El per­fil psi­co­ló­gi­co de un ícono

Una mi­ra­da al in­te­rior y la per­so­na­li­dad de un ícono de la moda.

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Vien­do a Ga­brie­lle Cha­nel de­trás de los ojos psi­co­ló­gi­cos, ha si­do una ver­da­de­ra aven­tu­ra. Es­tu­diar la his­to­ria de una mu­jer con lu­ces des­te­llan­tes y som­bras muy os­cu­ras, per­mi­te ver lo que los trau­mas y ex­pe­rien­cias du­ras pue­den trans­for­mar la vi­da de la per­so­na po­si­ti­va o ne­ga­ti­va­men­te.

Aquí va­mos…

La his­to­ria de es­ta mu­jer fue mar­ca­da por padres po­bres, y vi­vió en lo que po­de­mos ca­te­go­ri­zar co­mo una fa­mi­lia dis­fun­cio­nal, don­de su pa­dre era au­sen­te, te­nía amantes, mal­tra­ta­ba emo­cio­nal­men­te a la ma­dre de Ga­brie­lle, es­ta mis­ma mu­rió cuan­do era muy jo­ven. Aquí ya po­de­mos ver va­rias lu­chas emo­cio­na­les, des­de la po­bre­za que obli­gó a su pa­dre a aban­do­nar­la a ella y a su her­ma­na en un or­fa­na­to don­de so­bre­vi­ven jun­tas. Te­nía una tía que la vi­si­ta­ba en las va­ca­cio­nes, fue ella quien le en­se­ñó a co­ser de ma­ne­ra más de­li­ca­da y di­fe­ren­te. Aquí po­de­mos ver lu­ces, en el or­fe­li­na­to apren­dió a co­ser, y le to­mó amor a la ti­je­ra, la he­rra­mien­ta que le dio su éxi­to. Pa­só tres años en un ca­ba­ret, don­de can­ta­ba, bai­la­ba y es­ta­ba con hom­bres. Ella to­mó es­to y lo trans­for­ma en el nom­bre que la acom­pa­ña­ría to­da su vi­da. Aquí vie­ne un fac­tor im­por­tan­te psi­co­ló­gi­co, ella to­ma su his­to­ria y se es­con­de en un mun­do irreal y de fan­ta­sías, don­de lo cam­bia pa­ra ver su reali­dad de una for­ma que a ella le hu­bie­ra gus­ta­do vi­vir. Aquí se ve una di­so­cia­ción en su per­so­na­li­dad, don­de crea un nom­bre pa­ra ella que no es real, co­mo si fue­ra otro la­do de ella o una pseu­do per­so­na­li­dad. Psi­co­ló­gi­ca­men­te, ella ne­ce­si­ta­ba crear es­ta reali­dad al­ter­na pa­ra con­ti­nuar en el mun­do que que­ría en­ca­jar. Aquí hay una hue­lla en su per­so­na­li­dad, que en su ca­so lo uti­li­zó pa­ra cre­cer y se­guir ade­lan­te, ba­jo una men­ti­ra so­bre su iden­ti­dad y el amor de su pa­dre ha­cia ella. En el ca­ba­ret, conoce a va­rios hom­bres, den­tro de los cua­les es­tá el que la ayu­da a sa­lir de ahí: Bel­trán. En el ren­glón amo­ro­so, no fue tan exi­to­sa. A lo lar­go de su vi­da se le co­no­cie­ron mu­chos ro­man­ces, sin em­bar­go no for­ma­li­zó con nin­guno, aun­que to­dos la ado­ra­ran. Aquí hay un víncu­lo fuer­te con su his­to­ria, co­mo vio a su pa­dre maltratar a su ma­dre, has­ta que mu­rió, ella se pro­me­tió que no de­ja­ría que un hom­bre le hi­cie­ra eso. En es­ta eta­pa co­mien­zan los ro­man­ces fuer­tes y los due­los amo­ro­sos; hom­bres que nun­ca le dan el pri­mer lu­gar, pe­ro sí le pro­por­cio­nan muchas otras co­sas ma­te­ria­les. Así co­mo las muer­tes de dos de sus pa­re­jas. En el ám­bi­to la­bo­ral, fue una mu­jer de éxi­to que lo­gró de to­do, des­de des­ta­car­se en me­dio de un em­po­rio de hom­bres, co­mo lo fue el de la moda. En es­ta par­te, ella lo­gró su­pe­rar a sus pro­pios padres y fa­mi­lia­res, así co­mo a los hom­bres de su ge­ne­ra­ción. Era una mu­jer con ca­rac­te­rís­ti­cas ob­se­si­vas com­pul­si­vas, le ob­se­sio­na­ba el ne­gro y el blan­co, y al lle­gar a su lu­gar de tra­ba­jo, su­per­vi­sa­ba a las em­plea­das, vien­do có­mo es­ta­ban, re­vi­san­do si te­nían per­fu­me y vien­do que sus uñas es­tu­vie­ran del lar­go co­rrec­to. En de­fi­ni­ti­va, era una mu­jer con ca­pa­ci­dad de rein­ven­tar­se, de crear y con una fuer­te ha­bi­li­dad de re­si­lien­cia in­creí­ble, ya que de to­das sus pér­di­das y tris­te­zas, lo­gró ca­na­li­zar­las y sa­car­le par­ti­do. A pe­sar de los tan­tos va­cíos in­te­rio­res y pér­di­das fa­mi­lia­res, ella mis­ma lo­gró trans­for­mar­se y ser una re­fe­ren­cia uni­ver­sal de mu­jer con ca­rác­ter y fuer­za. RP

Fotos Ar­chi­vos Co­co Cha­nel Coor­di­na­ción: Ve­nez Ga­fer

Es­cri­be: Psi­có­lo­ga Ro­xa­na Gon­zá­lez (Te­ra­pia Bou­ti­que)

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