Cuban Vis­ual Arts Award 2016

Art On Cuba - - In This Issue - Llilian Llanes › boti@cubarte.cult.cu

Debo con­fe­sar que desde hace var­ios años, como mu­chos cole­gas, he es­tado es­perando el otorgamiento de este pre­mio a José Manuel Fors. Con­fieso tam­bién que cuando lo supe lo primero que se me ocur­rió pre­gun­tar fue por el ju­rado, y sentí una in­mensa sat­is­fac­ción cuando conocí que, como parte de sus miem­bros, no solo es­ta­ban fig­uras históri­cas en­cabezadas por Pe­dro de Oraá, sino tam­bién un número im­por­tante de jóvenes li­cen­ci­a­dos en His­to­ria del Arte que vienen con­struyendo en los úl­ti­mos tiem­pos la nueva crítica de arte en nue­stro medio. No es for­tuita, pues, esta se­lec­ción, como no lo será un día la de Tomás Sánchez, quien junto a Fors ayudó a trans­for­mar la mi­rada del arte cubano ha­cia el en­torno nat­u­ral, ac­tu­al­izando y mod­ern­izando el género, cada uno den­tro de su sin­gu­lar es­tilo.

(…) Vale recor­dar que, den­tro del arte cubano, no ha habido artista que no haya ex­per­i­men­tado en al­gún mo­mento de su car­rera el reto que supone la creación de un paisaje. Un recor­rido por las obras a que dicha afi­ción ha dado lu­gar per­mite in­cluso re­cono­cer la evolu­ción ex­per­i­men­tada por el arte na­cional y las in­flu­en­cias a las que ha es­tado sometido a lo largo de los años, de acuerdo con los es­ti­los de moda. (…)

Cuál no sería nues­tra sor­presa cuando em­pezando los ochenta un joven de ape­nas vein­ticinco años sub­vierte la mi­rada ha­cia la nat­u­raleza lo­cal y de­s­coloca a la crítica y a los his­to­ri­adores del arte del mo­mento, sor­pren­di­dos ante el de­sa­fuero que con­sti­tuían aque­l­las pi­las de ho­jas se­cas colo­cadas en el suelo, que nada tenían que ver con la forma de mi­rar ha­cia la nat­u­raleza y de con­struir un paisaje im­pues­tas por la tradi­ción en nue­stro país, a la que nos tenían acos­tum­bra­dos to­davía los pin­tores.

(…) Para la fecha, en el arte de los prin­ci­pales cir­cuitos in­ter­na­cionales la relación arte-nat­u­raleza había adop­tado difer­entes for­mas de man­i­fes­tarse. Ya es­taba con­sol­i­dado el land art, lo mismo que el arte povera y otras ten­den­cias den­tro de la saga de am­bas, orig­i­nadas en lo fun­da­men­tal a prin­ci­p­ios de los sesenta, cuando la pro­duc­ción y el con­sumo habían de­venido los el­e­men­tos es­truc­turales de la so­ciedad, y el arte, ab­sorbido por el sis­tema, había comen­zado a bus­car nuevas for­mas de su­per­viven­cia. Den­tro de esta cir­cun­stan­cia, tanto en Norteamérica como en Europa surgió una nueva gen­eración de artis­tas que, huyendo del mer­can­til­ismo gen­er­ado en el arte, comenzó a bus­car zonas en las que ac­tuar, más lig­adas al es­pa­cio y el tiempo en que vivían.

Fue en­tonces cuando en­tre al­gunos de aque­l­los jóvenes apare­ció el in­terés por de­sar­rol­lar una nueva relación con el en­torno nat­u­ral, vin­cu­lada en al­gunos ca­sos con las pre­ocu­pa­ciones so­bre el de­te­ri­oro am­bi­en­tal que habían dado lu­gar a movimien­tos muy di­ver­sos que con el tiempo serían en­globa­dos den­tro del tér­mino de ecol­o­gismo. (…) Desde en­tonces los artis­tas que se pro­pusieron ac­tuar en/desde la nat­u­raleza, con las es­peci­fi­ci­dades propias de cada ten­den­cia, con obras situ­adas en es­pa­cios ex­te­ri­ores o en­fo­cadas para los in­te­ri­ores, tu­vieron el común propósito de ale­jarse de las for­mas tradi­cionales de la pin­tura y la es­cul­tura así como el de pro­ducir emo­ciones en el es­pec­ta­dor, ya fuera al en­frentarse a un paisaje den­tro de la es­truc­tura misma de este, como ocur­ría en­tre los artis­tas del land art, o al con­ce­bir una obra en la que los el­e­men­tos nat­u­rales en­con­tra­ban su pro­pio valor, como en los ad­scritos al arte povera.

(…) Más allá de la de­fensa de la frágil nat­u­raleza, de lo que se trataba en­tonces era de la le­git­i­mación de un nuevo com­por­tamiento artís­tico, de una man­era de tra­ba­jar cuyo anti con­ven­cional­ismo suponía una im­por­tante re­flex­ión en tér­mi­nos es­téti­cos so­bre las rela­ciones en­tre el ma­te­rial, la obra y el pro­ceso de re­al­ización. Una es­trate­gia que reivin­di­caba el uso de ma­te­ri­ales hu­mildes, cuyo de­te­ri­oro ante los efec­tos del paso del tiempo devino un valor en sí mismo, con­ver­tido en una cat­e­goría artís­tica por parte de quienes es­ta­ban más in­tere­sa­dos en los pro­ce­sos que en el re­sul­tado fi­nal.

Fors sale a la luz, jus­ta­mente, den­tro de esa es­trate­gia artís­tica. Su in­terés no era eri­girse en sal­va­guarda de la nat­u­raleza, como al­gunos po­drían suponer. (…) Fors no fue en­tonces, ni es hoy, un ecol­o­gista mil­i­tante. En su caso las mo­ti­va­ciones eran otras. Tenían que ver so­bre todo, con la prob­lemática de la rup­tura artís­tica que a la sazón ocu­paba la mente y la ac­ción de mu­chos de sus cole­gas (…). En rigor, su in­qui­etud de­venida ob­sesión era el arte mismo, lo que ex­plica que, desde muy tem­prano, en­cam­i­nara sus inda­ga­ciones a la búsqueda de fór­mu­las con las que es­capar del tradi­cional­ismo im­per­ante y que, sin salirse del ám­bito de lo pro­pio, con­tribuy­eran a im­prim­irle al arte ur­bano la di­men­sión de uni­ver­sal­i­dad de la que por lo gen­eral carecían sus prin­ci­pales man­i­festa­ciones.

De cualquier man­era, hay que re­cono­cer que el tipo de proyecto que de­sar­rolló a par­tir de en­tonces, nacido del ac­er­camiento a la nat­u­raleza como ma­te­rial de creación plás­tica y como fuente de ex­pe­ri­en­cia es­tética, abrió una ten­den­cia que haría suya una nueva gen­eración de artis­tas cubanos, en la que se priv­i­le­gia­ría el tra­bajo con ma­te­ri­ales no con­ven­cionales. Desde una per­spec­tiva es­tética esto suponía, de una parte, la re­flex­ión so­bre las rela­ciones en­tre el ma­te­rial y el pro­ceso de re­al­ización de la obra, y de la otra, un claro rec­hazo ha­cia las for­mas tradi­cionales de creación.

El mérito de Fors está, pues, den­tro de los ám­bitos de la es­tética. (…) ƒ

Newspapers in English

Newspapers from Cuba

© PressReader. All rights reserved.