UNA ISLA EN EL ECO AGONIZANTE DE UNA COPA DE CRISTAL:

La poética de Alan Manuel González

Art On Cuba - - Grethel Morell Otero - Píter Ortega Núñez

(…) Ajeno a cualquier mod­ismo o ten­den­cia, Alan Manuel González (La Ha­bana, 1972) pareciera vivir en su propia bur­buja, ais­lado del ar­ribismo, com­pe­ten­cia y mezquin­dad pro­pios del arte con­tem­porá­neo. Él va “a su aire”, sin prisa. Quizás para de­cirnos que “no van lejos los de ade­lante, si los de atrás cor­ren bien”. A medio camino en­tre la pin­tura hiper­re­al­ista y las at­mós­feras sur­re­al­izantes, su obra so­bre­sale por el im­peca­ble do­minio de la gama cromática, las tex­turas, los con­trastes en­tre luces y som­bras, la per­spec­tiva lin­eal y at­mos­férica, así como el tratamiento de los es­cor­zos, la anatomía hu­mana y las trans­paren­cias de las su­per­fi­cies de cristal.

Pero más allá del vir­tu­o­sismo téc­nico, las pin­turas del artista es­tán car­gadas de una gran poesía y es­pir­i­tu­al­i­dad. Alan es un eterno soñador, un po­eta vis­ual, quien nos en­trega agu­das metá­foras rela­cionadas con la condi­ción in­su­lar, nue­stros paisajes ur­banos y ru­rales, las an­gus­tias y desve­los de nues­tra gente. Sus tra­ba­jos son una ra­dio­grafía de la Isla y de los su­je­tos más hu­mildes que la habi­tan. Una isla er­rante, vagabunda, en­cap­su­lada en una botella de cristal.

Y casi sin pre­tenderlo he men­cionado los dos sím­bo­los icono­grá­fi­cos más im­por­tantes den­tro de su obra: el pomo/botella/vaso de cristal y la palma real. El primero es el es­ce­nario om­nipresente, que todo lo con­tiene, todo lo ab­sorbe, pet­ri­fica y et­erniza. Las pin­turas de Alan son las pin­turas del encierro, de la mudez y el si­len­cio. Vegeta­ciones, con­struc­ciones ar­qui­tec­tóni­cas y seres hu­manos viven apri­sion­a­dos en­tre pare­des de cristal donde el tiempo y la me­mo­ria se con­ge­lan, se par­al­izan. Sus mun­dos o per­son­ajes habi­tan una in­co­mu­ni­cación atroz: la belleza y limpi­dez de las su­per­fi­cies cristali­nas se con­vierten en barrera que aísla, an­ula.

Por su parte, la palma real es ob­jeto de múlti­ples ve­ja­ciones: es trit­u­rada, cor­tada, ar­ran­cada de raíz, amar­rada o doblada hasta el suelo. En es­tas obras to­dos sufren: los seres hu­manos, las plan­tas, la arqui­tec­tura, José Martí en las pro­fun­di­dades del mar. Se trata de un mundo malde­cido, er­rático, quizás porque al­guien ha destapado la Caja de Pan­dora. Sus crea­ciones nos lan­zan muchas pre­gun­tas, y ninguna re­spuesta: ¿quién pro­fanó la “caja”?, ¿cuál es ese se­creto que no se de­bía man­i­fes­tar?, ¿cuándo los cristales que nos re­cluyen de­sa­pare­cerán de nues­tras con­cien­cias y nue­stros cuer­pos?, ¿en qué mo­mento las pal­abras y las vo­ces se lib­er­arán ante el eco agonizante de una copa de cristal? ¿Será pronto, o nos aguarda una es­pera ale­tar­gante? (…) ƒ mi piel,

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