Los jue­ces ya no son tan dis­cre­tos...

Se ol­vi­dan de su fun­ción de ár­bi­tros

Diario Libre (Republica Dominicana) - - Deportes -

En el pa­sa­do no se su­frían, sino que se cu­brían las ver­güen­zas aje­nas. Al juez que fal­ta­ba a su hon­ra lo man­da­ban de cas­ti­go a la fron­te­ra.

La fron­te­ra do­mi­ni­ca­na de en­ton­ces era peor que Si­be­ria, aun­que no ha­cía tan­to frío ni caía nie­ve sin pa­rar. La gen­te en­ten­día el men­sa­je y el ma­gis­tra­do se li­bra­ba del In­ri. Ni jui­cio pú­bli­co, oral y con­tra­dic­to­rio, tam­po­co des­ti­tu­ción. Los tiem­pos es­tán cam­bian­do, co­mo can­ta­ba Bob Dy­lan an­tes de ga­nar el premio No­bel y el juez que la ha­ce, la pa­ga.

La pa­ga en la tie­rra y en el lu­gar don­de se apo­sen­te e im­par­ta “justicia”.

Los jue­ces, sin em­bar­go, pa­re­cen no dar­se cuenta y se com­por­tan más abier­tos y me­nos dis­cre­tos, co­mo si no les im­por­ta­ra que los vean, o se mur­mu­re o creen con­di­cio­nes pa­ra po­ten­cia­les o po­si­bles ex­pe­dien­tes.

Ese po­dría ser el ca­so de los miem­bros de las al­tas cor­tes, que se po­nen en ries­go por ra­zo­nes de co­lin­dan­cia. Se jun­tan con po­lí­ti­cos, ami­gos de años, y lo ha­cen en si­tios pú­bli­cos, co­mo si ol­vi­da­ran su fun­ción de ár­bi­tro y que de­be­rán de­ci­dir asun­tos del in­te­rés del otro.

A los ce­lu­la­res ya no se les pa­sa una fo­to­gra­fía... y son a to­do co­lor.

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