Mar­i­lyn Payrol › mary­pay­rol@gmail.com

Art On Cuba - - Index - Mar­i­lyn Payrol

So­bre “ex­o­ti­zación” de la prác­tica artís­tica, ries­gos y tonos de pésame se polem­izó en el úl­timo en­cuen­tro teórico prop­i­ci­ado por el 7mo Salón de Arte Cubano Con­tem­porá­neo (SACC). El de­bate, que tomaba al pro­pio evento como eje de re­flex­ión, rev­eló tanto fal­las como posi­bil­i­dades del pre­tendido en­sayo co­lab­o­ra­tivo. Sin em­bargo, no fue su­fi­ciente. La epi­der­mis del asunto nunca quedó re­basada, quizás, porque se pre­firió an­teponer el cin­ismo al com­plejo (o a la er­ran­cia), o porque la in­er­cia del con­texto nos ha re­ple­gado de tal modo que de poca valía hal­lamos el ejer­ci­cio de un pen­samiento crítico –gru­pal–, real­mente cues­tion­ador y propos­i­tivo.

En esta di­rec­ción, es sin­tomático que la no­ción de riesgo mane­jada se en­focó es­en­cial­mente en lo ex­per­i­men­tal–for­mal­ista

(el pre­do­minio de la su­per­fi­cial­i­dad). Por ejem­plo, se hablaba de cor­rer ries­gos cuando los Salones o las Bien­ales, en tanto es­pa­cios gen­er­adores de ex­pec­ta­ti­vas y de le­git­i­mación, les dan vuelta a sus pro­pios mod­e­los y pon­deran prác­ti­cas ex­per­i­men­tales que fi­nal­mente re­sul­tan in­com­pren­di­das por op­erar en con­tex­tos de cierta in­vis­i­bil­i­dad. Asimismo, se hacía ref­er­en­cia al riesgo como cal­i­fica­tivo para un arte de la emer­gen­cia que la in­sti­tu­ción debe de­fender pues le “toca por plan­tilla”.

Pero, las acep­ciones de riesgo como con­flic­tivi­dad, com­pro­miso, o sac­ri­fi­cio eran soslayadas. Y lo penoso no residía tanto en que no se con­tem­plaran es­tas vari­antes desde el de­bate, si no que se ob­viaran desde la con­cep­ción misma del Salón.

De he­cho, la in­con­formi­dad de mu­chos con este 7mo SACC surgió a la par del pro­ceso de con­vo­ca­to­ria, es de­cir, desde los ini­cios de su di­fusión. La “in­vitación de pasillo” vino a susti­tuir las usuales es­trate­gias de cita. ¿Sería que en con­so­nan­cia con las dinámi­cas de so­cial­ización y aper­tura que el evento pro­ponía, se im­ple­mentó la idea del diál­ogo para con­vencer a los artis­tas o co­lab­o­radores de que par­tic­i­pasen, sin que ex­istiera ape­nas un texto cu­ra­to­rial como respaldo?

En con­se­cuen­cia, la nómina re­sul­tante se di­vidió bási­ca­mente en dos gru­pos: el más re­ducido, con­for­mado por artis­tas jóvenes con cierto re­conocimiento y, por lo gen­eral, ha­bit­uales del Cen­tro de De­sar­rollo (jorge&larry, Yor­nel Martínez, Julio César Llópiz, Du­niesky Martín, etc.) y, por otro lado, un am­plio número de es­tu­di­antes del ISA que, con el Salón, mu­chos se es­tren­a­ban en el cir­cuito ex­pos­i­tivo de la ci­u­dad.

(…) Pero no puede tratarse de “la asig­nación”, o de “lo que toca por plan­tilla”. La cu­raduría tiene que ser más ex­i­gente en el pro­ceso de se­lec­ción, re­alizar una in­ves­ti­gación de campo con el su­fi­ciente tiempo para que no se con­vierta el Salón en una “carpa de circo” o en un “llega y pon”. Así, tan­tas piezas con pésima fac­tura y con­cep­tu­al­ización blanda no hu­biesen sido in­clu­idas…

De ese modo, una fun­da­mentación tan bien pen­sada, se lim­itó no­table­mente. A tono con los de­bates con­tem­porá­neos, el evento, esta vez, se pre­sentaba como en­sayo dúc­til, tratando de su­perar la fa­tal­i­dad de su ar­caica condi­ción. Las alian­zas per­me­ables, los giros it­er­a­tivos, las par­ti­turas abier­tas con­fig­ura­ban un paisaje donde la co­lab­o­ración era el agluti­nante. Por ello, se priv­i­le­gia­ron los des­doblamien­tos, las mix­turas, la de­scen­tral­ización de los es­pa­cios (aunque en la prác­tica, el Cen­tro siguió siendo el cen­tro), del pa­pel del cu­rador y de la cu­raduría, de la In­sti­tu­ción, del con­cepto de obra y hasta de la propia no­ción de artista…

(…) Bajo la pauta de “Con­flu­en­cias, re­des y transver­sal­i­dades” el evento in­ter­na­cional pro­lon­garía el fenó­meno co­lab­o­ra­tivo. Este, se hal­laba ges­tado por la mi­rada ha­cia los pro­ce­sos y la trans dis­ci­plinar­iedad que prop­i­ciara la edi­ción pre­via “En­tre la idea y la ex­pe­ri­en­cia”. De ahí partía la idea de de­scen­tralizar el rol del cu­rador o de la cu­raduría como línea rec­tora del acto ex­pos­i­tivo, es­table­ciendo un en­foque hor­i­zon­tal del asunto como crítica a la in­sti­tu­cional­i­dad del arte (déjà vu). Por otra parte, no se de­sa­tendían las prob­lemáti­cas glob­ales, en tanto la Bienal asumiría en su cor­pus la man­era en la que el arte se apropia de re­spues­tas espon­táneas y paradig­mas de so­bre­viven­cia del mundo ac­tual.

(…) Con­cluyendo: el SACC in­siste desde el retro­ceso, aun cuando su tónica sea mi­rar al fu­turo. Con el sép­timo en­sayo de­mostró que, en el con­texto in­sti­tu­cional cubano, la pre­cariedad cada vez más des­borda los límites ma­te­ri­ales para im­por­tu­nar tam­bién la movil­i­dad del espíritu, del pen­samiento. Sin du­das, el riesgo vi­tal es in­mi­nente. ƒ

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