PHOENIX ARIZONA

A la moda - - Life Style -

NO­SO­TRAS SO­MOS CARMEN CANDELARIO Y CHELSEA HENRÍQUEZ, LAS BLOGGERS DE “HO­LA, RITA” Y “CHELSEA AS OF LATE” DESDE LA CIUDAD DE NUE­VA YORK. ADEMÁS DE UNA AMISTAD DE MU­CHOS AÑOS, NOS UNE EL AMOR POR EL AR­TE, LA COMIDA Y, SOBRE TO­DAS LAS CO­SAS, POR

LOS VIAJES... Y ES QUE LO QUE COMENZÓ COMO UNA AVENTURA DE UNIVERSIDAD, 3 AÑOS ATRÁS, SE CON­VIR­TIÓ EN UNA TRADICIÓN PARA NO­SO­TRAS Y DESDE 2013 NO

DESEMPACAMOS LAS MALETAS...¡JAMÁS! LO QUE NOS LLE­VA A ESTA AVENTURA POR PHOENIX, EN EL IMPRESIONANTE ES­TA­DO DE ARIZONA, ESTADOS UNIDOS; PARA CO­NO­CER EL ESTILO DE VIDA “WILD WILD WEST” Y VER EL GRAN CAÑÓN CON NUES­TROS PROPIOS OJOS.

A CONTINUACIÓN, LES COMPARTIMOS NUES­TROS MO­MEN­TOS Y SPOTS MÁS EMOCIONANTES DEL VIAJE.

EL DO­MIN­GO era para no­so­tras el gran día: por fin iría­mos a co­no­cer el Gran Cañón. Es­te fue el pri­mer viaje en el que pudimos al­qui­lar un vehícu­lo que, a pro­pó­si­to, es esen­cial para ver­da­de­ra­men­te dis­fru­tar de Arizona. Y así co­men­za­mos el día, con pla­nes bien am­bi­cio­sos: ir más allá de el Cañón; pe­ro los mis­mos se des­va­ne­cie­ron cuando lle­ga­mos a aquel ma­jes­tuo­so lu­gar. Tan­to así que, a pe­sar de que to­das nuestras fotos to­da­vía nos ro­ban un sus­pi­ro cuando las ve­mos, na­da se com­pa­ra con la pri­me­ra vez que la in­men­si­dad de aque­lla obra na­tu­ral se presentó fren­te a no­so­tras y pudimos apre­ciar la be­lle­za del mun­do en el que vi­vi­mos. Es importante, para to­do via­je­ro, sa­ber que una vez lle­gas al Par­que Na­cio­nal, exis­ten va­rios pun­tos, tan­to para es­ta­cio­nar­se como para ca­mi­nar a di­fe­ren­tes mi­ra­do­res, todos con una vis­ta impresionante. En total fue­ron unas cuatro o cinco ho­ras que nos pa­sa­mos ca­mi­nan­do y ex­plo­ran­do el Cañón. Una vez ter­mi­na­do nues­tro re­co­rri­do, nos di­ri­gi­mos al “De­sier­to Pin­ta­do”, otra ma­ra­vi­lla na­tu­ral lo­ca­li­za­da en el ca­mino de re­gre­so a Flags­taff, don­de nos es­ta­ría­mos que­dan­do esa noche. Arri­ba­mos al de­sier­to jus­to a tiem­po para ver entre ro­cas blan­cas, ro­sa­das y ro­jas, el co­mien­zo del atar­de­cer. Sin embargo, el ver­da­de­ro espectáculo fue la vis­ta desde la ca­rre­te­ra, cuando el pas­to to­mó un color pla­tea­do, y el azul de la noche co­men­za­ba a cu­brir las lla­nu­ras a am­bos la­dos del ca­mino mien­tras una im­po­nen­te mon­ta­ña, cu­bier­ta de nie­ve, mar­ca­ba el ca­mino de re­gre­so a nues­tro hos­tal.

UNA AMISTAD QUE SE HACE MÁS FUER­TE VIAJANDO... SI DE AL­GO ES­TA­MOS SEGURAS ES QUE, SIN IMPORTAR DON­DE ES­TE­MOS EN NUESTRAS VI­DAS, NUN­CA DEJAREMOS MORIR ESTA TRADICIÓN. Y ES QUE VIAJAR SE HA CON­VER­TI­DO EN LA MA­NE­RA MÁS HERMOSA DE RECONECTARNOS COMO AMIGAS.

LUNES. Lue­go de un exi­to­so día en Gran Cañón y el “Su­per Bowl Sun­day” era ho­ra de vol­ver a Phoenix, don­de to­ma­ría­mos el vue­lo de re­gre­so a Nue­va York esa noche. Por supuesto, que la noche an­te­rior compartimos nues­tros pla­nes de par­ti­da por ca­rre­te­ra con otra per­so­na del área y nos re­co­men­dó que to­má­ra­mos la sa­li­da de Se­do­na, para manejar entre mon­ta­ñas y to­mar unas bue­nas fotos... ¡Siempre es­cu­chen a los lo­ca­les! Du­ran­te nues­tro trayecto vi­mos desde bos­ques cu­bier­tos de nie­ve hasta mon­ta­ñas ro­jas y ver­des ro­dea­das de un cie­lo com­ple­ta­men­te azul.

Para la ho­ra de al­mor­zar, nos to­pa­mos con In­dian Gar­dens, un her­mo­so ca­fé con un pa­tio y comida in­creí­bles. De he­cho, eso siempre es una prio­ri­dad para no­so­tras cuando via­ja­mos: Poder dis­fru­tar de una bue­na comida local. Con­ti­nua­mos el viaje a Phoenix ex­plo­ran­do la ciudad un po­qui­to más, así que vi­si­ta­mos Little Cleo’s y Cu­li­nary Dro­pout, que coin­ci­den­cial­men­te com­par­ten te­rra­za con el res­tau­ran­te de ta­cos Ba­rrio Ur­bano, que vi­si­ta­mos el pri­mer día. Y así hi­ci­mos hasta lle­gar al ae­ro­puer­to, don­de ambas to­ma­mos vue­lo ha­cia el mis­mo destino: #CA­SA. Si de al­go es­ta­mos seguras es que, sin importar don­de es­te­mos en nuestras vi­das, nun­ca dejaremos morir esta tradición. Y es que viajar se ha con­ver­ti­do en la ma­ne­ra más hermosa de reconectarnos como amigas y de con­ver­tir­nos en mejores se­res hu­ma­nos.

FO­TO­GRA­FÍA:CARMEN CANDELARIO Y CHELSEA HENRÍQUEZ/ COORDINACIÓN: NATALIA NACHÓN

Como lle­ga­mos tar­de la noche del vier­nes, y ca­si no dor­mi­mos por una ron­ca­do­ra com­pul­si­va en nues­tro hos­tal, de­ci­di­mos co­men­zar nues­tro pri­mer día sin pri­sa al­gu­na. Des­pués de desa­yu­nar­nos en el Hos­te­lling In­ter­na­tio­nal de Phoenix, tu­vi­mos una pe­que­ña con­ver­sa­ción con Ka­te, la chica del lobby, quien nos ad­vir­tió sobre la larga trayectoria que te­nía­mos para el día si­guien­te (tres ho­ras y me­dia ha­cia el Gran Cañón) y nos acon­se­jó bus­car un lu­gar don­de dor­mir más próximo a nues­tro destino. Así que no­so­tras, como bue­nas via­je­ras que se lle­van de los consejos de los lo­ca­les, de­ci­di­mos cam­biar de pla­nes y de hos­tal, pe­ro an­tes ex­plo­ra­mos un po­co por la zo­na. Fui­mos a la tien­da: Last Chan­ce, el su­per outlet the Nords­trom. Des­pués de una ho­ra de na­dar entre ro­pa y za­pa­tos ba­ra­tí­si­mos, el ham­bre nos ga­nó y sa­li­mos en bús­que­da de ta­cos.

Así que nuestra pró­xi­ma pa­ra­da no po­día ser otra que Ba­rrio Ur­bano, el se­gun­do res­tau­ran­te de la re­co­no­ci­da chef Sil­va­na Sal­ci­do Es­par­za, y en nuestra opi­nión, el me­jor. El am­bien­te es un po­co Tex-Mex al prin­ci­pio, pe­ro cuando prue­bas esos ta­qui­tos acom­pa­ña­dos con una cer­ve­za Pa­cí­fi­co, te das cuen­ta que es to­do pu­ro y au­tén­ti­co México. Des­pués de nues­tro al­muer­zo, fui­mos a Roo­se­velt Row, el Cen­tro del Ar­te y la Cul­tu­ra de Phoenix, don­de acom­pa­ña­das de un ca­fé frío de Jo­bot Cof­fee and Di­ning, dis­fru­ta­mos del “ar­te ca­lle­je­ro” de la ciudad.

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