LA UTOPÍA ES, MÁS BIEN, UNA CUESTIÓN DE FU­TURO

XLIX Con­greso de la AICA, La Ha­bana

Art On Cuba - - Sp - Mar­i­lyn Payrol

El pasado 13 de oc­tubre (…) se ini­ciaba en La Ha­bana el sim­po­sio

Nuevas Utopías: Arte, memo­ria y con­tex­tos. Con este evento se abrían las re­flex­iones teóri­cas del xlix Con­greso de la Aso­ciación In­ter­na­cional de Críti­cos de Arte (AICA), de­sar­rol­lado en la Isla (del 11 al 15 de oc­tubre de 2016) como parte de un pro­ceso de rein­ser­ción del capí­tulo cubano en la or­ga­ni­zación global.1

Parecía en­tonces, el 13 de oc­tubre, un día de reen­cuen­tros, de “re­des­cubrim­ien­tos”. Marek Barte­lik, pres­i­dente de la AICA In­ter­na­cional, diría: “este será un evento histórico, no solo para AICA, sino para la co­mu­nidad in­ter­na­cional del arte, en sen­tido gen­eral, so­bre todo porque se cel­e­bra en mo­men­tos en que Cuba ex­pande su in­ter­cam­bio cul­tural y artís­tico con el resto del mundo”. (…)

Fue la no­ción de “re-de­s­cubrim­iento” la que signó la con­cep­ción de este con­greso. Po­nen­cias como Car­naval o el tri­unfo del tam­bor utópico de Tonel, Des­col­o­nizar el Museo: ¿la Utopía? de Cristina Freire o Me­mo­rias in­su­lares e imag­i­nar­ios visuales para pen­sar el Caribe en el es­pa­cio global de Yolanda Wood, re­spondían a una lóg­ica de­mostra­tiva, ex­plica­tiva, in­sis­tente so­bre todo en el pasado, con­fig­urán­dose como re­latos con­tex­tuales donde la memo­ria de­venía eje cen­tral.

La no­ción fu­turi­ble (pen­sar es­ce­nar­ios de fu­turos posi­bles), sin em­bargo, se des­dibu­jaba. Ello en­car­n­aba una paradoja, en tanto la utopía, tam­bién se­lec­cionada como línea dis­cur­siva, aunque a par­tir de un he­cho pretérito (la creación, hace 500 años, de Utopía de Tomás Moro), apunta más bien a una situación fu­tura, aun in­al­can­zada por ir­re­al­iz­able. En esta di­rec­ción, la po­nen­cia de Damian Smith con­sti­tuía un ali­ciente al ade­lan­tar su proyecto In­ter­cam­bio: una con­ver­sación en­tre dos trenes pen­sado para la 13 edi­ción de la Bienal de La Ha­bana. (…)

Más allá de esta proposi­ción en torno a una op­er­a­to­ria difer­ente, temas de vi­gen­cia ac­tual como la in­ci­den­cia de la tec­nología en el arte, el en­tre­cruza­miento arte-cien­cia, la posi­ción de la crítica ante es­tas prob­lemáti­cas glob­ales, etc., y cómo es­tas pueden ser asum­i­das para el re­planteamiento de nue­stros pro­ce­sos, quedaron al mar­gen, al menos desde el for­mato de con­fer­en­cias.

En con­se­cuen­cia, el con­greso de la AICA en Cuba devino un es­pa­cio de ac­tu­al­ización (que com­prendió, además, vis­i­tas a ex­posi­ciones del cir­cuito galerís­tico de la ciudad), pero para aque­l­los que vinieron y no para quienes desde el lado de acá es­per­a­ban información, con­frontación con nuevos análi­sis, nuevos paradig­mas. Me gus­taría creer que la pre­sentación de ex­pe­ri­en­cias lo­cales, en la que par­tic­u­lar­mente fue ex­ten­sivo el Panel Bienal de La Ha­bana: pasado, pre­sente y fu­turo2 era nece­saria para nues­tra cor­recta re­colo­cación en el diál­ogo in­ter­na­cional. Así, en­ten­dería que no es­taba pres­en­ciando una forma otra de colo­nial­i­dad, para esta ocasión en gran me­dida au­toim­puesta. ƒ

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