Cuan­do na­die te ve

Zona N - - Desdelazona - les­lie.po­lan­co@lis­tin­dia­rio.com @les­lie­po­lan­co

Me sien­to a es­cri­bir­les es­tas lí­neas jus­to al re­gre­sar de un even­to deportivo al que acom­pa­ñé a mi es­po­so, y en el que pu­de dis­fru­tar de in­tere­san­tes y apa­sio­nan­tes es­pec­tácu­los con de­mos­tra­cio­nes de ha­bi­li­da­des y téc­ni­cas de quie­nes os­ten­tan los tí­tu­los de me­jo­res del mun­do en com­pe­ten­cias de en­du­ro.

Des­de jo­ven­ci­tos en sus 20 años has­ta otros que con 40 es­ta­ban a la par fí­si­ca­men­te, y en cuan­to a re­sis­ten­cia con los de­más, me de­ja­ron sen­ci­lla­men­te bo­quia­bier­ta. Pe­ro co­mo en to­do, no me que­do so­lo con el show, me gus­ta ver de­trás y co­no­cer los có­mo y por­qué. En es­te ca­so no me re­fie­ro a la par­te téc­ni­ca. Más bien, em­pe­cé a re­fle­xio­nar so­bre qué ha­ce que una per­so­na co­mún y co­rrien­te, se con­vier­ta en un "su­per­hu­mano" (apar­te de cier­tas con­di­cio­nes fí­si­cas que han de ser gra­cias a la ge­né­ti­ca). Fue en­ton­ces cuan­do pres­té más aten­ción a las con­ver­sa­cio­nes de los que sí sa­ben del te­ma. Lue­go de es­cu­char de die­tas sa­lu­da­bles, lar­gas ho­ras de prác­ti­ca, en­fo­que, con­cen­tra­ción, etc., lle­gué a una con­clu­sión que me atre­vo a de­cir que lo ex­pli­ca to­do. Es lo que ha­ces cuan­do na­die te ve, lo que te ha­rá dar el me­jor es­pec­tácu­lo cuan­do to­dos los ojos es­tén so­bre ti.

La glo­ria tie­ne un sa­bor dul­ce, eso no es se­cre­to pa­ra na­die.

Que a es­tos chi­cos sus fans les acla­ma­ran y gri­ta­ran, ha de ser un buen sen­ti­mien­to. Y sí, de al­gu­na ma­ne­ra u otra y tal vez en me­di­das dis­tin­tas, a to­dos nos gus­ta­ría sa­ber qué se sien­te. Lo que no to­dos es­tán dis­pues­tos a re­co­rrer, es ese ca­mino cuan­do na­die los ve. Es el es­fuer­zo que mu­chos ca­ta­lo­ga­rían de so­bre­hu­mano, pe­ro que es sim­ple­men­te la mi­lla ex­tra, muy co­no­ci­da, pe­ro po­co tran­si­ta­da.

Li­diar con prue­bas fuer­tes, su­pe­rar­nos a no­so­tros mis­mos, manejar de­cep­cio­nes, ha­cer lo que de­be­mos aún cuan­do "no ten­ga­mos de­seos" so­bre­pa­sar obs­tácu­los son so­lo al­gu­nas de las ta­reas dia­rias de las per­so­nas que se en­fo­can en sus me­tas. Y to­do eso, se ha­ce cuan­do na­die te es­tá mi­ran­do. Cuan­do tie­nes la op­ción de de­jar­lo pa­ra des­pués o de ti­rar la toa­lla.

Que­ri­dos lec­to­res, yo fui a un even­to de en­du­ro y ver esos atle­tas, me de­jó una lec­ción de vi­da. Me fui de allí res­pe­tan­do mu­cho más el de­por­te y con al­go bien cla­ro. La glo­ria es dul­ce, pe­ro no es gra­tis. Es­pe­ro to­dos pon­ga­mos más aten­ción en lo que ha­ce­mos cuan­do no nos es­tán mi­ran­do. De­seo que to­dos lle­guen a sus me­tas par­ti­cu­la­res con la son­ri­sa del triun­fo en sus ca­ras. ¡Has­ta la pró­xi­ma!

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