MIRALBA RUÍZ

A la moda - - Interior Referentes -

CON EL PA­SO DE LOS AÑOS Y UNA TRA­YEC­TO­RIA DE MU­CHO PE­SO, MIRALBA SE HA CON­VER­TI­DO EN UNA DE LAS MU­JE­RES MÁS AD­MI­RA­DAS EN EL ÁM­BI­TO DE LA CO­MU­NI­CA­CIÓN EN RE­PÚ­BLI­CA DO­MI­NI­CA­NA. APRO­VE­CHAN­DO SUS AÑOS EN TE­LE­VI­SIÓN, SE CON­VIR­TIÓ EN EM­PRE­SA­RIA DE LA MIS­MA, PRO­DU­CIEN­DO EXI­TO­SOS PRO­YEC­TOS DE TEM­PO­RA­DA QUE HAN ES­TA­BLE­CI­DO SU CA­RRE­RA Y LA HAN LLE­VA­DO A LO­GRAR UNA HO­NES­TA CO­NE­XIÓN CON EL PÚ­BLI­CO MÁS ALLÁ DE LAS PAN­TA­LLAS.

ES­CRI­BE: RE­DAC­CIÓN A LA MO­DA • FO­TOS: CÉ­SAR SÁN­CHEZ

• MA­QUI­LLA­JE: IN­DI­RA SÁN­CHEZ • LO­CA­CIÓN: AGRA­DE­CE­MOS AL HO­TEL IN­TER­CON­TI­NEN­TAL SAN­TO DO­MIN­GO POR SUS ATEN­CIO­NES Y PER­MI­TIR­NOS EL USO DE SUS ÁREAS EN ES­TAS FO­TO­GRA­FÍAS No, pa­ra­dó­ji­ca­men­te no fue na­da que so­ñé y tampoco bus­qué, pero sin du­das fue una ca­sua­li­dad que se con­vir­tió en mi pa­sión y me­dio vi­da.

Mi ins­pi­ra­ción vie­ne casi siem­pre de los anó­ni­mos... esas per­so­nas que con­tra vien­to y ma­rea rom­pen es­que­mas y lo­gran sus sue­ños. De ver­dad, esas son las per­so­nas que me ha­cen de­cir: “Si ellos han po­di­do, ¿yo de qué me que­jo? ¿A mí qué me de­tie­ne?”.

Sin du­das el ca­ri­ño sin­ce­ro de la gen­te... es in­creí­ble có­mo lo­gras en­trar al en­torno afec­ti­vo de la gen­te, eso es má­gi­co ¡No tie­ne pre­cio!

La pre­pa­ra­ción, la de­di­ca­ción, la per­sis­ten­cia (con pre­pa­ra­ción), la ho­nes­ti­dad con el pú­bli­co, la edu­ca­ción (no aca­dé­mi­ca, la de tu ca­sa) y el ma­ne­jo de tus emo­cio­nes en el ne­go­cio.

Mis días son muy dis­tin­tos, pero bá­si­ca­men­te reu­nio­nes, gim­na­sio (tres veces por se­ma­na), ra­dio a dia­rio (lu­nes a vier­nes), más reu­nio­nes,

re­vi­sar ta­reas, coor­di­nar agen­da, gra­ba­cio­nes, en­tre­vis­tas, fo­tos, maes­trías de ce­re­mo­nias. Un día tí­pi­co en mi vi­da es bas­tan­te variado (¡por suer­te!).

Creo que sí, ¡pero qui­zás no todo a la vez! Pro­fe­sio­nal­men­te, es­toy en un mo­men­to fantástico, per­so­nal­men­te tam­bién, ten­go es­ta­bi­li­dad pro­fe­sio­nal y eco­nó­mi­ca, pero año­ro más tiem­po pa­ra mí y desa­rro­llar al­gu­nos pro­yec­tos per­so­na­les con más agi­li­dad, pero sim­ple­men­te la agen­da no me lo per­mi­te... entonces, te di­ría que más tiem­po es aho­ra mis­mo lo que me falta. Siem­pre nos fal­ta­rá al­go.

El éxi­to, in­de­pen­dien­te­men­te del ni­vel de co­sas, pro­yec­tos ven­di­dos y pre­mios que acu­mu­les, es po­der dor­mir tran­qui­lo ca­da no­che. Es no te­ner que ba­jar la ca­be­za an­te nadie por­que sa­bes que has an­da­do por buen ca­mino. El éxi­to es de­jar­le a los hi­jos hue­llas fir­mes por don­de ellos pue­dan ca­mi­nar sin aver­gon­zar­se.

De­fi­ni­ti­va­men­te, siem­pre hay con­quis­tas pro­fe­sio­na­les y per­so­na­les por lo­grar y de esas siem­pre ten­go, pero mi ma­yor an­he­lo en la vi­da es ver a mis hi­jas cre­cer y po­der acom­pa­ñar­las lo más que la vi­da y Dios me per­mi­tan.

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