Co­vi Quin­ta­na

“Es­tar enamo­ra­do es sen­tir que los pies no es­tán en la tie­rra”

Zona N - - Contenido -

Cuan­do la “ni­ña que le can­ta­ba a la lu­na y las estrellas”, co­mo ella mis­ma se des­cri­be, po­ne sus pies so­bre la tie­rra y em­pie­za a ver­le al amor sus demás ma­ti­ces, es cuan­do el sen­ti­mien­to se ele­va, se for­ta­le­ce y se trans­mi­te a tra­vés de una voz y no­tas que han enamo­ra­do per­di­da­men­te a San­tia­go. A pe­sar de no ser de la zo­na, es de la zo­na. Lo es, por­que Co­vi for­ma par­te de una ge­ne­ra­ción que ha se­gui­do sus pa­sos des­de el ini­cio, que se pe­lea por es­tar en pri­me­ra fi­la ca­da vez que sa­be que ella can­ta­rá. Lo es por­que a fi­nal de cuen­tas, na­da, ca­la más pro­fun­do (y nos acom­pa­ña pa­ra siem­pre) que las can­cio­nes que nos hi­cie­ron enamo­rar. Aquí, la au­to­ra de mu­chas de es­tas le­tras nos con­ce­dió un ra­ti­to pa­ra con­ver­sar so­bre su ca­rre­ra y su nue­vo pro­yec­to: Pe­ga­di­to.

Va­ya­mos al ini­cio. ¿Cuán­do y có­mo des­cu­bre Co­vi, que su pa­sión y su ca­mino es la mú­si­ca?

Yo creo que fue cuan­do yo en­tré al ba­ño y na­da se rom­pió, que yo em­pe­cé a cantar. A los 14 o 15 años yo era te­nis­ta y em­pe­cé a cam­biar la ra­que­ta, por la gui­ta­rra. Cuan­do ju­ga­ba, vol­tea­ba la ra­que­ta y em­pe­za­ba a to­car y fue en­ton­ces don­de me di cuen­ta que ahí ha­bía al­go. Mi fa­mi­lia sí can­ta­ba y aun­que yo te­nía voz, no lo ha­cía. En­ton­ces em­pe­cé a apren­der con Sha­ki­ra y a par­tir de ahí co­men­cé a es­cri­bir co­si­tas en el co­le­gio, todavía es­ta­ba en se mun­do co­lor de ro­sas, de la lu­na y las estrellas y por ahí em­pe­zó to­do. Lo fui sol­tan­do, lo fui co­gien­do, siem­pre tra­ba­ján­do­lo; sin pri­sa, pe­ro sin pau­sa, y lle­gué a un pun­to don­de me enamo­ré y no lo vol­ví a sol­tar.

¿Có­mo co­mien­za en­ton­ces, la ca­rre­ra mu­si­cal?

Al prin­ci­pio fue di­fí­cil por­que yo creía que te­nía que tener un ma­na­ger, que yo de­bía tener un equi­po de tra­ba­jo enor­me, tú sa­bes, pen­san­do co­mo Tay­lor Swift, yo cre­yén­do­me una gran es­tre­lla, pe­ro no, las ca­sas se em­pie­za por aba­jo, no por el te­cho. Un ami­go me di­jo: “Co­vi no hay na­die que va­ya a creer más en tu pro­yec­to que tú mis­ma. Pre­pa­ra una pre­sen­ta­ción y ve don­de los pa­tro­ci­na­do­res” y eso fue lo que hi­ce, pa­ra mi lan­za­mien­to en el 2012. Yo me arries­gué mu­chí­si­mo por­que todavía yo no te­nía las pla­ta­for­mas di­gi­ta­les, el Spo­tify no exis­tía, so­lo exis­tía itu­nes y, pa­ra que al­guien te com­pra­ra una can­ción era di­fí­cil, por­que no se te­nía la cul­tu­ra de com­prar di­gi­tal. Aún se ha­cía por CD. En­ton­ces na­da, fui a Bru­gal, fui a mi gen­te de Oran­ge (aho­ra Al­ti­ce) a pe­dir­le 15 mil o 20 mil pe­sos pa­ra una lu­ces, pa­ra que me apo­ya­ran, no sa­bían quién yo era. Lle­gué con un po­wer point re­cuer­do yo, don­de les di­je: "Yo soy Co­vi, es­ta es mi mú­si­ca, apues­ten a mí". A par­tir de ahí hi­ce una re­la­ción con las mar­cas, se me fue­ron abrien­do puer­tas, el bo­ca a bo­ca. Pa­tri­cia Lu­ciano en X FM, em­pe­zó a pre­gun­tar, cuan­do yo lan­cé “Soy”, ¿Quién es esa ni­ña? yo quie­ro esa can­ción aquí en la ra­dio. Me lla­mó, fue mi pri­me­ra en­tre­vis­ta y fue un gran detalle. A par­tir de ahí, en­gan­ché con esa gen­te a quien lla­mo mi fa­mi­lia.

¿Dón­de en­cuen­tras tus mu­sas?

En el bal­con­ci­to, el bal­con­ci­to de mi ha­bi­ta­ción es un lugar muy es­pe­cial, es pe­que­ñi­to, pe­ro me trae mu­cha paz, me trae mu­chos re­cuer­dos de cuan­do co­men­cé. Com­pon­go con la mis­ma gui­ta­rra con la que ini­cié, y es al­go muy bo­ni­to, voy co­gien­do la gui­ta­rra, voy ar­man­do rit­mos y por ahí me voy ins­pi­ran­do a ver de qué can­to, de qué me cuen­tan, de lo que es­toy vi­vien­do en el mo­men­to, con qué me pue­do yo o mi pú­bli­co iden­ti­fi­car. Yo di­go que mis can­cio­nes son mi vi­da, mis hi­jas, sin ellas yo no pu­die­ra ha­cer na­da.

¿Hay al­gu­na can­ción que te ha­ya mar­ca­do más que otras?

Hay mu­chas que me han mar­ca­do, pe­ro creo que la que mar­có un ini­cio y todavía si­gue el ca­mino, se lla­ma “An­tes”. Fue una can­ción con la cual sa­lí de mi zo­na de con­fort, sa­lien­do de la gui­ta­rra y gra­ban­do con un piano so­la. Me en­can­ta­ron las me­lo­días que pu­de sa­car. Fue una can­ción que es­cri­bí muy rá­pi­do y es­ta­ba pa­san­do por un mo­men­to don­de en una re­la­ción de mu­cha­chi­to, que no sa­be­mos dón­de es­ta­mos, no sa­be­mos lo que que­re­mos, no sa­be­mos lo que va a pa­sar en un fu­tu­ro. Ar­ma­mos pla­nes sin sa­ber lo que la vi­da nos va a traer y, por eso, yo es­cri­bí "An­tes".

Pa­ra ti, ¿Qué es es­tar enamo­ra­do?

Es­tar enamo­ra­do pa­ra mí es sen­tir esa chis­pi­ta, es co­mo sen­tir que los pies no es­tán en la tie­rra, co­mo que es­tás to­do el tiem­po vo­lan­do, sen­tir ner­vios por no sa­ber qué de­cir cuan­do tie­nes en fren­te a al­guien que te gus­ta, pa­ra mí eso es el amor. El amor en­glo­ba mu­chí­si­mas co­sas co­mo la mú­si­ca. El amor es vi­da, la mú­si­ca es vi­da, el amor es ar­te, al igual que la mú­si­ca. To­do se en­glo­ba.

¿Qué es lo más gran­de que has he­cho por amor?

Creo que lo más gran­de que he­cho por amor, ya que soy can­tau­to­ra, es es­cri­bir una can­ción ha­cia el amor, ha­cia al­guien.

Cuén­ta­nos so­bre el mo­men­to que es­tás vi­vien­do en tu ca­rre­ra y so­bre Pe­ga­di­to

Ya hay una Co­vi muy cre­ci­da, una Co­vi más ver­sá­til, una Co­vi más pí­ca­ra, más mo­der­na, un po­qui­to sen­sual, sexy, pe­ro sin lle­gar a lo vul­gar. Cuan­do me pre­gun­tan eso yo les res­pon­do, que no hay una nue­va Co­vi, sim­ple­men­te hay un cre­ci­mien­to. Ya no soy la ni­ña de la lu­na y las estrellas, si­go ad­mi­rán­do­las, pe­ro, ya ten­go los pies so­bre la tie­rra, sé ha­cia don­de voy, y sé lo que quie­ro y es­toy lu­chan­do por ello.

En el vi­deo de Pe­ga­di­to es uno don­de me sen­tí muy có­mo­da. Yo soy de las per­so­nas que cree en su gen­te, que cree en quién apos­tó a mí des­de el día uno y esas fue­ron las per­so­nas que es­tu­vie­ron en el vi­deo. Ba­be­to, fue di­ri­gi­do por él, es­tu­vo Car­la en la pro­duc­ción, es­tu­vo en la fo­to­gra­fía Ri­car­do Mue­ses, en el es­ti­lis­mo es­tu­vo Fran­ches­ca Izquierdo. Fue un día com­ple­to de gra­ba­ción, don­de dis­fru­ta­mos, com­par­tía­mos unas cer­ve­zas, co­mía­mos y eso hi­zo que me sin­tie­ra có­mo­da.

A ve­ces nos sa­li­mos de nues­tra zo­na de con­fort, gra­ban­do con un pro­duc­tor. El vi­deo que hi­ci­mos pu­do ha­ber que­da­do mu­chí­si­mo me­jor, pe­ro yo no que­ría eso, yo que­ría un vi­deo sen­ci­llo, que se vie­ra que lo es­ta­ba dis­fru­tan­do, que le de­ja­ra es­pa­cio a la can­ción y ese fue el resultado de Pe­ga­di­to.

¿Qué más en­con­tra­re­mos en es­te nue­vo dis­co?

Pue­den en­con­trar un cre­ci­mien­to in­men­so, una fu­sión de so­ni­dos. Pro­du­je el dis­co con dos ami­gos que quie­ro mu­cho, son dos per­so­nas de dos mun­dos, uno de mú­si­ca elec­tró­ni­ca, otro un po­qui­to más rock, más in­dies y yo en lo pop. Tres ca­be­zas di­fe­ren­tes ha­cien­do un dis­co, fue lo me­jor que me pa­só. Tie­ne fu­sio­nes la­ti­nas, in­dies, un po­qui­to afri­ca­nas, fu­sio­nes un po­qui­to an­ti­lla­nas, ti­ran­do un po­co al Ca­ri­be.

¿Qué sen­tis­te al ver Pe­ga­di­to co­mo nú­me­ro uno en itu­nes?

No me lo creía. Todavía es­toy que no me creo la pe­lí­cu­la, el que me pa­ren en la ca­lle y me pi­dan fotos, ha si­do pa­ra mí, in­creí­ble. Con Pe­ga­di­to, sien­do nú­me­ro uno, lo subí de una vez, en­tra­mos en­tre los vi­ra­les de Pe­rú, y yo: “Co­mo dian­tres, lle­gué yo a Pe­rú”. Eso me mo­ti­vó a que­rer ir a Pe­rú y por to­dos la­dos.

¿Qué es lo úl­ti­mo que pien­sa Co­vi an­tes de dor­mir?

En lo úl­ti­mo que pien­so an­tes de dor­mir es en po­der tener otro día más pa­ra po­der se­guir ha­cien­do mú­si­ca.

¿Con qué sue­ñas?

Yo sue­ño con ser fe­liz. Hay que ser fe­liz, ser fe­liz con uno mis­mo, hay que ser au­tén­ti­co.

¿Dón­de te ves en diez años?

Me ima­gino en un tea­tro gi­gan­te, con 10 mil per­so­nas can­tan­do mis can­cio­nes. No sé qué va a pa­sar la pri­me­ra vez que yo can­te an­te una mul­ti­tud. No sé si me pon­ga a cantar, o si me pon­ga a llo­rar, no sé que va a pa­sar, pe­ro sé que se­rá uno de los mo­men­tos más bo­ni­tos de mi vi­da.

"YO DI­GO QUE MIS CAN­CIO­NES SON MI VI­DA"

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