UN MUN­DO LLENO DE GE­MAS

Ritmo Social - - Joyas. -

Nor­ma de Var­gas

ES IN­TERE­SAN­TE SA­BER QUE TAM­BIÉN HAY GE­MAS MI­NE­RA­LES DE ARRO­YOS y de ríos en to­do el mun­do, es­tas ge­mas se des­pren­den en las mon­ta­ñas y son arras­tra­das por las aguas de los arro­yos y ríos y se de­po­si­tan en sus le­chos. En esos cau­ces po­de­mos en­con­trar pe­pi­tas de oro y pie­dras pre­cio­sas. Un ejem­plo: En Es­ta­dos Uni­dos, Idaho es el es­ta­do de las ge­mas y en sus ríos se en­cuen­tran gra­na­tes, ópa­los, ru­bíes, cuar­zos, etc. etc. Ni ha­blar de Bra­sil, que es­tá re­ple­to de pie­dras pre­cio­sas.

Las ge­mas de ori­gen orgánico y ve­ge­tal son pro­duc­tos de un ser vi­vo.

La per­la se ob­tie­ne al in­gre­sar una par­tí­cu­la ex­tra­ña a un mo­lus­co ma­rino o ca­ra­col. El hom­bre atraí­do por la be­lle­za de es­ta ma­ra­vi­lla de la na­tu­ra­le­za, la bus­ca en las pro­fun­di­da­des del mar.

El co­ral es el es­que­le­to de un pó­li­po, es­tos ani­ma­les pa­ra sos­te­ner­se cons­tru­yen un es­que­le­to lla­ma­do co­ral. Los pó­li­pos de ocho ten­tácu­los son uti­li­za­dos en jo­ye­ría y son de co­lor ro­jo, ro­sa­do, piel de án­gel y blan­co. El ám­bar es la re­si­na fó­sil de co­ní­fe­ra que po­bla­ba du­ran­te el oli­go­ceno. El ám­bar es el ma­te­rial de desecho ve­ge­tal de los ár­bo­les, cu­bier­to por su pro­pia sa­via que con los años se pe­tri­fi­có.

El aza­ba­che es un car­bón fó­sil, es de­cir, un re­si­duo de ma­de­ra fo­si­li­za­da y con­ver­ti­da en una pie­dra de co­lor ne­gro. El marfil es en esen­cia dien­te. Los col­mi­llos de los ele­fan­tes, un ma­te­rial orgánico. Aquí quie­ro re­co­men­dar que de­be­mos re­cha­zar es­te pro­duc­to, pues al igual que el ca­rey, es­tán prohi­bi­dos.

Una ge­ma de ori­gen vol­cá­ni­co, es la ob­si­dia­na, a es­ta pie­dra a ve­ces le lla­man vi­drio vol­cá­ni­co. Las pie­dras vol­cá­ni­cas las man­te­ne­mos vi­vas, no so­lo por su va­lor es­té­ti­co en la jo­ye­ría, sino tam­bién co­mo pie­dras pa­ra la te­ra­pia y los ma­sa­jes. Es­tas son for­ma­das por el enfriamiento de la­va en la su­per­fi­cie de la tie­rra. La ob­si­dia­na es usa­da des­de los tiem­pos prehis­tó­ri­cos y di­cen que es má­gi­ca. Una ge­ma de ori­gen me­teo­ri­to, es la mol­da­vi­ta. Es­ta pie­dra per­te­ne­ce al gru­po de los tec­ti­tas, tam­bién lla­ma­dos me­teo­ri­tos ví­treos. Son res­tos de ro­cas fun­di­das de me­teo­ri­tos. La mol­da­vi­ta es un vi­drio na­tu­ral co­lor ver­de y ha emer­gi­do co­mo una de las ge­mas más va­lo­ra­das pa­ra cues­tio­nes de me­ta­fí­si­ca.

Nues­tro ma­ra­vi­llo­so mun­do nos ha brin­da­do en to­das sus re­gio­nes un te­so­ro de pie­dras pre­cio­sas pa­ra en­ga­la­nar­nos, pe­ro ojo, las pie­dras co­mu­nes, no se que­dan fue­ra de nues­tro de­lei­te, pues gra­cias a los di­se­ña­do­res de jo­yas ar­te­sa­na­les que con su in­ge­nio­sa crea­ti­vi­dad, han he­cho ar­tícu­los y jo­yas vin­ta­ge con pie­dras co­mu­nes de río. Las pie­dras de río tie­nen una gran va­rie­dad de for­mas y co­lo­res, a es­tas se les da lus­tre y se en­gar­zan pa­ra for­mar co­lla­res, pul­se­ra, ani­llos, y con las pie­dras más pla­nas, se crean in­tere­san­tes me­da­llo­nes.

To­do es­tá per­fec­ta­men­te in­clui­do en es­te re­ga­lo que nos da Dios .Un Mun­do Lleno de Ge­mas!

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