MAPAS Y MAPAGLIFOS

Apuntes so­bre el tra­bajo de Ibrahim Mi­randa

Art On Cuba - - Sp - Alexis Callado Estefanía

En Paint­ings, ex­hibi­ción de Ibrahim Mi­randa en la Galería Ms17Art Project (New Lon­don, CT, EUA, abierta desde el 18 de agosto hasta el 18 de sep­tiem­bre de 2016), y en gen­eral en gran parte de su obra, se nos rev­ela la relación en­tre su cos­mo­visión poética –su par­tic­u­lar forma de aten­ción es­tética– y lo que para él sig­nifica vivir en la Cuba ac­tual. Un lu­gar im­pre­deci­ble en un tiempo de epíl­ogo a la “his­to­ria” propi­a­mente dicha de cuyas di­rec­tri­ces no se ha lle­gado a saber to­davía mu­cho: ex­cepto el he­cho de que desde la emer­gen­cia dom­ina la es­cena un es­tilo difer­ente de “destino”.

“El mapa no es el ter­ri­to­rio”. Esta frase tan tril­lada, acuñada por Al­fred Korzyb­ski, nos ilus­tra lo lim­i­ta­dos que es­ta­mos para apre­hen­der un conocimiento sus­tan­cial de nues­tras es­pa­cial­i­dades, las at­mós­feras y las situa­ciones en las que nos man­ten­emos según nue­stros planes y val­o­raciones. Tal vez lo ex­plíc­ito es el ras­tro de una civ­i­lización pero no toda la in­men­si­dad, que es in­abar­ca­ble.

Los hábitos cog­ni­tivos fun­da­cionales de la Modernidad son darle la vuelta a la tierra para am­pliar, con­quis­tar y ma­pear los ter­ri­to­rios abriendo al uní­sono el cuerpo hu­mano por to­das partes y rep­re­sen­tán­dolo grá­fi­ca­mente desde to­das las per­spec­ti­vas posi­bles. Así tam­bién las dis­tor­siones que padece la con­fig­u­ración de la Isla de Cuba en la trama de viejos mapas es­co­lares de Ibrahim Mi­randa. Es­tas obras –car­tografías de un de­splaza­miento ha­cia casi to­dos los des­ti­nos posi­bles– pueden medir tres o cu­a­tro met­ros de largo por unos 40 cen­tímet­ros de an­cho. Se mon­tan en gru­pos, sin mar­cos, tienen difer­entes for­matos y con­ju­gan la in­sta­lación con la obra por sí sola.

(…) En las piezas de la serie de mapaglifos las imá­genes se des­doblan del primer plano al tras­fondo, del trazado del an­i­mal a las calles, del pliegue al de­spliegue, de la in­ten­ción al ac­ci­dente, de la fu­til­i­dad tem­po­ral a un tiempo in­ter­venido en los ex­tremos de la tierra, de los des­mayos auto-ref­er­en­ciales a un hábi­tat enig­mático y om­nipresente.

El ejer­ci­cio de in­cluir su aten­ción es­tética en con­tex­tos ar­bi­trar­ios –frag­men­tos de mapas de ciu­dades es­cogi­das al azar– reafirma la idea de que el análi­sis lógico puede acred­i­tarse como pro­ced­imiento ex­plica­tivo, pero la búsqueda de una iden­ti­dad des­cansa en el he­cho de que lo im­plíc­ito des­igna un lu­gar en el mundo gra­cias a una ac­ti­tud que po­ten­cie una ex­pan­sión ir­re­ductible de nue­stro mundo in­te­rior.

Lo que Ibrahim Mi­randa des­oculta solo puede cor­re­spon­der a un trazo derivado de sus per­sis­ten­cias y ob­se­siones. Su obra in­siste en la necesi­dad de forzar el ac­ceso a lo en­cu­bierto porque sabe que solo de­spués de la ir­rup­ción en lo oculto se puede de­san­dar el laber­into de los sig­nos. Es­tas “sin­taxis” pro­por­cionarían in­ten­si­dades metafóri­cas a con­fusas ten­siones históri­cas y a lac­er­antes re­defini­ciones so­ciales; tra­duce sueños políti­cos a in­struc­ciones de uso poético.

Lo repet­i­tivo, lo in­ci­sivo, las se­ries in­agota­bles, las ob­se­siones temáti­cas, las metá­foras au­tor­reflex­i­vas en el tra­bajo de Ibrahim Mi­randa son solo un ápice de una am­bi­ción desmesurada por sub­ver­tir el ruido de una ba­nal­i­dad desqui­ci­ada, que in­tenta rene­go­ciar con­tin­u­a­mente los con­cep­tos que ten­emos de nosotros mis­mos, por una aceptación de nues­tra con­frontación, de nues­tra sep­a­ración en lo in­efa­ble. (…) ƒ Pues qué mejor que un espejo para cap­tar y re­fle­jar la re­al­i­dad del mo­mento. Trasladar un espejo y ver re­fle­jado desde Mi­ami los cam­bios que ocur­ren en La Ha­bana. Si así quisiéramos verlo, en un espejo pasa como en política. Las situa­ciones ocur­ren en se­gun­dos, volátiles o eter­nas, siem­pre en de­pen­den­cia del tiempo que es­te­mos para­dos frente al espejo, o ded­i­ca­dos a un asunto en par­tic­u­lar...

Ego ismo es el tí­tulo de una de las piezas que pre­sento en la mues­tra. En este caso brindo al es­pec­ta­dor un espejo pre­de­ter­mi­nado con un texto, para provo­carlo y di­alogar con él. La ima­gen en sí trata de sin­te­ti­zar el mo­mento ac­tual donde al­gu­nas de­ci­siones pe­san bas­tante en la vida de un gran número de per­sonas. Donde el ego, esa val­o­ración ex­ce­siva de uno mismo, más el ismo, dan lu­gar a una pal­abra de con­no­ta­ciones tan fuertes, cuya pe­sada en­ergía está reper­cutiendo enorme­mente en la so­ciedad. El su­fijo ismo es de ori­gen latino y forma nom­bres mas­culi­nos a par­tir de ad­je­tivos o nom­bres que abar­can no­ciones tales como doc­t­rina, sis­tema, es­cuela o movimiento. Como ac­ti­tud o con­ducta, el egoísmo adquiere cada vez más rel­e­van­cia en nues­tra con­tem­po­ranei­dad. De ahí proviene esa, cada vez más en au­mento, falta de sen­si­bil­i­dad y sol­i­dari­dad con el otro. Y en este caso el su­fijo ismo tam­bién va im­poniendo en el espejo esa ten­den­cia de ori­entación in­no­vadora que siem­pre ha habido en las artes, de opon­erse a lo pre­vi­a­mente ex­is­tente. Y aquí hace­mos un link a los cam­bios que se es­tán pro­duciendo y los que es­tán por venir. Por eso este el­e­mento está ahí, a la es­pera, pero con un texto provo­cador. ¿El espejo llama la aten­ción del es­pec­ta­dor, o vicev­ersa? (…)

¿Cómo surgió la idea de hacer esta ex­posi­ción?

La cu­radora y crítico de arte Mar­i­lyn Sam­pera, que tra­baja para

Diana Lowen­stein desde hace var­ios años, vino a verme a mi es­tu­dio y me ex­plicó la idea de su proyecto: una mues­tra per­sonal donde hi­ciéramos un recor­rido por toda mi obra. Re­cuerdo que la pal­abra ex­acta que ella uti­lizó fue hacer un “alto”, una suerte de bal­ance de mi trayec­to­ria, de­tenién­donos en mo­men­tos que ex­pre­san “madurez artís­tica, au­t­en­ti­ci­dad e in­ge­nio en las obras”.

Re­visando la se­lec­ción de tra­ba­jos que se hizo para la ex­hibi­ción, ¿qué es lo primero que te llamó la aten­ción al con­tem­plar la obra re­al­izada hasta aquí por Lidzie Alvisa?

Al verme ante tan­tas se­ries de difer­entes eta­pas pude darme cuenta de que en cada una de el­las lo­gré una sín­te­sis crítica del mo­mento que viví y que vivo. Sentí que he he­cho mi obra a mi ritmo. Al mío, no al de otros. Cuidando siem­pre a mi hija, la fa­milia, lo primero en mi vida, dedicán­dole to­das las ho­ras posi­bles. Qué gran placer que pueda ahora dis­fru­tar de las dos obras a la par, dos obras que han cre­cido jun­tas, la una siem­pre apoyando a la otra.

Newspapers in English

Newspapers from Cuba

© PressReader. All rights reserved.