EN SU META­MOR­FO­SIS

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Si para al­guien La Ha­bana es un plató, es para Fernando Pérez. Aquí es­tán sus pelícu­las, in­cubán­dose a la vista de to­dos. Él las siente y él las filma: Clan­des­ti­nos, Mada­gas­car, Hello Hem­ing­way, La vida es sil­bar, Suite Ha­bana, José Martí. El ojo del ca­nario, Madri­gal, La pared de las pal­abras, y para es­tre­nar el próx­imo di­ciem­bre anun­cia Úl­ti­mos días en La Ha­bana, su más re­ciente pro­duc­ción.

Fernando Pérez con­versa con OnCuba y de­scribe su película como un “drama ale­gre” que em­pezó te­niendo un tí­tulo solo apto para cubanos. “En esta película, por ra­zones que los es­pec­ta­dores van a de­s­cubrir cuando la vean, me atrajo mu­cho el tí­tulo ‘Chupa pir­ulí’. La reac­ción in­medi­ata era risa o de­sconcierto. ‘¿Es una co­me­dia?’. ‘No, no es una co­me­dia, es un drama ale­gre’. Y los de­scon­cer­ta­dos me decían: ‘Pero eso no es una película tuya’”. El co­pro­duc­tor José María Mo­rales acon­sejó bus­car un se­gundo tí­tulo, más “in­ter­na­cional”, y así surgió Úl­ti­mos días…, que cuando se ex­hiba en La Ha­bana man­ten­drá el guiño del tí­tulo ini­cial.

Úl­ti­mos días en La Ha­bana o Chupa pir­ulí tiene la as­piración de rep­re­sen­tar el drama de la mayor parte de la población cubana en su so­bre­viven­cia “donde hay mu­chos prob­le­mas, mu­chos días os­curos, pero en la que, a pe­sar de eso, el cubano se maneja con una carga pos­i­tiva que es lo que equi­li­bra y evita que la cri­sis sea mayor”.

Esa du­al­i­dad en nosotros, los cubanos, no solo es vista como una vir­tud, tam­bién ha sido crit­i­cada como un de­fecto.

Eso yo lo ref lex­ioné a la hora de hacer la película, pero no tra­bajé ese as­pecto. Su carga fun­da­men­tal no es la crítica. No quería criticar a los per­son­ajes ni a la re­al­i­dad, quería mostrar­los como son en su com­ple­ji­dad, en su am­biva­len­cia. De al­guna man­era la in­ten­ción es hacer Suite Ha­bana diez años de­spués y en clave de fic­ción, con per­son­ajes que es­tán en el mismo medio, en el mismo en­torno, pero vivién­dolo de otra man­era.

Es una película de fic­ción, con ac­tores cono­ci­dos como Jorge Martínez y Pa­tri­cio Wood, tratando de guardar una im­pre­sión de re­al­i­dad, porque es una película ab­so­lu­ta­mente re­al­ista. Su lenguaje no priv­i­le­gia de­masi­ado los sím­bo­los, las metá­foras… Aunque hay mo­men­tos donde se abre tam­bién para que el es­pec­ta­dor par­ticipe en aso­cia­ciones in­di­vid­uales, sub­je­ti­vas. Es una película muy sen­cilla. El tema es los pre­juicios y la rel­a­tivi­dad de los val­ores mo­rales a to­dos los nive­les.

¿ Está in­spi­rada en per­sonas de­ter­mi­nadas, o en una mez­cla de varias?

Lo que a mí me atrajo del proyecto que me pre­sentó Abel Ro­dríguez, un joven es­critor afi­cionado que llegó a mi casa con el nú­cleo de este guion, fue jus­ta­mente que eran per­son­ajes muy verídi­cos, en un en­torno que hay que cono­cer bien desde den­tro para poder es­cribir so­bre el­los. Y es lo que he­mos tratado de man­tener en el ro­daje. Úl­ti­mos días… tenía que hacer creíbles los per­son­ajes a través de buenos ac­tores ca­paces de hacer bue­nas car­ac­ter­i­za­ciones. Diego, el pro­tag­o­nista, está en la fase fi­nal de SIDA; Miguel es un per­son­aje muy in­tro­ver­tido.

¿ El hecho de no apelar a metá­foras difí­ciles o de­masi­ado sim­bolismo, as­pec­tos que han sido muy per­sis­tentes en tu obra, sig­nifica una mu­tación de Fernando Pérez?

En mis dos primeras pelícu­las Clan­des­ti­nos y Hello Hem­ing­way, yo sen­tía que tenía que pro­barme que era ca­paz de con­tar una his­to­ria y hacer creíbles los per­son­ajes. Mane­jar un lenguaje sim­bólico, ex­pre­sar la sub­je­tivi­dad de los per­son­ajes, su pro­fun­di­dad sicológ­ica, para mí eran pal­abras may­ores cuando em­pez­aba a hacer cine.

Hoy creo que es igual de difí­cil que hacer una película nar­ra­tiva. Con Mada­gas­car yo no quería un lenguaje re­al­ista, quería pro­fun­dizar en las huel­las que el Período Espe­cial em­pez­aba a de­jar en mi gen­eración y en la de mis hi­jos. Por eso comencé a tra­ba­jar la metá­fora y ahí con­tinué con La vida es sil­bar y Suite Ha­bana que, aun siendo un doc­u­men­tal, acude a un lenguaje aso­cia­tivo y tiene se­cuen­cias con muchas metá­foras.

Luego vino Madri­gal, donde hay aso­cia­ciones, metá­foras y sím­bo­los a pulso… Es mi película maldita. A mí me gusta, pero no le gusta a casi nadie. José Martí…, vuelve a ser un cine nar­ra­tivo

y ocurre lo mismo con La pared de las pal­abras, donde se nar­ran his­to­rias de vida, pero hay situa­ciones y se­cuen­cias que in­vi­tan al es­pec­ta­dor a hacer lec­turas que no sur­gen di­rec­ta­mente de la his­to­ria que se cuenta.

Con Úl­ti­mos días en La Ha­bana ocurre algo de eso. Es una película min­i­mal­ista, in­cluso uno de los re­tos para mí es que hay se­cuen­cias muy largas y quiero ver cómo los es­pec­ta­dores reac­cio­nan a eso. No hay pues­tas en es­cena re­bus­cadas, o de­masi­ado con­stru­idas. Aspira a una co­mu­ni­cación muy diá­fana con el es­pec­ta­dor, y a que se ol­vide de que está viendo una película.

Muchas de las se­cuen­cias fueron fil­madas con cá­mara oculta en la calle. Eso es algo que es­toy ha­ciendo desde La pared de las pal­abras, no in­cluyo fig­u­rantes. Y, de ver­dad, la gente se deja fil­mar aquí en Cuba. Eso es una for­tuna.

¿ Qué Ha­bana aparece en la película, te­niendo en cuenta además que es una ci­u­dad de moda?

La Ha­bana que yo más camino, que es la de Cen­tro Ha­bana, el Cerro, Po­golotti… La que de­finen como La Ha­bana pro­funda, que es la más rep­re­sen­ta­tiva pero la menos rep­re­sen­tada en nue­stros medios y en los medios fuera de Cuba. Y cuando se rep­re­senta, porque viene Ri­hanna, está es­tilizada; porque lo feo o lo su­cio puede tener una belleza y con­ver­tirse en una puesta en es­cena. Nosotros recor­ri­mos, bus­cando lo­ca­ciones, muchísi­mos so­lares y en cada uno se repetían los mis­mos habi­tantes, las mis­mas ex­pre­siones. En el so­lar donde fil­mamos, la co­lab­o­ración de los ve­ci­nos fue es­te­lar. Es ahí donde más me gusta fil­mar. Es un es­pa­cio donde siento que hay un ter­mómetro donde re­cono­cer la tem­per­atura de nues­tra re­al­i­dad, más que en los medios ofi­ciales u otros medios. Pero hay que vivirlo.

¿Estás bus­cando con esta película al­guna reac­ción in­medi­ata? El cineasta ciu­dadano, ¿qué está tratando de hacer con esta película en 2016?

Quiero com­par­tir lo que yo siento, lo que veo, con la gente que me rodea, con los que es­ta­mos aquí, con los que no es­tán aquí tam­bién, y dis­cu­tir y ref lex­ionar so­bre eso. No soy de los que creen que una película cam­bia una re­al­i­dad, pero sí que ayuda a tomar con­cien­cia, a sen­tir so­bre eso.

Hay pelícu­las cubanas que, en mo­men­tos clave de la his­to­ria re­ciente, han sido como patadas al es­tó­mago. Fre­say choco­late lo fue; SuiteHa­bana lo fue; Con­ducta, lo fue. ¿Esa película po­dría lo­grar ese mismo efecto?

Eso cor­re­sponde a los es­pec­ta­dores. Suite Ha­bana pensé que iba a lle­gar a un público menos am­plio y, de pronto, la película des­bordó esas ex­pec­ta­ti­vas que yo tenía. Fue una lec­ción. Creo que tam­bién de­ter­minó mu­cho la cir­cun­stan­cia. Fue Suite Ha­bana, pero tam­bién el mo­mento. Pudo haber sido

una obra de teatro, una can­ción o cualquier otra cosa. Pero fue la película la que apare­ció en ese mo­mento y es­taba en sin­cronía con lo que la gente sen­tía. Cada película para mí es un riesgo. Yo la veo y me re­conozco en lo que hice. Pero no sé qué es lo que va a pasar con ella.

Fernando Pérez posee un lid­er­azgo, no solo artís­tico sino tam­bién hu­mano; es como la isla para mu­chos náufra­gos, a donde se puede lle­gar y sal­varse. ¿Lo sientes así?

No. No me veo así, para mí es de­masi­ado. Si a algo as­piro es a vivir mi vida lo más sen­cil­la­mente posi­ble, en ar­monía con mis cosas co­tid­i­anas.

Un tren, el mar, la llu­via… ¿En Úl­ti­mos­díasen LaHa­bana, es­tán?

Está la ci­u­dad, no hay trenes pero hay bar­cos, que los agrego úl­ti­ma­mente. E in­evitable­mente, la llu­via y el mar.

En­tonces, es el mismo Fernando Pérez…

Sí, aunque hay al­gu­nas se­cuen­cias que van a de­cir: “¿Esta es una película de Fernando?”.

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