Otro­ra co­lo­so, ago­ni­za

Diario Expreso - - Opinión - GUILLERMO AROSEMENA AROSEMENA co­la­bo­ra­do­res@gra­na­sa.com.ec

Sears Roe­buck & Co., em­pre­sa cen­te­na­ria es­ta­dou­ni­den­se, por dé­ca­das fue de las más gran­des de EE. UU., hoy pa­re­ce te­ner los me­ses con­ta­dos. A 1945 sus ven­tas su­pe­raron los mil mi­llo­nes de dó­la­res, fa­bu­lo­sa can­ti­dad pa­ra la épo­ca, cuan­do el PIB de Ecua­dor, se­gún di­fe­ren­tes fuentes, era en­tre 280 y 1.000 mi­llo­nes de dó­la­res (las ci­fras eran tan dis­tin­tas por­que a esa fe­cha no se cal­cu­la­ba el PIB ofi­cial­men­te). El fa­mo­so ca­tá­lo­go de 500 pá­gi­nas con to­dos los pro­duc­tos que ven­día la em­pre­sa lle­ga­ba a ca­da ho­gar, in­clu­yen­do al de fa­mi­lias gua­ya­qui­le­ñas que lo so­li­ci­ta­ban. En 1955, la re­vis­ta For­tu­ne pu­bli­có por pri­me­ra vez la lis­ta de las 500 cor­po­ra­cio­nes más im­por­tan­tes de ese país, Sears se en­con­tra­ba en no­veno pues­to. En 1973 se cons­tru­yó su se­de en Chica­go, el edi­fi­cio To­rre Sears, el más al­to del mun­do por mu­chos años. En el 2005 ha­bía co­men­za­do a des­cen­der en ven­tas, ca­yen­do al pues­to 45, y el año pa­sa­do, al 172. Hoy da tra­ba­jo a 10 % de los tra­ba­ja­do­res que tu­vo en sus años do­ra­dos. ¿Qué su­ce­dió?

Co­me­tió los erro­res de las em­pre­sas que des­apa­re­cen: dor­mir­se en sus lau­re­les, no in­no­var, mi­ni­mi­zar com­pe­ti­do­res, en­deu­dar­se en ex­ce­so, etc. Ha­bien­do si­do los reyes de las ven­tas al de­tal, ha­ce mu­chos años per­dió la brú­ju­la. Han in­gre­sa­do nu­me­ro­sos pre­si­den­tes eje­cu­ti­vos pe­ro nin­guno ha lo­gra­do cam­biar el rum­bo sui­ci­da.

Po­si­ble­men­te el error más gran­de de Sears fue ha­ber ig­no­ra­do a Wal­mart, cor­po­ra­ción

Ha­bien­do si­do los reyes de las ven­tas al de­tal, ha­ce mu­chos años per­dió la brú­ju­la’.

que co­men­zó con una tien­da en Ar­kan­sas, uno de los es­ta­dos me­nos prós­pe­ros de EE. UU. Su fun­da­dor, Sam Wal­ton, se dio cuen­ta de que Sears no se in­tere­sa­ba en las pe­que­ñas ciu­da­des y po­co a po­co fue abrien­do su­cur­sa­les, ofre­cien­do in­no­va­cio­nes en ser­vi­cios. Él per­so­nal­men­te vi­si­ta­ba to­das sus tien­das y con­ver­sa­ba con los clien­tes pa­ra to­mar el pul­so de la em­pre­sa. Cuan­do Sears no­tó el pro­ble­ma era muy tar­de, el mer­ca­do de las pe­que­ñas ciu­da­des es­ta­ba per­di­do. Aho­ra Wal­mart ven­de anual­men­te 500 mi­llar­dos de dó­la­res, igual a 5 años del PIB ecua­to­riano. Al­go si­mi­lar es­tá su­ce­dien­do en Ecua­dor. Tía es­tá en­tran­do en las pe­que­ñas ciu­da­des, ig­no­ra­das por com­pe­ti­do­res más im­por­tan­tes.

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