John y Ja­net Bou­vier

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La se­rie de ad­je­ti­vos que des­cri­ben a Jac­que­li­ne Ken­nedy es lar­ga y, en al­gu­nos ca­sos, con­tra­dic­to­ria. Jac­que­li­ne Bou­vier se de­fi­nió co­mo una so­cia­li­té re­fi­na­da, maes­tra de los mo­da­les y la cor­te­sía y una eru­di­ta de su épo­ca. Es­tu­dian­te, fran­có­fi­la y con una gran curiosidad de co­no­cer

el mun­do, es en­ton­ces que se con­so­li­dan los fun­da­men­tos de una gran mu­jer.

Jackie Ken­nedy fue una pri­me­ra da­ma ex­cep­cio­nal, jo­ven, in­no­va­do­ra y ca­ris­má­ti­ca, creadora de tra­di­cio­nes que aún en­mar­can ese rol. Es en esta fa­ce­ta que se vis­lum­bra a la mu­jer apa­sio­na­da

con el ar­te y la be­lle­za, de­fen­so­ra de la cul­tu­ra y pro­mo­to­ra del buen vi­vir.

Más que na­da, Jackie Ken­nedy fue una ma­dre de­di­ca­da, bus­can­do pro­veer a sus hi­jos una in­fan­cia tra­di­cio­nal. Jackie O, co­mo se le co­no­ció más tar­de en su vi­da, fue una mu­jer en bús­que­da de se­gu­ri­dad y tran­qui­li­dad. En­viu­da­da dos ve­ces, a sus 45 años la sa­bi­du­ría de la edad le lle­na­ba, y de­di­có el res­to de su vi­da a sus gran­des pa­sio­nes: su fa­mi­lia y sus libros.

Y en­ton­ces, ¿quién ha­brá si­do so­lo Jackie?

En su discurso du­ran­te el fu­ne­ral de Jackie, su cu­ña­do y ami­go Ted Ken­nedy ha­bló so­bre ver a otro miem­bro de su fa­mi­lia con­ver­tir­se en una fi­gu­ra mí­ti­ca. Sus palabras ha­cían eco de lo que ella mis­ma ha­bía di­cho so­bre JFK en no­viem­bre de 1963, que le ha­bían con­ver­ti­do en una le­yen­da cuan­do él hu­bie­ra pre­fe­ri­do ser un hom­bre. En es­tas pá­gi­nas bus­ca­mos ilu­mi­nar al­gu­nas de esas com­ple­jas fa­ce­tas que Jackie, o sus con­fi­den­tes, han com­par­ti­do con el mun­do, de la mano de la ca­li­dad y pa­sión

que po­ne­mos a nues­tros tra­ba­jos siem­pre.

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