom­bres de cada su­jeto: Alonso, Eu­lo­gia, Floren­cia, Jesús, Zaida, quienes no “posan” sino que “se de­jan” re­tratar aun cuando ello no sig­nifique una con­cien­cia clara, pro­funda, ac­erca del he­cho fo­tográ­fico. Mi­rando ha­cia ar­riba, ha­cia abajo, ro­gando con sus manos en­tre­lazadas, es­tos seres se aban­do­nan al aliento de sus dra­mas o an­gus­tias, a ese sen­timiento de soledad que los em­barga como algo muy suyo, pri­va­tivo de una ex­is­ten­cia que va al­can­zando ya su cima fi­nal so­bre la tierra.

Para lo­grar mayor co­heren­cia y or­gani­ci­dad en su dis­curso, luego de con­stantes vis­i­tas a var­ios hog­a­res de an­cianos, Day­lene coloca las imá­genes im­pre­sas den­tro de ca­jas de madera y, como com­ple­mento, añade pe­queños cristales ro­tos los cuales, a su vez, per­manecen pro­te­gi­dos por ma­te­rial plás­tico trans­par­ente.

Los frag­men­tos de cristal alu­den al quiebre de las vi­das de es­tos in­di­vid­uos. Los ojos y las manos de­sem­peñan un rol im­por­tan­tísimo: ac­túan como sím­bo­los de la to­tal­i­dad de la ima­gen. El brillo de los ojos mantiene la fe mien­tras las manos acu­san una vi­tal­i­dad la­tente: am­bos el­e­men­tos sus­ten­tan la sec­reta esper­anza de esos seres que se ha ocu­pado en le­git­i­mar y priv­i­le­giar en blanco y ne­gro. Se trata, lógi­ca­mente, de “fo­tografías con­stru­idas”, elab­o­radas luego del reg­istro de las imá­genes por la cá­mara, que no acu­den a el­e­men­tos con­tex­tuales para ex­pre­sar su propósito. Basta la fuerza de esos ros­tros, de esos ojos, de esas manos, para ex­pre­sar esas vi­das, esos des­ti­nos. (…) ƒ Desde su primera edi­ción, en el 2006, PHOTOIMAGEN se ha con­ver­tido en una plataforma de proyec­ción de la fo­tografía –en y desde la República Do­mini­cana– con­tribuyendo al posi­cionamiento del país en el mapa artís­tico in­ter­na­cional. Un evento de esta nat­u­raleza, en el cual par­tic­i­pan artis­tas lo­cales e in­ter­na­cionales en cal­i­dad de in­vi­ta­dos, fo­menta el diál­ogo mul­ti­cul­tural, nece­sario y posi­ble para traspasar las fron­teras físi­cas y men­tales propias de los lla­ma­dos por Antonio Benítez Rojo “pueb­los del mar”.

En esta ocasión, con Cuba como país In­vi­tado de Honor, la vii ver­sión de PHOTOIMAGEN nos plantea el tema “En­tre el retrato y el autorretrato: fo­tografía y representación”. Más de medio cen­te­nar de artis­tas cubanos es­tán pre­sentes en las tres ex­posi­ciones prin­ci­pales en el Museo de Arte Moderno (MAM), mostrando imá­genes míti­cas e icóni­cas de la re­al­i­dad e iden­ti­dad social y cul­tural de la Cuba de las úl­ti­mas seis dé­cadas. Re­tratos que nos con­ducen por la his­to­ria, las in­te­ri­or­i­dades y el imag­i­nario de la so­ciedad cubana, desde el Tri­unfo de la Revolu­ción en 1959 hasta la ac­tu­al­i­dad.

Con­tra viento y marea: fo­tografía cubana 1959-2016, es una mues­tra or­ga­ni­zada con la co­lab­o­ración de la Fo­toteca de Cuba, que reúne una se­lec­ción de 106 obras, re­al­izadas por 42 fotó­grafos de dis­tin­tas gen­era­ciones du­rante el período señal­ado. En pal­abras de Car­los Acero Ruiz, artista vis­ual do­mini­cano, crítico de arte, Di­rec­tor Artís­tico y cu­rador de PHOTOIMAGEN y de esta ex­posi­ción: “En este sin­gu­lar con­junto pode­mos apre­ciar imá­genes que ya son parte de la his­to­ria de Cuba. En muchas de el­las en­con­tramos reg­istros doc­u­men­tales de mo­men­tos trascen­den­tales de la vida política, cul­tural y económica de la Isla. De igual forma se mues­tra la re­al­i­dad social, ur­bana y hu­mana del pue­blo cubano (…)”

MARÍA EU­GE­NIA HAYA (MARUCHA) Sin tí­tulo, de la serie En el Lyceum

Plata so­bre gelatina / 21.59 x 30.48 cm Cortesía de la au­tora

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