SOLO DE­TENTE A MI­RAR…

Art On Cuba - - Grethel Morell Otero - Ham­let Fernández

¿Puede la pin­tura rep­re­sen­tar ideas, es­ta­dos de án­imo o ac­ciones como la med­itación, la in­tro­spec­ción, la con­tem­plación in­te­rior, el des­blo­queo de la mente ha­cia un flujo in­con­sciente de pen­samiento, la ab­strac­ción o evasión de toda in­medi­atez prác­tica, la as­cen­sión a un plano de in­t­elec­ción que tra­sciende el es­tí­mulo sen­so­rial y la ex­pe­ri­en­cia apren­dida? En­fo­cando el asunto desde una filosofía de la rep­re­sentación, es­tas pudieran ser ideas o fenó­menos cuya re­al­ización ca­bal, es­en­cial o ade­cuada, sería im­posi­ble de lo­grar desde un medio como la pin­tura. Por tanto, hablando en un sen­tido es­tric­ta­mente kan­tiano, di­chos con­struc­tos se con­vierten para la pin­tura en “ob­je­tos de lo sub­lime”, es de­cir, des­bor­dan las ca­paci­dades rep­re­senta­cionales del medio y, en con­se­cuen­cia, es­capan a la am­bi­ción cognosc­i­tiva del arte, al menos de la forma pic­tórica. Tam­bién Hegel hubo de señalar que no todo “es­ta­dio de la ver­dad” es sus­cep­ti­ble de en­con­trar una ex­pre­sión sen­si­ble acorde a su com­ple­ji­dad, no todo tipo de idea puede hac­erse en­car­nar en una “forma bella”. De ahí que el filó­sofo del es­píritu ab­so­luto pen­sara que el arte tenía sus límites cognosc­i­tivos, que son en su opinión los límites de la ca­paci­dad de sus medios de rep­re­sentación.

Sin em­bargo, es sabido que el arte ha luchado con­stan­te­mente por am­pliar sus límites, por ex­pandir sus do­min­ios, por con­ver­tir esos “im­posi­bles” en sus pro­pios ob­je­tos de rep­re­sentación. De esta man­era, buena parte de la pin­tura van­guardista, como hubo de señalar Ly­otard, se pro­puso re­tar al ám­bito de lo sub­lime, con­vir­tiendo di­cho propósito en una idea pro­gramática; y he ahí cuando el medio lo­gra algo ex­traor­di­nario in­ten­tando trascen­der sus pro­pios límites rep­re­sen­tando lo im­posi­ble, lo ir­rep­re­sentable: el tiempo, la ve­loci­dad, la fuerza, la alien­ación, el in­con­sciente, la mul­ti­pli­ci­dad y si­mul­tane­i­dad per­cep­tual de lo físico en un mismo plano, etc.

Cuando mi­ramos las obras del joven pin­tor cubano Kamilo

Mo­rales pode­mos ex­per­i­men­tar que en su prop­uesta ex­iste ese tipo de con­flicto rep­re­senta­cional. Force­jear con lo ir­rep­re­sentable: ese es el reto que an­ima su in­ves­ti­gación y su tra­bajo pic­tórico. Kamilo nos declara en sus state­ment y en al­gunos de los tí­tu­los de se­ries y obras el in­flujo que ha tenido en su creación la filosofía ori­en­tal. Por el uso de tér­mi­nos como lu­gar, tiempo, es­pa­cio, ro­cas, satori, jardín Zen, med­itación, con­tem­plación, etc., es in­feri­ble que sus prin­ci­pales ref­er­entes vi­suales y con­cep­tuales provienen del Bud­ismo Zen.

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