María Eu­ge­nia Castilla, Pe­tite › mecastill@ya­hoo.fr

Art On Cuba - - Index - María Eu­ge­nia Castilla (Pe­tite)

Du­rante la pri­mav­era de 2017 Fran­cia rindió hom­e­naje a Joaquín Fer­rer (Man­zanillo, Cuba, 1928) con dos ex­posi­ciones, una ret­ro­spec­tiva en la Mai­son de l'Amérique La­tine en París y otra en la Galería Wag­ner en Le Tou­quet. A sus 90 años, el pin­tor cubano, vive y tra­baja en París desde 1959. Fue el cu­rador Serge Fauchereau quien con­cibió esta pres­ti­giosa ret­ro­spec­tiva ex­poniendo unos 110 cuadros re­al­iza­dos en­tre 1948 y 2017.

Al comienzo de la ex­posi­ción ve­mos una de sus primeras obras Ma­rina, Man­zanillo, 1948, que rep­re­senta su ci­u­dad na­tal. “Apos­tilla Fer­rer que es su tío quien lo em­puja a vi­a­jar a La Ha­bana para que se ori­ente ha­cia las artes”. Ma­tric­ula en San Ale­jan­dro en 1952, donde per­manece dos años. En esa época fre­cuen­tara a artis­tas como J. Ca­ma­cho, A. Cár­de­nas y W. Lam. En­tonces, ex­pon­drá en difer­entes in­sti­tu­ciones: Salón de pin­tura del Museo de Arte Mod­erno (1954), Galería Rampa (1955), Galería Lyceum (1955) y Galería Color Luz (1957).

Al recor­rer su obra percibi­mos las in­flu­en­cias de las que luego se eman­cipó. Orig­i­nal­mente, fig­u­ra­ti­vas, sus rep­re­senta­ciones evolu­cio­nan dado su in­terés por el sur­re­al­ismo de Y. Tan­guy y J. Miró, o por los ab­strac­tos, V. Kandin­sky y P. Mon­drian de quienes re­toma la sub­je­tivi­dad for­mal y el color. En los 60 el color se re­duce a una paleta mín­ima y las for­mas son sim­pli­fi­cadas. La obra de P. Klee en­tu­si­asma el artista a re­ducirse a lo es­en­cial y a ref­er­en­cias más es­pir­i­tuales. J. Fer­rer se man­tuvo siempre ale­jado de todo movimiento, bus­cando una pin­tura propia. En 1967, J. Fer­rer conoce a Max Ernest y a Jean Hugues con quien firma un con­trato con la galería Point Car­di­nal y ex­pone en mu­chos lu­gares de Europa y Amer­ica Latina… (…)

¿Cómo llega a París, puede hablarnos de este período?

Cuando los rev­olu­cionar­ios es­ta­ban en la Sierra, yo tra­ba­jaba en el Cen­tro de Arte Cubano y conocía a mu­chos es­tu­di­antes. Ochenta por

ciento de la gente es­taba a fa­vor de la Revolu­ción, Batista fue un gran dic­ta­dor. Cuando la Revolu­ción tri­unfa, con un grupo de artis­tas nos ocupábamos del Pala­cio de Bel­las Artes, tra­ba­jábamos mu­cho y yo es­taba fe­liz… en 59… el Min­is­te­rio de Ed­u­cación me ofre­ció una beca de es­tu­dios de arte para ir a París… Fue mar­avil­loso tener esta ayuda, porque vivir en París era muy duro y afor­tu­nada­mente Cuba tenía en la Ci­u­dad Univer­si­taria, la Casa de Cuba. Pero la beca de 100 dólares comenzó a venir con re­traso y des­gra­ci­ada­mente la di­rec­ción del Banco Na­cional suprimió las be­cas para pri­orizar otros ren­glones. Nos en­viaron una carta para que re­gresáramos y que sino, Cuba no se hacía re­spon­s­able de nosotros. Al­gunos re­tornaron, pero Ca­ma­cho, Cár­de­nas y yo no quedamos porque ya Cuba no nos aportaba tanto en arte. Es­tando aquí, como me dijo Matta “tra­ba­jando como artista cubano en París, tu harás más bien a Cuba que re­gre­sando allí”. Tal vez Cuba no apre­ció mi gesto, pero cuento esto, porque a pe­sar de esta de­cisión, nunca tuve un gesto con­trar­rev­olu­cionario.

¿Cómo se in­tro­dujo en el medio artís­tico parisino?

Había mu­chos críti­cos de arte im­por­tantes como Alain Bos­quet. El me com­pró obras y además conocía a Max Ernest y un día le dice a Bos­quet –“Me tienes que pre­sen­tar a este pin­tor”– y Bos­quet me llamó en­seguida y nos vi­mos al día sigu­iente… Vino a casa y ob­servó mis cuadros, pero pase­ando por el taller vio un cuadro que yo es­taba pin­tando, y me dio al­gunos con­se­jos. Él de­s­cubre un cuadro blanco que había de­jado col­gado en mi cuarto, y me pre­guntó de quién… le co­menté que era mío… Dijo que era ex­traor­di­nario… y me com­pró ese día 3 obras. Me salvó la vida. (…)

Usted cursó dos años en la es­cuela de San Ale­jan­dro. ¿Por qué de­cide de­jar sus es­tu­dios académi­cos?

En Cuba, yo era amigo de Lam, yo lo vis­itaba y una vez fui a su casa y me pre­guntó “qué es­taba ha­ciendo” y le conté que es­tu­di­aba en San Ale­jan­dro, y fue él quién me dijo “qué yo ha­cia es­tu­diando allí, que esta es­cuela era para apren­der a pin­tar o para hacer pro­fe­sor”.

Fue Lam quien me acon­sejó de tra­ba­jar solo y que hiciera mi propia pin­tura. Me dijo aquel día “Lo que tienes que hacer tú, es pin­tar y pin­tar”

¿Qué acon­se­jaría a los jóvenes es­tu­di­antes de arte?

Lo único, es ver mu­chos museos y ver lo que se ha he­cho en pin­tura, ver mucha pin­tura. Tra­ba­jar mu­cho, de­jarse in­flu­en­ciar, pero ráp­i­da­mente eman­ci­parse para luego hacer un tra­bajo per­sonal. Ver a los im­pre­sion­istas, de el­los se aprende mu­cho. Te ha­cen un lavado de cere­bro, con el­los has cap­tado todo y puedes hacer tu propia pin­tura.

¿Le gus­taría ex­poner en Cuba?

¿Por qué no?, es mi país, para que me conoz­can, pero lo veo difí­cil. Yo nunca más re­gresé, pero nunca he tenido una ac­ción con­trar­rev­olu­cionaria. Hoy tengo 90 años y es­pero que al­gún día al­guien en Cuba doc­u­men­tado so­bre las artes se en­cuen­tre frente a mi pin­tura y quiera ll­e­var a Cuba mi obra para mostrarla a los jóvenes pin­tores. Tam­bién mostrar que yo es­tuve in­flu­en­ci­ado por la pin­tura eu­ro­pea y que uno siempre guarda un fondo cubano, pero yo lo eu­ropeíce e hice una pin­tura per­sonal, lo pude de­sar­rol­lar con un sen­timiento cubano. Sería la ocasión para que los pin­tores en

Cuba puedan ver mis búsquedas per­son­ales. Es­pero que un día sea posi­ble. ƒ

La flor carnívora, 2016 / Acrílico so­bre car­tulina / 40 x 40 cm / Colec­ción pri­vada / Foto: Suzanne Nagy

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