CUBA EN LAS BIENALES IN­TER­NA­CIONALES DE ARTE DE SAO PAULO

Art On Cuba - - Sp - Niurma Pérez Zerpas

La dé­cada de los años cuarenta re­sulta tremen­da­mente sig­ni­fica­tiva para el de­sar­rollo de las artes en Brasil. En el ter­reno de las artes plás­ti­cas, esta as­piración se con­cretó en 1951 con la creación de la Bienal de Sao Paulo. In­spi­rada en el mod­elo de la Bienal de Vene­cia y por ini­cia­tiva de Fran­cisco Matarazzo So­brinho, di­rec­tor en aquel en­tonces del Museo de Arte Moderno de Sao Paulo, desde sus ini­cios tuvo como propósito es­en­cial “colo­car al arte moderno brasileño en con­tacto vivo con el arte del resto del mundo”1. A su vez, se pre­tendía que la ciudad se con­virtiera en un cen­tro artís­tico de ref­er­en­cia mun­dial. La primera edi­ción se in­au­guró el 20 de oc­tubre de 1951, ex­tendién­dose hasta el mes de di­ciem­bre, y tuvo su sede en el pro­pio Museo. La mues­tra se con­cibió por países y es­table­ció pre­mios na­cionales y ex­tran­jeros en las cat­e­gorías de pin­tura, es­cul­tura y grabado.2 Se otor­garon además pre­mios de adquisi­ción y otros co­lat­erales.

En la nómina de países par­tic­i­pantes, Cuba figura desde esta primera edi­ción. Un con­junto sig­ni­fica­tivo de artis­tas cubanos ex­po­nen sus obras du­rante las primeras si­ete edi­ciones, es de­cir, hasta 1963. Luego ven­dría un período de vein­tidós años de ausen­cia, pues no es hasta 1985 que Cuba re­torna a la bienal brasileña.

(…) El mayor pro­tag­o­nismo en esta primera etapa lo adquirió la pin­tura, de­jando en se­gundo lu­gar a la es­cul­tura, el grabado y el dibujo. Si algo debe destacarse de este período es que Cuba no pasó de­sapercibida en medio de la gran can­ti­dad de países par­tic­i­pantes; así lo cor­rob­o­ran los pre­mios obtenidos y las men­ciones de honor que al­can­zaron var­ios cubanos. Otro rasgo dis­tin­tivo es el he­cho de que la may­oría de los artis­tas de la Isla que ex­hi­bieron tu­vieron la opor­tu­nidad de hac­erlo en más de una ocasión y con gran can­ti­dad de obras; in­cluso al­gunos como René Por­to­car­rero, Amelia Peláez,

Luis Martínez Pe­dro, Raúl Mil­ián y Ser­vando Cabr­era par­tic­i­paron en­tre cu­a­tro y cinco ve­ces. Si bien du­rante las tres primeras edi­ciones llama la aten­ción que es­tos nom­bres se repi­tan mien­tras otros au­tores se echan de menos, la re­al­i­dad es que a par­tir de la cuarta la representación cubana se am­plía y di­ver­si­fica, con lo cual aporta una ima­gen mu­cho más autén­tica del arte cubano de aque­l­los años.

Según ex­plica Llilian Llanes,3 quien fuera Direc­tora del Cen­tro de Arte Con­tem­porá­neo Wifredo Lam y Pres­i­denta de la Bienal de La Ha­bana hasta 1997, el mérito de que el arte de la Isla volviera a tener vis­i­bil­i­dad en di­cho evento cor­re­sponde en gran me­dida a Robert Muy­laert, quien junto a un equipo de la bienal brasileña hizo una visita a la cap­i­tal cubana du­rante la Se­gunda Bienal y man­i­festó su in­terés por que los artis­tas cubanos ex­pusieran nue­va­mente en Sao Paulo. Es así que Cuba re­gresa en la edi­ción xviii, en 1985.

Si bien el cer­ta­men había sufrido varias mod­i­fi­ca­ciones, como por ejem­plo la elim­i­nación de los pre­mios, la suce­sión de var­ios di­rec­tores, además de los avatares que mar­can los mo­men­tos de auge y deca­den­cia de todo proyecto artís­tico, se man­tenía con­se­cuente con el prin­ci­pio de es­table­cer un diál­ogo en­tre la pro­duc­ción na­cional y lo más rep­re­sen­ta­tivo del arte in­ter­na­cional.

En el ám­bito artís­tico, Cuba tam­bién había ex­per­i­men­tado cier­tos cam­bios. La Bienal de La Ha­bana, creada en 1984, era un es­pa­cio im­por­tante para la pro­mo­ción del arte del Tercer Mundo que aportaba nuevas ex­pe­ri­en­cias a los artis­tas cubanos. En este caso, es pre­ciso sig­nificar que el cer­ta­men brasileño fue el prin­ci­pal ref­er­ente para el im­pulso de este evento. A su vez, la plás­tica se aden­traba en un lenguaje dis­tinto, que de­jaba atrás los com­pro­misos pic­tóri­cos y de épica en­raiza­dos en el arte de los se­tenta y aportaba nuevos códi­gos artís­ti­cos con la in­ten­ción de ac­er­car el arte a la vida y al in­di­viduo.

A difer­en­cia de las primeras edi­ciones, Cuba par­tic­ipa, a par­tir de este mo­mento, con una pe­queña representación. (…) ƒ

CAR­LOS GARAICOA

La ciudad vista desde la mesa de casa, 1998 In­sta­lación con mesa de madera, vidrio, agua, pez, sal y pimiento

100 x 80 x 450 cm

Colec­ción Art & Pub­lic, Geneva

Ex­hibida en la 24 Bienal Sao Paulo, 1998 Cortesía del artista

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