Graphic Print­ing and Draw­ing dur­ing the Twen­ties and Thir­ties

La grá­fica y el dibujo en los años veinte y treinta

Art On Cuba - - Index - Roberto Cobas Amate › cobas@bel­lasartes.co.cu

La ex­posi­ción La mi­rada in­édita; la grá­fica y el dibujo en los años veinte y treinta pre­sen­tada en el Museo Na­cional de Bel­las Artes de La Habana, dirige su aten­ción so­bre las tra­mas prin­ci­pales de la van­guardia plás­tica cubana en los tur­bu­len­tos años veinte del pasado siglo en el dibujo y la grá­fica. Son pre­cisa­mente en es­tas ex­pre­siones artís­ti­cas donde se man­i­fi­es­tan las líneas es­en­ciales de de­sar­rollo que mar­carán la evolu­ción del movimiento, ade­lan­tán­dose a su surgimiento en la pin­tura o la es­cul­tura de la época.

Los movimien­tos de ren­o­vación plás­tica ten­drán vías im­por­tantes de ex­pre­sión en la grá­fica y el dibujo. Du­rante esa etapa ocur­rió una ver­dadera revolu­ción en el diseño de las re­vis­tas, de man­era sostenida en So­cial, la cual de­viene líder de esta trans­for­ma­ción visual, in­stalán­dose en el con­texto cubano una nueva mi­rada. El hom­bre común pen­e­tra en la vi­su­al­i­dad de la mod­ernidad de la mano de es­tas pub­li­ca­ciones. Por otra parte, el dibujo aborda con de­sen­fado la rup­tura con las con­ven­ciones académi­cas al uso in­tro­duciendo en su que­hacer temas in­ex­plo­rados o trata­dos con ex­trema su­per­fi­cial­i­dad, como lo afrocubano o campesino, o las con­tradic­ciones so­ciales del mo­mento con un lenguaje nove­doso.

Rafael Blanco será quien in­au­gura en el ám­bito de las artes plás­ti­cas una mi­rada crítica, de pro­funda amar­gura y mor­daz ironía, so­bre el con­texto de su época. Un ade­lan­tado en el ter­reno de la car­i­catura, sin em­bargo, son sus aguadas las que mejor de­finen su arte, ex­pre­sion­ista hasta el grotesco, como grotesco era el am­bi­ente so­cio–político del período que le tocó vivir. Con pos­te­ri­or­i­dad, emerge la figura de Ed­uardo Abela, quien re­gresa tri­un­fante de París en 1929; se aparta de la línea afrocubana en su pin­tura y se ded­ica con pasión rev­olu­cionaria a la car­i­catura, re­tomando su ya pop­u­lar per­son­aje del Bobo, creado en 1926.

En la efer­ves­cen­cia de las luchas anti–machadis­tas la van­guardia plás­tica cubana tuvo una pres­en­cia per­ma­nente de apoyo a las reivin­di­ca­ciones del pue­blo. To­dos fueron al­can­za­dos en mayor o menor me­dida por esta tarea ur­gente del mo­mento. Arístides Fernán­dez, por ejem­plo, se ex­presa con mucha de­cisión en sus dibu­jos de man­i­festa­ciones calle­jeras, dibu­jadas con un trazo ágil y con­ciso en busca de cap­tar la con­mo­ción del in­stante. En esta misma di­rec­ción es­tán los dibu­jos des­gar­radores de Car­los En­ríquez para el li­bro El ter­ror en Cuba, ed­i­tado en París en 1933. Pero es Marcelo Po­golotti quien al­canza el más lú­cido sen­tido de com­pro­miso so­cial con la im­pre­sio­n­ante serie de dibu­jos Nue­stro tiempo (1930–1931), en la cual ex­pone las con­tradic­ciones fun­da­men­tales de la época, cuyo cen­tro neurál­gico rad­ica en el con­flicto en­tre la clase obr­era y el cap­i­tal.

Una ver­tiente de rel­e­vante im­por­tan­cia en la plás­tica de la época es la inda­gación en lo criollo como búsqueda de al­cance con­ti­nen­tal. En el caso par­tic­u­lar de Cuba la ex­plo­ración de lo pop­u­lar se ori­enta fun­da­men­tal­mente ha­cia la ex­pre­sión de las tradi­ciones y leyen­das de los campos de la Isla, los paisajes ru­rales y, como pro­tag­o­nista de es­tos, el gua­jiro. Esta visión cristal­iza en una per­spec­tiva criol­lista, que tra­sciende la mi­rada cos­tum­brista para pre­sen­tar una de­nun­cia ve­he­mente de la vida mis­er­able y sin esper­anza del campesino cubano. La var­iedad de ac­er­camien­tos al criol­lismo abarca desde los gua­jiros im­per­turbables de Gat­torno, hasta los cam­pesinos maci­len­tos de Car­los En­ríquez. Es pre­cisa­mente en la obra de En­ríquez donde en­con­tramos los prin­ci­pales mat­ices del criol­lismo, in­spi­rado en lo que el pro­pio artista enun­ció como el “ro­mancero gua­jiro,” y que sirve como sín­te­sis teórica a su pin­tura de esos años.

Amelia Peláez de­spués de si­ete años de es­tu­dios en Europa re­gresa a Cuba en 1934. Du­rante ese año y 1935 se en­frasca en un con­junto sor­pren­dente de dibu­jos en los cuales toma como ob­jeto fun­da­men­tal de ex­per­i­mentación visual a la mu­jer. Sin du­das, se apre­cian cam­bios sus­tan­ciales en su con­cepto de rep­re­sentación con re­specto a la es­tética prac­ti­cada por la primera gen­eración re­pub­li­cana.

Nin­guno de los otros miem­bros de la van­guardia llega a la os­adía de Amelia Peláez en su inda­gación es­tética de la mu­jer. Los conocimien­tos apren­di­dos so­bre el cu­bismo le per­miten em­pren­der una serie im­pre­sio­n­ante de dibu­jos donde rompe con los moldes cono­ci­dos hasta ese mo­mento.

La obra erótica de Car­los En­ríquez, más allá de los es­cán­da­los de los que fue ob­jeto en su época y el rec­hazo hipócrita de la bur­guesía con­ser­vadora, con­sti­tuye tam­bién una forma de ex­pre­sión del ser na­cional, en la cual la atrac­ción erótica y el sexo en sí mismo no son as­pec­tos de la vida ex­cluyentes de la co­tid­i­an­idad de la vida sino parte in­te­grante de ella misma. No es acept­able, desde una mi­rada con­tem­poránea, mi­ti­ficar a Car­los En­ríquez como un poseído sex­ual que da rienda suelta en sus dibu­jos y pin­turas a fan­tasías capri­chosas de una mente mor­bosa, como al­gunos su­pusieron en su mo­mento. Nos es­ta­mos re­firiendo al mismo au­tor de obras de un pro­fundo carác­ter so­cial, un artista que no solo era ca­paz de ex­pre­sarse con el pin­cel sino tam­bién en las le­tras, un polemista temi­ble, un in­t­elec­tual lú­cido, en fin, un hom­bre sen­si­ble y pro­fun­da­mente hu­mano, ca­paz de vis­lum­brar con agudeza los males de la República y de­nun­cia­r­los abier­ta­mente, desde posi­ciones de una sól­ida in­te­gri­dad moral e ide­ológ­ica. Su obra erótica re­pu­dia el doblez y la falsedad de “la buena moral­i­dad” bur­guesa que lo rode­aba y era ex­pre­sión de­safi­ante del es­píritu de las van­guardias artís­ti­cas.

Por otra parte las ilus­tra­ciones apare­ci­das en las pub­li­ca­ciones per­iódi­cas en los tem­pra­nos años veinte tales como Bo­hemia, Carte­les, y de man­era especial, en la re­vista So­cial, an­tic­i­pan la apari­ción de una mod­ernidad que in­fluirá de­ci­si­va­mente en la so­ciedad de su época. En un primer mo­mento Con­rado Mas­sa­guer de­viene en figura em­blemática en la con­cep­ción de una im­a­gen nueva, el­e­gante y efi­caz que deslum­bró al seg­mento del público que ac­cedía a la re­vista So­cial (…) Ha­cia 1927 aparece la Re­vista de Avance con una nueva prop­uesta artís­tico–lit­er­aria de avan­zada. (…)

Por en­tonces apare­cen una var­iedad de nuevas prop­ues­tas y dis­eñadores comen­zando con Luis López Mén­dez en marzo de

1927, y que se ex­tiende, en el año 1929, a otras fig­uras como Lily del Bar­rio, Car­los Sánchez, Esper­anza Dur­ruthy, el aus­tri­aco Harry Tauber y el mex­i­cano Emilio Amero. La in­clusión de José Manuel Acosta es de­ci­siva al re­alizar un aporte in­édito de re­cur­sos grá­fi­cos, in­tro­duciendo por­tadas con un diseño cu­bista(…)

La ex­posi­ción La mi­rada in­édita es un acer­camiento más a un período fasci­nante del acon­te­cer cul­tural cubano, mo­mento en el que emerge el movimiento mod­erno en la plás­tica de la Isla. A través de la grá­fica y el dibujo, el es­pec­ta­dor de aque­l­los años tuvo ante sus ojos asom­bra­dos una nueva man­era de percibir la re­al­i­dad, sin la cual es im­posi­ble com­pren­der la evolu­ción pos­te­rior del arte con­tem­porá­neo en la mayor de las An­til­las. ƒ

ED­UARDO ABELA En la glo­ria, 1932 Cortesía MNBA

RAFAEL BLANCO - La población flotante / Cortesía MNBA

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