LAS DOS PIELES DE ARIAN

On Cuba - - LIGHT AND SHADOWS | LUCES Y SOMBRAS -

EN EL CERRO, UNO DE LOS MUNICIPIOS MÁS POPULARES DE LA CAP­I­TAL, EN LA CALLE LA ROSA NÚMERO 358, TIENE SU ES­TU­DIO/ TALLER EL DISEÑADOR GRÁFICO, PINTOR Y ESCULTOR ARIAN GAR­CÍA (LA HA­BANA, 1971). EN ESE EMPORIO – QUE FUE LA CASA DE LA FAMILIA DESDE EL YA LEJANO 1903–, EMERGE LA OBRA DEL CREADOR QUE HA PODIDO ( Y HA SABIDO) CONJUGAR EL PAISAJE, LA ABSTRACCIÓN Y EL DISEÑO: TRES GRANDES E INTENSAS VERTIENTES, DISTANTES EN APARIENCIA, PERO EN SU CASO CON UN DENOMINADOR COMÚN: LA CUBANÍA Y LA RECURRENCIA DE LOS SÍM­BO­LOS

Cuando era niño, Arian sen­tía una pro­funda e in­ex­pli­ca­ble necesi­dad de rep­re­sen­tar el mundo que lo rode­aba; de ahí que siem­pre es­tu­viera dibu­jando y sus li­bre­tas es­co­lares fueran el so­porte idó­neo en esta faena: “todo el tiempo dibu­jaba y mien­tras mis ami­gu­i­tos del bar­rio ju­ga­ban a la pelota, yo dis­frutaba pin­tán­do­los e imag­inán­dome mun­dos en otras di­men­siones”.

Sin em­bargo, cuenta en con­ver­sación con OnCuba, siem­pre soñó con­ver­tirse en un desta­cado físico nu­clear, car­rera que en aque­lla época se es­tu­di­aba en la ex Unión Soviética: “mis com­pañeros, que conocían es­tas ha­bil­i­dades como dibu­jante, me em­bullaron para hacer las prue­bas en la Academia de Artes

de San Ale­jan­dro: me pre­senté y aprobé. Unos días antes, tam­bién por em­bullo y sin mucha con­cien­cia de donde me es­taba me­tiendo, hice los exámenes para in­gre­sar en el In­sti­tuto Su­pe­rior de Diseño In­dus­trial (ISDI), y otra vez, aprobé. De re­pente me vi en una tem­prana en­cru­ci­jada y, como era un ado­les­cente, mi madre tuvo que in­ter­venir. Ella de­cidió que hiciera am­bas es­cue­las, en par­alelo. Hasta ahí llegó mi in­terés por la física nu­clear, y comenzó una larga etapa de apren­dizaje rela­cionada con el mundo de las artes vi­suales que, afor­tu­nada­mente, aún no ha con­clu­ido”.

En 1993, Arian egresa de San Ale­jan­dro y tres años de­spués con­cluye el ISDI (en la es­pe­cial­i­dad de Diseño in­for­ma­cional): “dotado ya de her­ramien­tas teóri­cas y prác­ti­cas, comencé una obra como pintor y como diseñador. Siem­pre he pen­sado que am­bas es­pe­cial­i­dades se com­ple­men­tan, pero a la vez son como dos pieles to­tal­mente difer­entes porque soy uno cuando pinto y otro cuando diseño”.

Este artista asume el paisaje –ur­bano– de una man­era muy pe­cu­liar y desde una mi­rada de cierta nos­tal­gia porque, aun con to­dos

los prob­le­mas de de­te­ri­oro que en­frenta la ci­u­dad, es un amante de La Ha­bana: “para mí la ci­u­dad está en los tonos grises. En la may­oría de las oca­siones, fo­tografío las casas, y de ahí parto, pero me in­tere­san las que es­tán habitadas porque en el­las, in­cluso en mal es­tado, siem­pre hay una es­per­anza, una luz. Creo que la serie de las casas será in­finita, porque no me cansaré de pin­tar fachadas, bal­cones y puer­tas, el­e­men­tos que a su vez, es­tán llenos de sim­bolis­mos”.

Y los sim­bolis­mos en la obra de Arian son muy su­tiles –puede ser una som­bra sug­erida o una señal aña­dida–, pero siem­pre jus­ti­fi­cadas por un con­cepto, una sól­ida idea que lo obliga a au­todefinirse como amante del arte con­cep­tual: “el artista tiene que tener claro qué está ha­ciendo, qué quiere de­cir y bajo qué pa­trones y es­tética se va a refu­giar. El arte con­cep­tual debe tener físi­ca­mente una mar­cada carga y un dis­curso jus­ti­fi­cado, porque se apoya en la academia y en el ofi­cio, al tiempo que hace un am­plio uso de di­ver­sos ma­te­ri­ales y tec­nologías, lo que fa­vorece la trans­misión de un con­junto de ideas de man­era limpia y depu­rada”.

Ex­iste otra serie –“tam­bién será in­finita y es la que ahora ocupa gran parte de mi tiempo cre­ativo”– que se apoya en nues­tra en-

seña na­cional: “la ban­dera cubana es muy her­mosa y abor­darla y plas­marla en mi obra es una man­era de re­spetarla, de ex­pre­sar un sen­timiento pa­triótico. Que esté pre­sente – desde la pin­tura, la es­cul­tura o el diseño– es rev­er­en­ciar todo lo que sig­nifica. No es por los col­ores que posee, que son muy her­mosos, sino por el con­cepto que im­plica. Es una serie en la que mez­clo la ban­dera con otros el­e­men­tos para emi­tir men­sajes que tienen que ver con la his­to­ria de la nación cubana y con el ideal de pa­tria que ten­emos y, so­bre todo, con el que soñamos”.

Aunque la fig­u­ración está pre­sente en la obra de Arian, hay otra ver­tiente que se desliza u ori­enta ha­cia el ab­strac­cionismo que “para al­gunos, er­rónea­mente, puede con­sid­er­arse fá­cil en su hechura, pero en re­al­i­dad es muy com­pli­cado. Para hacer una buena obra ab­stracta hay que saber ais­lar el con­cepto y, con el mín­imo de re­cur­sos, lo­grar un nivel de sín­te­sis, porque se trata de con­cen­trar ideas. Nada puede dis­traerte. Es suma­mente com­plejo”.

A lo largo de su car­rera, este artista se ha vin­cu­lado de man­era sis­temática a proyec­tos que, desde dis­tin­tas per­spec­ti­vas, le han ren­dido trib­uto al Héroe Na­cional de Cuba, José Martí. Se con­sid­era un mar­tiano de honda raíz: “soy un apa­sion­ado de lo que sim­boliza el Mae­stro, y creo que todo buen cubano está en deuda per­ma­nente y eterna con él; por eso siem­pre que se me con­voque, ahí es­taré”.

En su casa, en la calle La Rosa, Arian tra­baja “to­dos los días” in­ten­tando al­can­zar la obra soñada, pero como todo artista ver­dadero, está col­mado de certezas y tam­bién de in­cer­tidum­bres. Tal vez por eso, piensa que “la obra soñada no ex­iste”. No ob­stante, “in­tento en­con­trarla”, dice, al tiempo que ar­ruga el ceño, como haría el físico nu­clear que nunca llegó a ser ante un log­a­r­itmo, una ecuación o las car­ac­terís­ti­cas aún de­scono­ci­das del átomo. Y es que la duda im­pulsa a la cien­cia. Y tam­bién al arte.

Newspapers in English

Newspapers from Cuba

© PressReader. All rights reserved.